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Latente Montjuïc

Tiempo de lectura 4 min.

02 de febrero de 2017. 01:11h

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Luis Alejandre 2/2/2017

Entrañable mañana, como siempre, la departida en Montjuïc con Fuerzas Armadas, Reservistas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Mossos , Protección Civil, Cruz Roja, Guardia Urbana, dedicada a un sector de población más desprotegido: niños enfermos de hospitales, alumnos de colegios públicos de barriadas populares.

El impulso, el irreductible esfuerzo , viene año a año de la mano de una «Associación d´Amics del Castell de Montjuïc» incansables, leales a una idea. No utilizarán ni el insulto ni la descalificación: seguirán convocando conciertos de plenilunio, seguirán realzando el papel de los Ingenieros Militares formados en el Colegio de Matemáticas de Barcelona y su grandiosa obra en Cataluña, en el resto de España y en América, seguirán acordándose de los menos privilegiados, especialmente los niños. Seguirán reivindicando que Montjuïc vuelva a ser lo que fue.

Siguen fieles a una sencilla idea fuerza : «Barcelona dispone de una de las mejores redes de museos del mundo; Barcelona por historia merece un museo militar». Como París, como Hamburgo, como Estocolmo.

Ya se. Hay que seguir culpando a las piedras de los pecados del ser humano. Montjüic no es solamente el «monte de los judíos». Es fortaleza creada para defender Barcelona del mar, utilizada en ciertos momentos contra propias barriadas de la ciudad. Como toda fortaleza ha sido prisión, penitenciaria, foso, muerte. Pero Montjüic también fue disuasión, defensa, faro, luz, aviso, guía de navegantes. Su zona de seguridad evitó que en 300 metros a la redonda no se construyesen «torres con bellas vistas al mar». De no ser por esta ley hoy sería un enjambre de rascacielos. Su nombre también nos lleva a Estadio Olímpico, a Feria Universal , a los Rubió, a fuentes luminosas. Y en último lugar Montjuic es reposo eterno «mirando al Mediterráneo» como nos canta Serrat, para tantos y tantos barceloneses fallecidos a lo largo de los siglos.

He intentado recorrer pensando en esta tribuna los años en que se materializó la desaparición del Museo Militar ubicado en la fortaleza. ¡Tantas promesas incumplidas! El Patronato, los Convenios... Se borra por decreto a D. Juan de Austria, a los Roger de Flor y de Lauria, a Urrutia, a los Zermeño, al tambor del Bruch, a Prim el catalán Presidente del Gobierno, a las guerras de Marruecos y de Cuba tan ligadas a Cataluña, a las asociaciones de veteranos de Ifni y Sahara, a lo que han hecho o hacen nuestros soldados en Bosnia en Líbano o en Mali.

Boletines Oficiales de Defensa que arrancan en enero y terminan en octubre de 2010 refieren en densas páginas, a doble columna, los miles de bienes que se desperdigaron al Castillo de Figueras, al parador Nacional de Cardona, al Instituto Municipal de Historia o al Museo de Arte de Barcelona... Leer hoy la fría descripción de bienes irrepetibles ligados al sacrificio y esfuerzo de tantas personas, causa desasosiego. ¡Montjuïc albergaba la mejor colección de armas blancas de Europa! Es muy curioso que ninguna de estas órdenes ministeriales venga firmada por la Ministra de turno sino por su Director General de Relaciones Institucionales uno de los «comisarios políticos» que han nutrido frecuentemente el Ministerio de Defensa. No cita el Boletín lo perdido, lo reclamado, lo desviado. Se borraba de un plumazo lo aportado por los Aviadores de la República que nos depositaron todo lo que les quedaba de recuerdo y honor; se perdieron los archivos de los Regimientos pirenáicos que tantos servicios prestaron al orden público en Cataluña. ¿Qué les podemos decir hoy a estas gentes que confiados dejaron parte de su alma entre aquellos muros? Llegó a tanto el fanatismo del borrar huellas que incluso una placa de agradecimiento a Fecsa/Endesa que en el año 2000 iluminó de forma altruista la montaña, fue retirada.

Bien sé que el momento no es el más oportuno para reivindicar el Museo . Pero también sé quien intenta tender puentes, como sé quien fue cobarde, quien mintió, quien no se ha atrevido siquiera a contestar cartas. Lo políticamente correcto no deja de ser muchas veces falta de coraje.

Conozco la casta de quienes están dispuestos a resistir, porque la razón que les empuja es noble, sin el menor ánimo de lucro, sin mas interés que el de servir. Y se que la sociedad barcelonesa, un día reaccionará.

Lo percibía el pasado domingo 22 de Enero en el propio Montjuïc en una mañana fría de invierno. La chiquillería hacía funcionar las hirientes sirenas de ambulancias y coches policiales. Una espectacular catalana, Miss Mundo 2015, entregaba premios y juguetes a unos niños, –enormes ojos– admirados ante su presencia. Pensaba en todo lo que se pierde. En como unos políticos puedan pensar que borrando huellas, suprimiendo la palabra guerra como pretendió un ministro, no habrá más conflictos. Ya lo intentó alguien con la palabra cáncer.

¡Gracias Amics del Castell! No seré yo quien os deje en la estacada. Y ya lo conocéis: quien resiste vence.

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