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Populismos e idea de Nación

Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2016. 22:15h

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P ese a ciertas cosas positivas de Podemos a las que después aludiré, querría hacer ver dos problemas del voto a este partido y una reflexión final. El principal problema es que no deja clara la unidad de España. Creo que esta formación política surgió y se desarrolló debido a una sensación (que muchos tuvieron) de cambio o de regeneración arrastrando a un colectivo considerable que sigue hoy por inercia ese partido. Ahora bien, se han visto después otros mensajes, prioritarios, de tal partido que dificultan seriamente votarlo. Dicho claramente: surgen dudas de que un ciudadano de Oviedo o de Toledo, por mucha «regeneración» o similar que quiera, esté apoyando con su voto a una formación política que no descarta la independencia de Cataluña y de otros territorios. Si no fuera por esto último, uno podría entender el voto a este partido, pero, en estas condiciones, cuesta creer, y mucho, que dichos ciudadanos estén votando a favor de un referéndum en Cataluña. A tal nivel de indiferencia con la nación creo que aún no hemos llegado.

El segundo problema de Podemos es parecido: su alianza con Izquierda Unida deja ver ahora que, para bien o para mal, estamos ante un partido situado cuando menos en el mismo lado extremo que Izquierda Unida. Y, nuevamente, surgen dudas de que el ciudadano que simpatizó con Podemos por eso de la regeneración... sea necesariamente un votante en el extremo de la izquierda. Es curioso que las mismas ideas que hace tan sólo unos pocos años muy pocos las votaban (IU) ahora resulta que esas mismas ideas se voten por llevar otra etiqueta. Algo suena raro en todo esto. ¿Gato por liebre? Es decir, pienso que Podemos se está beneficiando por inercia de un tirón inicial propiciado por otros factores, y que hoy sus votantes deben reflexionar si comparten o no esos dos mensajes (referéndum en Cataluña y vocación de extrema izquierda). Sólo si es así, que se vote a Podemos, pero no es así.

¿Qué está ocurriendo? A mi juicio es claro: a mucha gente le va el populismo pero no están a favor del referéndum ni tampoco son necesariamente de ultraizquierda, es claro que entonces Podemos está usurpando en realidad un espacio de lo que debería ser un Podemos distinto, «de derechas» pues a donde en verdad deberían ir a parar aproximadamente la mitad o más de los votos del actual Podemos. Un «Podemos de derechas» como en el resto del mundo, por cierto. No tengo tan claro que el populismo sea necesariamente negativo. A mí siempre me ha interesado ver la política de Estados próximos al nuestro y, aunque en España demos clases de democracia a todos, deberíamos preguntarnos por qué en otros Estados de nuestro entorno surgen partidos populistas (de derechas) que precisamente no perjudican la idea de Nación. En definitiva, creo que más o menos la mitad del electorado de Podemos no comparte las dos claves esenciales de esta formación política y que encajaría en un Podemos de derechas. Los populismos son algo viejo porque la política convencional tiene sus limitaciones; aquellos aportan esa sensación de integración que algunos individuos precisan, o un mensaje más emocional. En todo caso se impone distinguir lo esencial de lo inesencial: por mucho que se compartan ciertos mensajes no se puede votar una formación con ese serio problema del referéndum que he comentado. Creo que España empieza a merecerse algo más, el cariño y afecto de todos (el interesado en ver completas las ideas de este artículo puede ver mi libro «Discurso a Hispanoamérica y España. Anglosajones y latinos», editorial Sial Pigmalión, junio 2016).

Finalmente, la confusión que vivimos es tal que causa hasta estupor oír citar, a tales políticos españoles tan de izquierdas, a políticos (conservadores obviamente) de EEUU, justo allí donde coexiste un partido de derechas con otro que lo es más aún. No sé qué ven nuestros progresistas cuando van a la cuna del capitalismo ¿política de izquierdas, referéndums antinacionales? Te podrá gustar o no EE UU, pero ser citado por «los nuestros» me produce absoluta perplejidad. ¿Qué ven sus ojos?

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