Elecciones EE UU: Un debate menos agrio a dos semanas de la meta

El presidente promete una vacuna “en semanas” y Biden pronostica “un invierno oscuro”

Trump y Biden en un momento del debate
Trump y Biden en un momento del debatePOOLREUTERS

El último debate presidencial antes de las elecciones era una invitación a la masacre. Donald Trump llegaba sin resuello en las encuestas y hay ocasiones en las que Joe Biden parece a punto de trabarse en mitad de una frase. La comisión al mando de los debates había prometido que el micrófono de los candidatos sería silenciado mientras su rival hablaba durante los dos minutos con los que arrancaba cada uno de los bloques. No fue necesario. El show del primer debate no volvió a repetirse.

Elecciones EEUU 2020: El mapa de color electoral
Elecciones EEUU 2020: El mapa de color electoralTeresa Gallardo

Aunque no faltaron los golpes bajos tanto Trump como Biden estuvieron comedidos en el tono. El actual presidente de los EE.UU. apenas necesitó minuto y medio para presumir de la respuesta de su gobierno al coronavirus, culpar a China, afirmar que la mortalidad está descendiendo y afirmar que una vacuna estará disponible en las próximas semanas y será distribuida por el ejército. En cuanto a su propia experiencia con la enfermedad habló de una cura. En cuanto a la afirmación de que el virus está en retirada lo cierto es que EE.UU. vive inmerso en la tercera ola, con 60.000 nuevos casos al día durante los últimos 7 días y más de 1.000 muertes diarias.

Biden, por su parte, no concretó cómo piensa reformar la política migratoria, trastabilló en varias respuestas y decidió no emplearse a fondo para desmentir las acusaciones de Trump a cuenta de su hijo, Hunter Biden. El odio que se tienen fue evidente por momentos, pero la sangre no salpicó al televidente y es muy dudoso que ninguno de los dos lograse cambiar el sentido de un solo voto. Trump estuvo ágil y convincente cuando acusó a Biden de haber contribuido en el pasado a levantar un entramado de leyes draconianas contra los narcóticos que han castigado desproporcionadamente a los afroamericanos. Pero enturbió su alegato cuando afirmó que ningún otro presidente desde Lincoln ha hecho más por los negros: entre otros olvidó a Lyndon Johnson, que en 1964 sacó adelante la Ley de Derechos Civiles, que acabó con la discriminación y tumbó las leyes Jim Crow.

Biden negó que piense liquidar el fracking, hizo mofa de las supuestas ventajas obtenidas contra China y comentó que la subida de aranceles ha recaído en el consumidor estadounidense, pidió perdón por las ineficiencias durante su mandato como vicepresidente y apretó a Trump por el Obamacare y la posibilidad de que sea derribado sin un plan coherente y viable para sustituirlo.

En hora y media de intercambio el presidente demostró que sabe y puede sujetarse a un guión si las circunstancias lo exigen y Biden salió más o menos indemne de las menciones personales a las actividades de su hijo. Ninguno de los dos salió del escenario como la encarnación de Pericles. Pero al menos respetaron los tiempos y fue posible escucharlos sin resbalar por la cacofonía de insultos. Asunto distinto es que semejante debate haya servido para mover el voto de nadie, especialmente cuando decenas de millones ya han ejercido su voto por correo.