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España en verano: La electrónica los vuelve locos

Este verano invade España con citas multitudinarias el género musical de moda, «Edm», cuyos máximos exponentes son David Gueta, Steve Aoki o Calvin Harris, que ya han conquistado las listas de éxitos y parecen las antiguas estrellas del rock

«Para ser ''underground'' hay muchos más prejuicios. En cambio, para ser un músico comercial o de de masas basta con ser sencillo y agradecido». Así es como resume el viraje que la música electrónica ha hecho en los últimos años un promotor español, Álex Montoya (co-director de MG Group). El mundo de los platos ha pasado de ser una caverna de grises y misteriosos «retuerceperillas» (perillas se llaman mandos de una mesa de mezclas) a afables ídolos de multitudes que cuelan sus temas en las listas de éxitos pop. El verano es el momento propicio para ver a las nuevas estrellas en alguno de los multitudinarios festivales que se celebran en España en las próximas semanas. Festivales para todos los públicos y dj de radiofórmula convivirán en algunos casos con los músicos «vieja escuela», pero el motor indiscutible son figuras comerciales como las que visitan nuestro país: Avicci, Steve Aoki, Calvin Harris, Skrillex, Deadmau5 y David Guetta. Varios de ellos estaba previsto que asistieran al festival Motorsound, que se celebraría en Madrid, pero que ha sido trasladado a Azuqueca de Henares (Guadalajara) ante la masiva afluencia de público.

Estribillos vocales y famosos

«La música electrónica está viviendo un gran momento desde todos los puntos de vista. En EEUU, la asistencia conciertos de rock y de pop ha crecido un uno por ciento, y a los de electrónica un 50. En España también», comenta Montoya, organizador también de las jornadas Madrid Music Days. El causante de esta fiebre tiene unas siglas. Se llama Electronic Dance Music («EDM»), que es una denominación que no gusta a casi nadie y bajo la que cabría todo tipo de música (incluida Rihanna o Lady Gaga), pero que, para entendernos, se refiere a un estilo de producción musical que parte de la electrónica tradicional pero deriva hacia derroteros «rockistas» o comerciales. Los aficionados «vieja escuela» (a quienes les interesa la cultura de club desde hace más tiempo) acusan a los precursores de este género de varias traiciones: una es la de buscar el éxito fácil y azucarado en lugar de las verdaderas cotas artísticas, es decir, que los castillos de beats a base de graves son menos importantes que un buen estribillo vocal. Se les reprocha también a muchos de ellos tener una peor técnica tras los platos, o, a veces, directamente ser un fraude: varios de estos grandes nombres han sido «pillados» con sesiones pregrabadas (esto es, actuar en «playback») y, en tercer lugar, les culpan de ser la quinta columna de intrusos y famosillos en una disciplina musical seria. Los máximos exponentes a los que se dirigen las tres acusaciones anteriores, por orden, se citan en la Playa del Fórum de Barcelona el 26 de julio en un macroevento: Avicci, David Guetta y Fonsi Nieto. Pero la plaga ha indo más allá: la meca de la electrónica «clásica» en España, Monegros Festival, programa para esta edición, su XX Aniversario, a Skrillex y al omnipresente Steve Aoki.

Sin embargo, Alejandro Montoya no carga las tintas: «No es un estilo que me guste, por mi edad. Pero respeto su trabajo porque lo que hacen en el estudio es impresionante. Avicci no me interesaba, pero está produciendo a Madonna y trabaja con categoría. Ha entrado en Forbes con 24 años.Calvin Harris es un chico que hace tres años era un desconocido y ahora ha llevado diez temas suyos al número uno de la lista americana de música, y yo no he visto eso jamás viniendo de la electrónica. En su buena época, Jeff Mills –un pionero del techno clásico– ganaba 20 o 25.000 euros por noche y Harris consigue 150 o 200.000, pero es que, en una noche, hace tres «bolos». Empieza en Las Vegas, coge el jet privado y va a otro lado. Son chicos que no te ponen problemas ni protestan por cualquier cosa aunque ganan más. Steve Aoki se prestó para hacer una «pre-party» en un bar con 50 personas y estamos hablando de un señor que cobra 300.000 euros por noche. ¡Pídele eso a Jeff Mills!», comenta Montoya, que también se encarga de la representación de artistas. Son ricos, pero con otra actitud por su conexión con la audiencia: pueden llevar a sus actuaciones una botella de champán o una tarta y lanzársela al público; lanzan una barca hinchable sobre la que un espectador se sube y «navega» encima de los brazos de los asistentes. Son superestrellas pero se consideran iguales que sus fans, al contrario que los dj más ortodoxos, «que no admiten ni que les hagan fotos cuando pinchan», comenta Montoya, que vende al año 447.000 entradas al público electrónico sumando los eventos que gestiona.

«Yo creo que en algún punto se cruzó una línea que nunca debió permitirse. Concedo que sean mejores como espectáculo y que, cuando les contratas, sea un todo que incluye también un ''performer'' o un ''showman'' que hace un número. El problema es que la parte musical a veces es ofensiva para artistas o público. Se han llegado a dar situaciones que de famosos discjockeys que tenían la sesión grabada, como con Guetta y Aoki. Y a mi me parece una falta de respeto. Ahora cualquiera es disckjockey porque parece que es solo darle al ''play''. En cambio, hay artistas que se lo toman muy en serio y para ellos es ofensivo», comenta Vicente Salvador, que es organizador de ElectroSplash, un festival que apuesta por la calidad «gourmet» en su programación, las nuevas tendencias, la variedad y una novedad: la programación diurna. «Todo ha cambiado mucho. Tengo 41 años y llevo en esto bastantes. Cuando empecé éramos cuatro locos y ahora hay una verdadera masa de público que hace que un tema electrónico pueda ser número uno en 40 Principales. Eso ha pasado para bien y para mal. No es crítica gratuita, sino que creo que, como en cualquier otro estilo, hay ejemplos de más calidad y otras destinadas para satisfacer el apetito de masas y la moda efímera. Nuestra propuesta es el modo opuesto, el público ''gourmet'' que es más maduro, más cultureta, del que lleva escuchando esta música diez o quince años y que va a un festival a escuchar un setlist completo y coherente. En cambio, otros grandes festivales se han bajado los pantalones, si me permites la expresión», asegura Salvador. «Hace poco le preguntaban a Snoop Dog qué hacía un purista del hip hop como él producido por David Guetta –cuenta Montoya–. Muy sencillo, contestaba: en veinte años de carrera no ha tenido un número uno y ahora con Guetta lo ha conseguido. Así de simple», explica Álex Montoya. Y «voliá», Snoop Dogg será cabeza de cartel en unas semanas en el DreamBeach, una de las grandes citas del verano. Y si vale para una estrella del rap, es evidente que todas las aspirantes a estrella del pop millonaria recurren a los nuevos amos de la producción musical. La pregunta quizá, es cuánto durará. Lo que está claro es que, cuando las estrellas se vayan a otra parte, la electrónica seguirá por su camino.