La catalanidad de San Pablo

El «galicanismo» es el pensamiento o concepción autonomista de la «Iglesia francesa» respecto a la Santa Sede y el Papa. Llegó a su mayor desarrollo en el siglo XVII reinando Luis XIV. En 1692 el rey reunió al clero francés y promulgó las «leyes galicanas», en virtud de las cuales determinadas disposiciones del Papa, para alcanzar validez, debían ser refrendadas por el rey o el parlamento.

Un siglo después, en plena Revolución francesa, la Asamblea Constitucional aprobó la denominada «constitución civil del clero», formalizando esas posiciones galicanas. Hasta ese momento, con la triste experiencia del cisma anglicano provocado por Enrique VIII, y a fin de evitar otro, los papas habían intentado convivir con esas posiciones galicanas. Pero la Constitución Civil convirtió al clero en funcionarios eclesiásticos dependientes del poder político. Pío VI la condenó enérgicamente por herética, y no pocos juramentados se retractaron.

Este recuerdo histórico viene a colación por algunas posiciones que la actual situación política provoca en Cataluña. Aquí no se trata tanto de no depender del Papa, como de depender demasiado del poder político, a imagen y semejanza de los clérigos juramentados. Esta excesiva dependencia lleva a casos tan «curiosos» como el de un conocido clérigo «ultra-ultra-ultra separatista» –como dirían Lastra y Calvo–, que esta semana pronunciará una conferencia en una parroquia gironina para disertar sobre si san Pablo fue catalán o no. Saulo de Sant Hilari (ex de Tarso).