Los obispos de Barbastro y Lleida, en una guerra “insostenible” e interminable por los bienes de la Franja

El prelado catalán Salvador Giménez ha interpuesto un recurso contra la sentencia que obliga a devolver las piezas ante el Ángel Pérez Pueyo

Vista de las cajas sepulcrales y trono de Blanca de Aragón y Anjou hoy en el Museo Diocesano de Lleida.

Están enfrentados. Ellos. Sus diócesis. Y sus Gobiernos autonómicos. ¿El motivo? 111 obras de arte, los llamados bienes de la Franja. Tanto el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, como el obispo de Lleida, Salvador Giménez, son dos personas afables y cordiales, con una mirada eclesial muy cercana a Francisco, cercanos al pueblo, implicados en la causa de los pobres, ajenos a todo protagonismo y alejados de cualquier tópico episcopal.

Giménez ha presentado ante la Audiencia Provincial de Huesca el recurso contra la sentencia del pasado diciembre de 2019 del juzgado número 1 de Barbastro que ordenaba la devolución inmediata de estas piezas a sus parroquias aragonesas de origen y que todavía hoy continúan en territorio catalán. Junto a él, también han decidido apelar la Generalitat y el Museo de Lleida.

Esta guerra judicial abierta entre el Obispado aragonés y el catalán está llegando hasta unos límites que parece haber minado también su relación personal. Al menos eso se desprende del escrito que publicó ayer Pérez Pueyo, en el que asegura sentirse “desconcertado y dolido” y comparte cómo sus feligreses están “quemados”. “Es tan grande y creciente el ‘escándalo’, en palabras de muchos católicos, que la situación se torna insostenible”, aprecia, instando a su hermano en el Episcopado que “recapacite para no seguir ahondando en la humillación y ultraje de quienes solo están reclamando lo que es suyo”.

Un parecer que dista mucho de la versión de los hechos del obispado leridano que hoy respondía a través de un comunicado con contundencia: “Nadie es verdugo de nadie, menos en nuestro caso de diócesis vecinas que comparten personas y finalidades comunes”. Así, desde Lleida se defiende que “la justicia ha hablado en primera instancia, pero, como todo el mundo sabe, puede hablar de nuevo en otras instancias”. Y aunque reconoce que estos desencuentros están generando “sufrimiento” por ambas partes y que “no pretende causar más dolor a nadie”, sí insiste en su derecho a “presentar sus argumentos y defender, según su criterio, las propias razones”.

Lo cierto es que este litigio viene de lejos. Hay que remitirse a 1995 cuando el Vaticano determina que Diócesis de Barbastro comience a denominarse Barbastro-Monzón y amplía su territorio para anexionarse algunas parroquias de la autonomía aragonesa que, hasta ese momento, pertenecían a la Diócesis de Lleida. En esa transición de poderes y propiedades de la Franja, arranca el enfrentamiento por dilucidar a quien pertenecen las obras de arte. Una pelea que ha pasado por altibajos. Por ejemplo, en 2008 ambas diócesis llegaron a un acuerdo para el retorno de las piezas, que nunca llegó a realizarse por el freno de la Generalitat lo que llegó al Ejecutivo aragonés a interponer una querella criminal y todo comenzó a enredarse de nuevo en lo político y en lo eclesial. Y sobre todo en lo judicial. Así se llega a hasta hoy, con dos obispos herederos de esta contienda -ellos llevan entre cinco y seis años en el cargo- que parece no tener fin, al menos, en los tribunales.