La escapada de Francisco: oración de incógnito ante la Inmaculada en la Plaza de España

Tras suspender la ofrenda oficial por la pandemia, a las siete de la mañana el Papa llevó unas flores al monumento romano de la Virgen

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Escapada de Francisco fuera de los muros vaticanos. Para honrar a la Inmaculada Concepción en el día de su fiesta. Hoy, cuando apenas marcaban las siete de la mañana y en Roma ni tan siquiera había amanecido, el Papa se bajaba de un coche frente al monumento de la Virgen situado frente a la Embajada de España.

Sin apenas séquito y con un paraguas negro en la mano, se acerca a los pies de la imagen mariana y reza en silencio. A su alrededor, los bomberos, militares y policías que cada 8 de diciembre honran a la patrona de España. Juntos, se suman a la oración de un Papa que llevó hasta la columnata unas flores blancas que estaban acompañadas por una nota: “Reina del cielo, auxilio de los cristianos, ruega por los pastores de la Iglesia”.

Justo después, una sencilla plegaria da paso a que uno de los bomberos escale a través de una escalera y sitúe una corona de flores del brazo de la escultura de la Inmaculada. Fin del acto. Francisco abandona el lugar y se dirige a celebrar en soledad su misa diaria en la basílica de Santa María La Mayor. Y el Papa jesuita escoge el altar de san Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía.

Con este gesto, Jorge Mario Bergoglio mantiene viva la tradición de sus predecesores de desplazarse año tras año hasta la Piazza Mignanelli, adyacente a la Plaza de España, para rezarle a la Inmaculada. Y eso, a pesar de que hace unos días la Santa Sede anunciaba la decisión de suprimir el acto oficial que tiene lugar en la tarde del 8 de diciembre. ¿El motivo? Evitar cualquier aglomeración cuando las cifras de contagios y muertes de la segunda oleada de coronavirus en Italia siguen al alza. Ejercicio de prudencia vaticana ante uno de los actos más populosos de cuantos celebra el Papa en la ciudad de Roma a lo largo del año.

Sin embargo, el Papa argentino, una vez más, ha hecho gala de una de sus jugadas maestras que pasan por salirse con la suya dando esquinazo a lo oficial buscando una vía alternativa. Un proceder el de Francisco, que no solo es aplicable a escapadas como esta, sino también a la resolución de conflictos y otros tantos avatares a los que se enfrenta en su día a día.

En este caso, con nocturnidad, cuando la ciudad dormía, ha logrado cumplir su sano propósito sin generar apenas molestias ni a los cuerpos y fuerzas de seguridad, pero tampoco provocar un riesgo para la salud pública. Madrugón, eso sí, para los bomberos que le acompañaron, pero no para un Papa que se despierta habitualmente a las cuatro y media de la madrugada.