El Papa cierra el "casting"para elegir nuevo Nuncio

Francisco supervisa la elección del candidato para que no se demore dada la inestabilidad política de España. Quiere un perfil negociador y dialogante de cara a los desafíos que tiene la Iglesia en el país: exhumación de Franco, respuesta deficiente ante los abusos y revisión de los acuerdos con el Estado.

Francisco supervisa la elección del candidato para que no se demore dada la inestabilidad política de España. Quiere un perfil negociador y dialogante de cara a los desafíos que tiene la Iglesia en el país: exhumación de Franco, respuesta deficiente ante los abusos y revisión de los acuerdos con el Estado.

El Nuncio apostólico del Papa en España, Renzo Fratini, presentó el 25 de abril su renuncia por motivos de edad. Al cumplir los 75, ya tenía vía libre para dejar el cargo según lo estipulado en el artículo 401 del Código de Derecho Canónico, y lo ha hecho con la misma discreción que ha marcado sus diez años de legislatura. Fratini (Macerata, Italia, 1944) llegó a España como Nuncio en agosto de 2009. Lo nombró el entonces pontífice Benedicto XVI para sustituir a Manuel Monteiro de Castro, que no gozaba del beneplácito del entonces jefe de la Iglesia española, José María Rouco Varela, por su actitud dialogante con el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero cuando se estaban discutiendo cuestiones como la legalización del matrimonio homosexual, la venta de la píldora del día después sin receta, la legalización del aborto hasta la semana 14 o la inclusión en los colegios de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Monteiro fue enviado a Roma con un cargo menor y se eligió a Fratini –que venía de bregar en países hostiles al cristianismo como Nigeria, Pakistán o Indonesia– para convertirse en el nuevo embajador del Papa en España. «Mi primer sentimiento ha sido de sorpresa porque, sinceramente, no me lo esperaba. De todas formas, voy contento a esta nueva misión importante en un país importante, pero también con una cierta preocupación, en el sentido de que no creo que sean fáciles en este momento las relaciones con España y la situación general», dijo al enterarse de su nombramiento. Pero pronto se dio cuenta de que quien estaba al mando era Rouco, así que lo asumió y renunció a ejercer su poder. Cuando llegó Francisco al papado tampoco exigió más protagonismo.De hecho, poco o nada ha tenido que ver en el nombramiento de los 32 obispos durante el tiempo que duró su ministerio. Han sido los hombres fuertes de Bergoglio en España, el arzobispo de Barcelona; Juan José Omella; el de Madrid, Carlos Osoro, y el actual presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, quienes han mediado directamente con Roma. Pero todavía Rouco tiene mano en la Santa Sede y, como representante del ala conversadora dentro del episcopado español, también ha influido en el ascenso al poder de algunos obispos, como el de Guadix, el auxiliar de Cartagena o el de Albacete.

Retiro tranquilo

Fratini se va sin hacer ruido. Su nuevo destino será de vicario parroquial en la región de Macerata, de la que es oriundo. Según fuentes de la Santa Sede, no busca poder ni influencia en el Vaticano, «solo quiere un retiro tranquilo». Su despedida oficial y oficiosa será este sábado en la recepción por el día de San Pedro y San Pablo que tradicionalmente celebra en la Nunciatura por esta festividad. Igual que en la primera que organizó allá por 2011, con escasa presencia de obispos, se espera que en esta ocasión –y aunque sirva de despedida– tampoco haya un gran despliegue de personalidades del ámbito civil ni político.

Su sucesor todavía no tiene un nombre concreto, pero Francisco ya ha cerrado el «casting». Hasta la cumbre en la que reunió a los Representantes Pontificios en Roma el pasado 15 de junio, el Papa no tenía claro a quién enviar a España. Entre los 103 diplomáticos del Vaticano, se barajaban diversos nombres en las quinielas españolas, entre ellos, el del actual nuncio de Egipto, el italiano Bruno Musarò, y el de Rusia, Celestino Migliore. Y también se habló de posibilidades más aperturistas, como la de un laico o una mujer. Todas esas opciones han quedado descartadas según fuentes vaticanas, sobre todo la de crear un nuncio «outsider» dada la cantera de profesionales de prestigio con los que cuenta el cuerpo diplomático de la Santa Sede, pues éste precisamente no acusa falta de vocaciones. Bergoglio quería esperar a encontrarse con los nuncios en Roma para tantear personalmente a los candidatos cara a cara y, al parecer, ya ha estrechado el círculo.

El hombre clave en esta decisión es Paul Richard Gallagher, el secretario para las relaciones con los Estados, una especie de ministro del Exterior del Vaticano. Para nuestro país busca un representante profesional, independiente, conciliador y no beligerante, en la línea que ha marcado Ricardo Blázquez al frente de la Conferencia Episcopal. Ese perfil negociador es necesario para afrontar los retos que la Iglesia tiene por delante. Los más urgentes: resolver el contencioso que se plantea con la exhumación de Franco; implantar con más fuerza la política de tolerancia cero contra los abusos para responder así a las críticas de víctimas y Fiscalía; y defender los intereses eclesiales ante el Ejecutivo de Pedro Sánchez al plantear la revisión de los acuerdos Iglesia-Estado sin llegar a la confrontación. En definitiva, un diplomático que implante el sello de Bergoglio, que colabore y estreche puentes.

Gallaguer tiene en mente para la vacante a alguien que conozca la realidad y la idiosincrasia del país, que haya ocupado a lo largo de su carrera algún puesto menor en la Nunciatura española o que conozca el idioma al haber mantenido estrechas relaciones con América Latina. Su opinión será tenida muy en cuenta por Bergoglio y el secretario de Estado, Pietro Parolín, para la decisión final, que el Papa quiere apremiar. La elección del nuevo embajador no supone una especial preocupación para el Pontifice, pero lo cierto es que está siguiendo muy de cerca el proceso de elección. En julio, Fratini acaba su mandato oficialmente y la idea es que sea sustituido cuanto antes, sobre todo, por la inestabilidad política que se vive actualmente en España.