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El Papa feminista: lo que pide a las mujeres

Francisco muestra su preocupación actual por la «mentalidad machista» en un nuevo libro.

  • El papa saluda a estas mujeres a su llegada a la parroquia de Saint Mary en Seteville di Guidonia, cerca de Roma.
    El papa saluda a estas mujeres a su llegada a la parroquia de Saint Mary en Seteville di Guidonia, cerca de Roma.

Tiempo de lectura 8 min.

01 de marzo de 2018. 00:16h

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Álvaro de Juana / Elena Genillo .  1/3/2018

Cada vez que el Papa dice algo referido a la mujer, tiene un rápido eco internacional y las redes sociales entran en ebullición. Y a lo largo de sus cinco años de su pontificado, estas no han sido pocas. Pero ahora ha dado un paso más allá y en un nuevo libro muestra su preocupación por una «mentalidad machista» que persiste en la sociedad contemporánea.

Así de claro lo revela en «Diez cosas que el Papa Francisco propone a las mujeres», un libro publicado por Publicaciones Claretianas y que está llamado a convertirse en todo un éxito. Su autora, María Teresa Compte Grau, Doctora en Ciencias Políticas y Sociología y buena conocedora de los intríngulis del Pontificado de Francisco, analiza en sus páginas lo que considera un tema primordial también para la Iglesia.

Afirmaciones como que «las mujeres son más valientes que los hombres», que «un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril porque las mujeres no solo llevan la vida, sino que nos transmiten la capacidad de ver más allá» o que «la mujer es la que da armonía al mundo, no está para lavar platos», han convertido al Papa argentino en uno de los principales valedores del género femenino. Todo esto sin olvidar las veces en las que ha subrayado que «la Iglesia es mujer».

En el prólogo de «Diez cosas que el Papa Francisco propone a las mujeres», el Pontífice agradece a la autora la redacción del libro. «Me preocupa que siga persistiendo cierta mentalidad machista, incluso en las sociedades más avanzadas, en las que se consuman actos de violencia contra la mujer, convirtiéndola en objeto de maltrato, de trata y lucro, así como de explotación en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión», escribe Francisco.

Y es que, además, María Teresa Compte forma parte del llamado Grupo Santa Marta, una organización internacional creada por el mismo Francisco que engloba a expertos de todo el mundo, así como policía y otras fuerzas de seguridad, y que tiene como objetivo principal luchar contra la trata de personas y ayudar a sus víctimas.

El Obispo de Roma confiesa además otra de sus grandes preocupaciones: el rol que la propia Iglesia le confiere a la mujer. «Me preocupa igualmente que, en la propia Iglesia, el papel de servicio al que todo cristiano está llamado se deslice, en el caso de la mujer, algunas veces, hacia papeles más bien de servidumbre que de verdadero servicio».

Francisco es un hombre de acción y también de soluciones, algo que ha demostrado a lo largo de estos cinco años. Justo ayer se cumplían cinco años desde que se hiciera efectiva la renuncia de Benedicto XVI, dejando el Vaticano durante algunas semanas para trasladarse a la residencia de verano en Castelgandoldo, dando así inicio al periodo de sede vacante que concluiría con la elección de Francisco.

Él mismo también se muestra convencido en el libro de que, «siguiendo el pensamiento de mis antecesores», «es necesaria una renovada investigación antropológica que incorpore los nuevos progresos de la ciencia y de las actuales sensibilidades culturales para profundizar más y más no sólo en la identidad femenina, sino también en la masculina, para así mejor servir al ser humano en su conjunto». «Avanzar en esto –dice– es prepararnos para una humanidad nueva y siempre renovada».

La autora sostiene que abordar esta cuestión y analizar las declaraciones del Papa sobre la mujer a lo largo de estos años de Pontificado no ha sido fácil, sin embargo, «la firme convicción de que la cuestión de la mujer debe ser abordada dentro de la Iglesia se impuso a la tentación».

«Tengo la certeza –asegura en el libro– de que este tema no puede quedar reducido a aspectos ministeriales de ámbito intraeclesial, por importante que sea la reflexión sobre el diaconado, como tampoco limitarse a la mayor o menor presencia de destacadas mujeres en el quehacer teológico, ni medirse en función del número de mujeres que ocupan unos u otros cargos».

Hay serias pruebas de que el Papa tiene siempre presente esta cuestión de la mujer en la Iglesia. Hace tan sólo unos días colocó a una de ellas en un puesto de gran relevancia en la curia romana. La religiosa española Carmen Ros, de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, es ya la nueva Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Por su parte, el Pontificio Consejo para la Cultura creó en 2017 la llamada «Consulta Femenina», un órgano consultivo formado por 37 mujeres de ámbitos como el cine, la televisión, las ciencias o la teología que asesora a este dicasterio de la curia.

Otro ejemplo es el de Paloma García Ovejero, Vice Directora de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Un nombramiento que Francisco realizó en julio de 2016 y que ha sido aplaudido por todos, revelándose como otro gran acierto de su Pontificado.

Porque «la Iglesia no sólo tiene el derecho, sino también el deber, de decir una palabra y de ofrecer propuestas de acción sobre estas y otras cuestiones relacionadas con la mujer», subraya Compte.

¿Por qué ellas no pueden ejercer el sacerdocio?

Cuando se plantea el papel de la mujer dentro de la Iglesia, siempre surge la misma pregunta: ¿Por qué ellas no pueden acceder y, por lo tanto, ejercer el sacerdocio?

En el encuentro que mantuvo el Papa en 2016 con las Superioras Generales, las consagradas le plantearon la posibilidad de establecer un diaconado femenino permanente, y el Pontífice contestó con la creación de una Comisión para estudiar el asunto, partiendo del papel de las diaconisas de las que habla el Nuevo Testamento. Pero como dice Teresa Compte, no se trata sólo de la posibilidad o no de crear un sacerdocio femenino, sino de promover la inclusión de la mujer en todas las tareas del apostolado: en los consejos pastorales, a los procesos de discernimiento espiritual y vocacional en seminarios y noviciados, así como a los procesos de acompañamiento terapéutico a los seminaristas y novicios que lo precisen.

También a las tareas docentes y de gestión en los centros formativos a los que acuden seminaristas y novicios y en las Facultades de Teología. Por poner sólo algunos ejemplos.

El decreto conciliar de Francisco «Apostolicam actuositatem» reconoció que todos los espacios del apostolado se abrirían definitivamente a las mujeres. Pero la realidad es otra, queda un gran camino por recorrer.

El Papa lleva ya casi cinco años pidiendo colaboradores que se sumen a un proceso que él ha iniciado y que tiene como misión resolver la cuestión del lugar de la mujer en la Iglesia. Así, puede observarse en el «Evangelii gaudium»:«Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollar, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos histicos. Nada de ansiedad, pero s convicciones claras y tenacidad».

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