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La pena capital, inadmisible para la Iglesia

El cambio se debe a que, según el nuevo texto, «hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves»

  • El Papa Francisco, en una imagen de archivo
    El Papa Francisco, en una imagen de archivo

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03 de agosto de 2018. 01:42h

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Álvaro de Juana 2/8/2018

Francisco tomó ayer una decisión histórica que afecta de lleno a la doctrina de la Iglesia: añadir en el Catecismo que la pena de muerte es «inadmisible» en cualquier caso.

El anuncio del Vaticano causó una sorpresa generalizada, aunque ya en alguna ocasión el Papa había hecho pública su inquietud a este respecto. En octubre de 2017, en una reunión sobre el 25º aniversario de la firma de la Constitución Apostólica «Fidei Depositum» por San Juan Pablo II, afirmó que la pena de muerte se trata de una «problemática» que «no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórica sin hacer emerger no solo el progreso en la doctrina y obra de los últimos Pontífices, sino también en la cambiante consciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud concordante ante una pena que socava en gran medida la dignidad humana». Dijo entonces que se trata de «una medida deshumana que humilla» y que es «contraria al Evangelio».

Con su decisión, el Papa modifica el artículo 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica –la última versión es de 1992– en el que se decía que «la enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas». Un cambio muy evidente el que se produce ahora y con el que la Iglesia quiere dejar clara su postura al considerar además que la pena de muerte «atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona». No duda, por otro lado, en subrayar que se compromete «con determinación a su abolición en todo el mundo».

El nuevo artículo explica también que «durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común».

«Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves», continúa el artículo. Además, «se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente».

La Santa Sede ha enviado a su vez una carta explicativa a los obispos de todo el mundo en la que el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal español Luis Francisco Ladaria, destaca que el cambio es la conclusión de un proceso que comenzó por Juan Pablo II, continuó con Benedicto XVI y ha llegado a término en el pontificado de Francisco.

En concreto, explica que «la supresión de la vida de un criminal como castigo por un delito es inadmisible porque atenta contra la dignidad de la persona, dignidad que no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves». A esta conclusión «se llega también teniendo en cuenta la nueva comprensión de las sanciones penales aplicadas por el Estado moderno, que deben estar orientadas ante todo a la rehabilitación y la reinserción social del criminal».

Añade también que el cambio «quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor».

Francisco también tocó este tema en 2015 al recibir a una delegación de la Comisión Internacional contra la pena capital. Entonces llegó a decir que «para un Estado de derecho, la pena de muerte representa un fracaso, porque lo obliga a matar en nombre de la justicia. Y agregó: «Nunca se alcanzará la justicia dando muerte a un ser humano».

Bergoglio es sensible con este tema. Pocos meses después de ser elegido Pontífice, reveló cómo algunos domingos llama por teléfono a presos de las cárceles de Buenos Aires. «Cada vez que llamo a los presos de Buenos Aires, de vez en cuando lo hago para charlar un rato, me pregunto: «¿Por qué él y no yo?, ¿merezco yo más que él para no estar allí?, ¿por qué él ha caído y yo no? Es un misterio que me acerca a ellos».

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