Francisco, en el hospital con los inocentes

El Papa visitó el Hospital del Niño Jesús de Roma: «Él siempre está con vosotros». Emocionado en la UCI de neonatos

El Papa fue recibido por uno de los niños ingresados en el Hospital Niño Jesús de Roma
El Papa fue recibido por uno de los niños ingresados en el Hospital Niño Jesús de Roma

Quiso que fuera una visita privada. Tanto es así que no figuraba en su agenda semanal. El Papa visitó ayer a los niños enfermos del Hospital Niño Jesús de Roma, el policlínico y centro de investigación infantil más grande de Europa, propiedad de la Santa Sede.

Francisco deseaba un encuentro personal con los menores y sus familias hasta tal punto que a muchas de las habitaciones quiso entrar solo, sin sus colaboradores, para poder escuchar con tranquilidad a los niños y a sus padres. ¿El resultado? Tres horas de visita en el centro médico dedicadas a los pequeños.

Su primera parada fue en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, donde están hospitalizados diez bebés con enfermedades graves. Entre ellos, la pequeña Georgina Bernardette, que nació sin intestinos y cuya madre, además de conversar con el Santo Padre le quiso hacer entrega de una carta en la que relataba sus dificultades.

El Papa Francisco también quiso animar a los médicos de esta área. «No están perdiendo el tiempo, lo importante es sembrar», les dijo. Los especialistas responsables de atender a los nacidos antes de las 24 semanas de embarazo recibieron al Santo Padre con lágrimas en los ojos. «Cada vez que sale de la sala de operaciones, la pequeña abre los ojos, sonríe y juega con sus manos», le explicaron sobre un bebé de seis meses que ya ha pasado por siete operaciones a pesar de su corta edad.

Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar en la capilla del hospital. Allí le esperaban 30 pequeños pacientes de oncología con sus familias. Los niños le hicieron entrega una cesta en la que estaban escritos diferentes mensajes con deseos. Unos prácticos –«yo no quiero llevar más el aerosol»–, otros mirando al futuro –«quiero recuperarme de la enfermedad»–, incluso pensando en los demás –«me gustaría llevar una sonrisa al de la cama de al lado porque siempre llora»–. «Os agradezco mucho vuestros sueños y oraciones. Se los llevaremos a Jesús. Él los conoce y sabe lo que necesitáis, siempre está cerca de vosotros», les dijo animándoles el Obispo de Roma.