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Las cartas a Benedicto XVI siempre tienen respuesta

El Papa agradece el cariño de quienes se cartean con él. Una monja española recibe sus misivas

  • Entre las personas «humildes» que han recibido misivas del Santo Padre se encuentran los niños gitanos del colegio  valenciano Madre Petra
    Entre las personas «humildes» que han recibido misivas del Santo Padre se encuentran los niños gitanos del colegio valenciano Madre Petra
S. Morán.  MADRID.

Tiempo de lectura 2 min.

28 de febrero de 2013. 18:37h

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S. Morán.  MADRID. 28/2/2013

«Recibo también muchísimas cartas de personas sencillas que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto». Esta frase la pronunció ayer Benedicto XVI en su última audiencia general en la plaza de San Pedro. Lo hizo para recordar que no sólo llegan cartas de jefes de Estado o príncipes, sino de personas humildes que le escriben como «hermanos y hermanas o como hijas e hijas». Un ejemplo de este último caso es el de la hermana Gertrudis Rol, que desde hace 40 años anima a los alumnos de etnia gitana del colegio Madre Petra, de Torrente (Valencia), a mantener correspondencia con El Vaticano.

Fruto de estas cartas, el colegio recibió un rosario del Sumo Pontífice. Rol se puso en contacto con el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, para pedirle a Benedicto XVI «un rosario que se notara que estaba gastado por el uso del Pontífice», explicó. Las pasadas Navidades, el rosario llegó a la escuela. Durante las últimas semanas, los alumnos lo han utilizado en diferentes actividades organizadas con motivo del Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI hasta noviembre de 2013. Además, el rosario era utilizado en los rezos que los chicos realizaban en el patio de la escuela, que finalizaban con un beso al símbolo remitido por el Papa. La petición del rosario iba acompañada por una carta en alemán, lengua materna del Sumo Pontífice, elaborada por un grupo de alumnos del Madre Petra, que también recibió respuesta de Benedicto XVI, a través de una carta en la que expresaba «que les siente muy cercanos en el corazón» y que «pedía al Señor que les ayude con su gracia en este momento tan importante de su formación humana y cristiana». La religiosa, que atiende en el colegio a unos 200 alumnos, también tuvo contacto con Juan Pablo II. De hecho, el Papa «bueno» contribuyó en 1998 en la ampliación de la escuela con un donativo de 500.000 pesetas (3.000 euros). El entonces Pontífice les invitó a «ser apóstyoles de la nueva evangelización, portadores de esperanza, amor al prójimo y respeto de la dignidad de la vida humana» y les instaba a «contribuir con el ejemplo personal, la coherencia de vida y la colaboración en las diversas actividades del apostolado gitano a instaurar el reino de Cristo, único salvador». El trabajo de la hermana Gretrudis ha dado sus frutos pero sus inicios con la comunidad gitana no fue fácil. A su llegada a la localidad fue recibida con lanzamiento de piedras cuando trataba de enseñar a leer. Pero con buenas dosis de cariño, consiguió que la población se abriera a ella y a su congregación San José de la Montaña Madres Desamparados. Con el tiempo, se convirtió en consejera y consuelo de las madres de sus alumnos, muchos, hijos de inmigrantes. Ha logrado que los padres gitanos participen y se involucren en la educación educativo de sus hijos. Y todo con el apoyo por carta, de sus padrinos, los Papas.

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