«Más diálogo» con las «parejas irregulares»

El Papa Francisco, junto a varios obispos y cardenales, durante la celebración del 50º aniversario del Sínodo el pasado sábado
El Papa Francisco, junto a varios obispos y cardenales, durante la celebración del 50º aniversario del Sínodo el pasado sábado

Los obispos, junto con el Papa, afrontan los últimos días de trabajo del Sínodo, en el que el próximo sábado se votará el documento final.

«Éste es un sínodo pastoral, se necesita la doctrina, pero es primordialmente un sínodo pastoral». Así de contundente se mostró ayer el arzobispo de Brisbane (Australia), Mark Coleridge, que compareció en el «briefing» diario en el Vaticano junto al Patriarca Latino de Jerusalén, Fouad Twal, y el obispo de Parma, Enrico Solmi. Según dijo, la pastoral es «necesaria» para dialogar con estas parejas. En ese sentido, pidió que se escuche más a las parejas que viven en situaciones irregulares y no se las «ofusque con la doctrina». Con todo, confesó que durante el sínodo no escuchó ninguna intervención en la que se pidiese la comunión para los divorciados vueltos a casar.

En la misma línea se pronunció el cardenal arzobispo de Washington, Donald Wuerl, en una entrevista en el portal «Vatican Insider», donde afirma que la Iglesia «no es sólo para los puros» y que su regla «es el amor». «No podemos decirle a alguien: ¡fuera! Hay que ir a su encuentro, escucharlo para saber cómo decir lo que quieres decirle para poder hacerte escuchar. Y de esta manera poder acercarlo a Jesús. Esto es lo que hace un pastor. (...) Muchas personas responden positivamente a Papa Francisco y demuestran mucho afecto por él, aunque estén alejadas de la Iglesia católica, porque perciben la misma actitud de Jesús».

Por su parte, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, expuso en «Radio Vaticano» las preocupaciones de los padres sinodales sobre las familias: «Estamos trabajando muchísimo, tenemos a las familias en el corazón porque los padres sinodales somos miembros de una familia, no hablamos de la familia en abstracto, hablamos de familias concretas, la nuestra por ejemplo, también pensamos en ella».

Reconoce que en los trabajos no sólo les preocupan los datos sociológicos, económicos o sociales, «que también», sino la dimensión religiosa. «Lo que queremos es dar un mensaje de esperanza, de ilusión, de estar con tantas familias que gracias a Dios dan testimonio de su vida familiar a la luz de la fe, que hacen presente el amor de Dios y el amor de Cristo a la Iglesia. Porque esto es el matrimonio, con su esfuerzo, con su amor, con su entrega, con su perdón, con su comprensión, formando a los hijos, sufriendo por ellos, trabajando una barbaridad, no llegando a fin de mes, todas esas cosas concretas que hacen la vida de una persona y en definitiva la santidad de sus miembros», dijo.