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«No sé si Jesús sería hoy un ''runner''; San Pablo, seguro»

El profesor de Teología Dogmática Ángel Cordovilla se prepara para su sexta maratón con un objetivo: bajar de las tres horas.

Inmerso en un tratado sobre la Doctrina de la Salvación y otro sobre qué es ser cura, tiene claro que debería ser una asignatura evaluable

  • Angel Cordovilla, sacerdote que corre maratones (no usa alzacuellos nunca). (Foto: Cristina Bejarano)
    Angel Cordovilla, sacerdote que corre maratones (no usa alzacuellos nunca). (Foto: Cristina Bejarano)
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

29 de julio de 2018. 23:14h

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Belén Tobalina Madrid. 29/7/2018

Vaya sorpresa que me has dado, normalmente me entrevistan por algún tema teológico o eclesial, pero no por correr!». El padre Ángel Cordovilla, que prefiere que le llamemos solo Ángel, es un apasionado de las carreras de los 42 kilómetros y 195 metros. Antes de entrar en el seminario hacía deporte, pero una vez dentro lo dejó. «Se me quedó la espina de correr una maratón».

Hasta que un día le dijeron que tenía colesterol. «Fue el detonante. Necesitaba reducir los niveles de colesterol y no quería tomar pastillas». En ese momento, Ángel, sacerdote diocesano secular, decidió recuperar ese viejo sueño de correr una maratón. «Ya llevo cinco (Madrid, Sevilla, Valencia, Berlín y Madrid) y voy a por el sexto».

«No sé si Jesús sería hoy un ''runner''; San Pablo, seguro»

El próximo 2 de diciembre correrá la maratón de Valencia con un objetivo en mente: «Bajar de las tres horas». Todo un reto, dado que alguien que salga a correr de forma habitual diría que con bajar de las tres horas y media es más que suficiente. Y quien me dice esto no tiene 20 años, pero tampoco la edad del padre Ángel, perdón de Ángel: 50 años.

Ese tiempo es el que se marcó en su última maratón. «Iba preparado, pero me quedé en tres horas y seis minutos». Ángel reconoce que le apenó su resultado y eso que era su mejor marca. Le dio tanta rabia que ese mismo día, al final de la carrera, se apuntó al maratón de Valencia.

Es bastante exigente consigo mismo. «Cuando me preparo para una maratón suelo entrenar seis días a la semana. Haré entre 80 y 100 kilómetros en total». A pesar de la pasión con la que habla de su afición, el profesor de Teología Dogmática de la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid no ha logrado que ningún otro padre se sume. «Cuando empecé me miraban un poco extrañados. Ahora me dicen que estoy un poco loco, pero es que disfruto muchísimo».

«Al principio pienso en los problemas de ese día, pero pasado el segundo kilómetro ya no pienso en nada. Mi mente se va a la carrera, en dar el siguiente paso. Centrarme sólo en correr me ayuda mucho». Vamos, que correr no te acerca ni te aleja de Dios... «Pues ni lo uno ni lo otro. Se me olvida que soy padre. A ver, yo soy cura siempre, pero cuando estoy corriendo soy solo yo, Ángel», afirma dejando claro que sigue siendo sacerdote diocesano, pero que no «sermoneo ni predico» en deportivas «ni rezo mientras trato de acabar una maratón».

Durante esos kilómetros que le separan de la meta, ya sea durante la carrera o durante la preparación, es solo él. Quizá eso explique la música que escucha. «Llevo música de marcha, rockera: AC/DC, Bruce Springsteen, Andrés Calamaro, Fito...». Buen gusto, no hay que negarlo.

«No corro por una dimensión religiosa, aunque es cierto que la carrera que más me gusta es la que, por mucho que te la prepares, nunca la vas a dominar, y eso es una parábola de la vida», explica tras reconocer que «me gusta ser competitivo a mi nivel, conmigo mismo».

¿Jesús sería hoy un «runner»?, le preguntamos. «Jesús no lo sé. Yo, como estudioso del Nuevo Testamento, no puedo aventurarme a decir si lo sería o no, dado que no hay ningún indicio, ninguna parábola referida al mundo de los corredores. Pero San Pablo sí lo sería. En sus cartas hace referencias a los corredores y a la vida competitiva. En el primer pasaje de los Corintios, capítulo IX, versículo 24-27, San Pablo explica que los corredores consiguen una corona que se marchita (hecha de laurel) y que las personas tenemos que correr para ganar otra que no se estropee». «Hay más referencias, por lo que Jesús no lo sé, San Pablo, seguro», hace hincapié.

Ángel suele salir a correr por la tarde-noche y los domingos va a la Casa de Campo, ya que se ha apuntado a los planes de entrenamiento del Mapoma, con Félix Arévalo, quien le ayuda a marcar los planes de entrenamiento de la semana: rodaje suave, cuestas, series...

«No es así, pero suelo decir de broma que yo me dedico a correr y que de hobbie tengo la teología». Y sus obras lo demuestran. «Ahora estoy escribiendo un tratado sobre la doctrina de la salvación y otro más corto sobre el Ministerio Sacerdotal. Saldrán a la luz a lo largo de 2019. «Eso espero».

Aprovechando que Ángel publicó un libro sobre la «Religión en la escuela», le preguntamos su parecer sobre la intención de que esta asignatura no puntúe para la media. «Me parece un error. La Religión debe ser una asignatura optativa pero evaluable, porque si no no se aprende, quien diga otra cosa no sabe de educación. Otra cosa es que sirva o no para dar becas, yo ahí no entro. La enseñanza religiosa, el estudio sobre el hecho religioso y la historia de la religión a través de las diferentes confesiones, debería ser una asignatura obligatoria».

«Un niño necesita este conocimiento como también debería ser obligatoria ética o educación para la ciudadanía. Y después como optativa los que quieran entender una religión concreta», asegura.

«No sé si Jesús sería hoy un ''runner''; San Pablo, seguro»

«La sociedad ha cambiado radicalmente, antes lo excepcional era el ateísmo, hoy la excepción es ser creyente. Vivimos en un tiempo de crisis de fe, una idea que era muy repetida por Benedicto XVI». Francisco ha sido el primer Papa jesuita, ¿cómo recibió la noticia?, le preguntamos. «Fue una sorpresa grandísima. Es un Papa con una gran capacidad de comunicación. Sabe potenciar sus gestos. Esa es su forma de magisterio. Además, gracias a sus acciones, llegan sus mensajes y tiene una capacidad de gestión que no vemos pero que transforma la institución eclesial desde dentro. La ha oxigenado y no es una crítica a Benedicto. De hecho, teológicamente hablado me siento más cercano a Benedicto XVI, pero es cierto que el Papa Francisco ha abierto las ventanas de la institución y que llega a sectores de la sociedad a los que Benedicto no llegaba. Porque mientras Benedicto hablaba más para la razón y la inteligencia, yendo al fondo del problema, Francisco habla al corazón invitando a la acción. Pero lo cierto es que ambos son muy cercanos entre sí, sólo que de un modo y con un lenguaje distinto».

Resulta curioso, cuando hablas con Ángel sobre algún asunto religioso que nadie puede negar que sea padre, pero cuando habla de maratones, uno tiene la sensación de hablar con el Ángel «civil», para entendernos.

Por cierto, «¿sabes quién es otro amante de maratones y de la San Silvestre?», me pregunta. «El prior general de los Carmelitas Calzados, Fernando Millán. Es una antiguo compañero mío».

¿Bajó el colesterol?, le pregunto. «Sí, antes tenía entre 230 y 260 el marcador global y ahora estoy en unos 200». «No como excesivamente mejor, he bajado sobre todo por correr».

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