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Y el limosnero del Papa dijo: "Hágase la luz"

Entró al cuarto de contadores y restableció el servicio para las familias que ocupaban el edificio.

  • Krajewski fue nombrado en 2013 jefe de la Limosnería Apostólica y en 2018 cardenal
    Krajewski fue nombrado en 2013 jefe de la Limosnería Apostólica y en 2018 cardenal
Roma.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de mayo de 2019. 00:34h

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Ismael Monzón.  Roma. 14/5/2019

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En el edificio del número 63 de la Vía di Santa Croce in Gerusalemme de Roma no funcionaba la luz desde hacía una semana. Unas 450 personas, entre los que hay 98 menores, no se podían dar una ducha y habían tenido que empezar a tirar la comida. El inmueble está ocupado desde hace seis años. Los recibos de la luz se acumulaban y la compañía eléctrica había decidido cortar el suministro. Hasta que llegó el responsable de las obras de caridad del Vaticano, el cardenal Konrad Krajewski, que comprobó que era tan sencillo como entrar en el cuarto de contadores y restituir el servicio. Hágase la luz, pensó alguno. «Desde este momento me ocupo yo», dijo él. La responsabilidad que ninguno de los inquilinos quiso correr la asumió el hombre del Papa, que ahora podría ser investigado por robo de energía. El cardenal Krajewski no era ningún desconocido en este edificio ocupado. Todas las semanas acudía aquí para traer comida desde el Vaticano o acompañar a los servicios sanitarios que se ocupan de las 200 familias residentes, de 18 nacionalidades distintas. Cuando Francisco lo nombró en 2013 jefe de la Limosnería Apostólica, el departamento del Vaticano que se ocupa de la atención a los pobres le dijo: «El escritorio no está hecho para ti, puedes venderlo. No esperes a que vengan a llamarte a la puerta, sal y busca a los pobres». Dicho y hecho.

Este polaco de 55 años, que había trabajado en la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, se convirtió en un habitual de la noche romana. En la de quienes no tienen más que cartones para dormir. Salió personalmente de madrugada para darles ayuda a los más necesitados, instaló duchas en el Vaticano y puso hospitales de campaña en la Plaza de San Pedro en distintas ocasiones. Tal fue el reconocimiento del Papa, cuyo discurso a los desfavorecidos está siempre presente, que el año pasado lo hizo cardenal. Tampoco desde el más alto rango de la jerarquía católica ha dejado atrás sus actos. Krajewski es un hombre de la total confianza de Francisco. Pero es difícil pensar que su acto de desobediencia responda a una acción individual. «Hoy hemos recibido una llamada de la Santa Sede en la que nos decían que se trata de una toma de posición del Vaticano», decía el voluntario Fabrizio Nizi, a las puertas del edificio ocupado. La información no fue corroborada por el Vaticano. Mientras, en los pasillos del edificio, donde ayer continuaba la luz, las familias sonreían, agradecían el gesto al cardenal y se organizaban para enseñar a la Prensa sus apartamentos. El gesto no entendió de fronteras, pero entre los reporteros italianos el morbo fue aún mayor al apreciar un nuevo capítulo de las discrepancias entre Francisco y el ministro del Interior, Matteo Salvini, quienes han expresado estas diferencias en público.

Célebre por su mano dura contra la inmigración, el líder ultraderechista ya había dicho que ahora solo esperaba que «el limosnero del Papa pague los 300.000 euros de facturas atrasadas». La respuesta de Krajewski en una entrevista en el «Corriere della Sera» fue que no había problema, que desde que encendió los contadores él se hace cargo. Añadió que no quería que se tratase de una cuestión política y que actuó así por «humanidad».

Pierre, un camerunés que llegó a Italia hace 20 años y que no ha encontrado otra alternativa que meterse en este edificio, suspiraba que «gracias a Dios» han encontrado esta ayuda divina. El inmueble era de un ente público hasta que en 2004 fue vendido a un banco. Durante una década permaneció deshabitado y en 2013 el colectivo Action, que defiende la creación de casas de protección oficial, lo ocupó. Fabrizio Nizi, uno de sus portavoces, asegura que desde entonces han tratado de regularizar su situación, «pero las autoridades no se han querido sentar a negociar». Confían en que ahora lo hagan, aunque empiezan a circular rumores de que el Vaticano está organizando una recogida de fondos para cubrir los gastos pendientes.

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