La cara B de la gripe

Los costes indirectos, las muertes relacionadas y el aumento de infecciones ponen de manifiesto que la infección no sólo es importante una vez al año

Cada año toca lo mismo: llega la campaña de vacunación, la gente decide si lo hace o no, los médicos alertan de qué pacientes deben hacerlo, aterriza el frío, los virus empiezan a contagiar la infección por doquier, semanas de alerta por el pico epidémico, bajan los casos... y vuelta a empezar. Sin embargo, el virus estacional de la gripe es “como una garrapata que poco a poco va extrayendo la sangre... y sólo te das cuenta de lo que supone cuando, quizás, es tarde”, apunta Raúl Ortiz de Lejarazu, director del Centro Nacional de la Gripe, durante un encuentro en el Instituto Pasteur (París, Francia).

Quizás, el los árboles no dejan ver el bosque, como dice el dicho, pero el especialista español en virus de la gripe se atreve a subraya que “bastaría con hacer la cuenta y ver que esta infección ha matado ya a más gente que las dos guerras mundiales”. Con los datos en la mano, a bote pronto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que hasta 650.000 personas mueren en el mundo de gripe cada año, aproximadamente, y si en las dos Guerras Mundiales fallecieron unas 30 millones de personas, unos cálculos rápidos nos llevan a decir que en poco más de cuatro décadas el virus ha matado al mismo número de individuos. Desde la OMS también apuntan estas cifras han aumentado en la última década, cuando no se llegaba a 500.000 al año.

¿Por qué la gripe sí es peligrosa?

Salvo en caso de pandemia, la última en 2009, no se ve como una amenaza real a la gripe. La comunidad científica trata de devolver la fe a que la vacunación debe ser un elemento clave en esta lucha y trata de recoger datos que lo avalen. Al tiempo, buscan una vacuna universal, “que pudiera estar lista en 10 años. No se trata de una dosis, y ya; sino que pudiera existir un periodo de protección que superarse el año, ¿llegar incluso a cinco? Antes esto era una quimera, ahora estamos más cerca. Conocemos más sobre la variabilidad del virus y sus cepas”, subraya Ortiz de Lejarazu

La cepas de la infección no sólo desatan los problemas de su paso por el organismo, sino que dejan las puertas abiertas a otro tipo de agresiones que vienen de la mano de organismos tan peligrosos como el Staphylococcus aureus y Streptococcus pneumoniae, que son los que llevan a las UCI a los pacientes y comprometen su vida. Se calcula que las epidemias anuales causan tres a cinco millones de casos graves.

En España, en la temporada 2017-2018, las cifras son las siguientes: 700.000 casos leves, 52.000 ingresos hospitalarios, de los cuales 14.000 desarrollaron complicaciones graves y 3.000 ingresaron en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). Asimismo, se estima que unas 15.000 muertes en España estuvieron relacionadas con la gripe, según datos del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España (SVGE) del Instituto de Salud Carlos III.

Además, la influenza, como lo denominan en países de Latinoamérica, desestabiliza a los pacientes con enfermedades crónicas y provoca más problemas cardiovasculares. “La vacuna contra la gripe es mejor incluso que dejar de fumar, que tomar estatinas o reducir el peso. Reduce hasta en un 44% el riesgo de accidente cardiaco”, comenta Stefan Gravestein, profesor de Medicina y Salud Pública, Universidad de Brown, (EE UU). No contraer el virus también “resulta eficaz para evitar que en las semanas posteriores se reduzca el riesgo de infarto”, añade Gravestein.

Vacunar a los más pequeños también ayuda a evitar la mortalidad infantil. Los expertos advierten de la necesidad de proteger a los menores de 5 años, “porque si uno observa las gráficas de mortalidad en estas edades se da cuenta que se dan más en los meses en los que esta circulante el virus, en plena epidemia, que en otros”, explica Ortiz de Lejarazu. Un estudio de "The Lancet" apunta que un niño de cada siete muere por enfermedades infecciosas para las que existe una vacuna efectiva y económica, como la gripe.

Gaetan Gavazzi, especialista de la Clínica Universitaria de Medicina Geriátrica (Grenoble, Francia), apunta que “hay que extremar las precauciones en la población de edad avanzada, donde el virus de la gripe también es agresivo. Muchas veces estos pacientes ya tienen un estado de salud frágil, que se agrava con la infección, que descompensa las otras patologías que sufren”. El problema reside en que en muchas ocasiones el paso de este organismo por el cuerpo no deja las mismas señales en un adulto joven (en el que el cuadro parece más grave) que en uno de más edad (más de 65 años) en el que las complicaciones surgen más a “cuenta gotas”, lamenta Gavazzi.