Sociedad

Ante la (posible) recesión económica

En las últimas semanas se han celebrado, principalmente en clave electoral, varios debates con los portavoces de Sanidad de los partidos políticos de mayor representación a nivel nacional, y todos ellos, sin excepción, han considerado necesario incrementar la dotación presupuestaria destinada a financiar el Sistema Nacional de Salud.

Lejos de discrepar con este planteamiento, comulgo con él desde hace años, tantos como los que llevo exponiendo la importancia de realizar una mejor gestión y una planificación más adecuada para optimizar todos los recursos disponibles y blindar el sistema sanitario ante crisis económicas severas como la iniciada en 2008. En la situación presente, marcada por lo que algunos denominan el “enfriamiento” de la economía internacional, así como por la desaceleración progresiva del crecimiento económico a nivel doméstico, hay quien incluso aventura una nueva crisis –de similar o incluso mayor calado que la surgida hace once años- en el corto plazo.

Más allá del impacto que pueda tener en nuestro país en términos generales, quiero dejar patente que tanto si la crisis se limita a la desaceleración como si avanza hasta la recesión, la coyuntura se antoja de todo menos oportuna para incrementar el presupuesto para Sanidad hasta los niveles necesarios.

En consecuencia, cabe focalizar la mayor parte de los esfuerzos en la gestión y en la planificación mencionadas, aunque en esta ocasión no queda otra opción que hacerlo innovando y buscando fórmulas adicionales a las empleadas hasta la fecha para hacer realidad una respuesta satisfactoria a las necesidades crecientes de los ciudadanos desde la sostenibilidad.

Como ya he expuesto en alguna ocasión pretérita, una vez colmado el gasto público como parece ser la realidad, llega el momento de hacer política; política sanitaria y económica en este caso; política que posibilite más y mejores resultados en salud con los presupuestos disponibles.