El sector productivo que el paciente (y cualquier país) desea

Humberto Arnés, director general de Farmaindustria: “Para nuestro sistema sanitario, la apuesta por la cooperación con los laboratorios en materia de investigación se traduce en un mayor prestigio para los hospitales y contibuye a la formación”

España encara una nueva década en la que podemos tener la oportunidad de convertirnos en un líder mundial en investigación en medicamentos. No se trata de una quimera. Nuestro país está en una situación de privilegio en el terreno de la investigación y desarrollo de nuevos y mejores fármacos, en especial en la investigación clínica y merced a la estrecha cooperación entre el sistema sanitario y sus profesionales y la industria farmacéutica.

Ya somos un referente en Europa, donde tres de cada diez ensayos que se hacen tienen participación de centros españoles, y para muchas compañías farmacéuticas internacionales España es el segundo país en número de ensayos, sólo por detrás de Estados Unidos. Con estos cimientos y con una buena estrategia de país, a medio plazo tenemos la ocasión de pasar de referencia internacional al liderazgo en la I+D de nuevos fármacos.

No se trata sólo de un salto para el sector farmacéutico. Las ventajas como país son claras. Hablamos de poder atraer inversiones a España de una buena parte de los 130.000 millones de euros anuales que la industria farmacéutica invierte en I+D en todo el mundo. Muchos países están compitiendo por atraer esa inversión, pero España está hoy en una situación de privilegio y tenemos que aprovecharla.

Junto a ello, este sector es ejemplo del nuevo modelo productivo que requiere una sociedad moderna: aúna internacionalización, innovación, una potente actividad industrial y productiva y un fuerte compromiso social, que va desde la estrecha cooperación con la Administración hasta la creación de empleo de alta calidad o la transparencia. Un sector innovador basado en el conocimiento y la I+D es el sector que todo país quisiera tener fuertemente implantado en su territorio.

La industria farmacéutica es un ejemplo de ese modelo productivo que posicione a España a la vanguardia. Hay bases para ello si trabajamos conjuntamente industria y Gobierno. Tenemos empresas nacionales e internacionales de una larga tradición y con centros productivos y de investigación implantados en nuestro país; tenemos un Sistema Nacional de Salud sólido, con profesionales de alta capacitación y hospitales y centros públicos de I+D bien dotados; contamos con un creciente tejido de investigación preclínica, apoyado en la colaboración entre compañías farmacéuticas y centros de investigación públicos y privados, universidades y “startups”, y sumamos una creciente implicación de los pacientes. Difícilmente podemos encontrar otro sector que, además de aportar valor en materia sanitaria, aporte tanto valor económico e industrial.

Para nuestro sistema sanitario, la apuesta por la cooperación con los laboratorios en materia de investigación se traduce en un mayor prestigio para los hospitales y contribuye a la formación y desarrollo científico de sus profesionales sanitarios. El modelo de I+D de nuevos medicamentos, dentro y fuera de España, evoluciona y es cada vez más abierto y colaborativo. Así, casi la mitad de la inversión de la industria se hace en colaboración con terceros: hospitales, universidades y otros centros de investigación públicos y privados. Con este modelo de colaboración, la industria farmacéutica ha llegado a ser líder en la I+D industrial en España, con el 20,3% del total.

Y, lo más importante, todo este círculo virtuoso se traduce al final en beneficios directos para los pacientes, a través del acceso temprano al medicamento y la mejora en la calidad asistencial. Estamos recogiendo los frutos de muchos años de inversión en I+D. En las últimas décadas hemos asistido a un avance sin precedentes en la mejora de la salud. Los logros contra el cáncer, las enfermedades reumatológicas, la esclerosis múltiple, el sida, la hepatitis C (hoy una enfermedad que se cura) o las enfermedades raras, entre otras, han mejorado sustancialmente la vida de los pacientes. La mejor prueba es el aumento de la esperanza de vida, que sólo en la primera década de siglo se incrementó en 1,74 años en los países de la OCDE, y dos terceras partes de este aumento se deben a los fármacos innovadores.

A los grandes avances científico-tecnológicos realizados en las últimas décadas se suman ahora las nuevas terapias génicas y celulares, que profundizan en la llamada medicina de precisión a través de tratamientos para perfiles cada vez más específicos de pacientes. Estamos ante una verdadera revolución en la investigación biomédica y, en consecuencia, en el cuidado de la salud. Y España juega un papel relevante.

Por todo ello, podemos estar orgullosos de lo avanzado hasta el momento y pensar a largo plazo. Tenemos que invertir en nuestro sistema sanitario público (hoy estamos en el 6% del PIB, un punto menos que la media europea) para no perder calidad y competitividad frente a otros países y reforzar la cooperación con una industria farmacéutica que tiene clara su apuesta por nuestro país. La sanidad y la investigación biomédica son base esencial para lograr ese ansiado cambio de modelo productivo en España, para evolucionar a una economía basada en el conocimiento, la I+D y la productividad.