La edad no será un criterio único para excluir a pacientes de las UCIS

Las sociedades científicas consensúan el triaje y también establecen que los enfermos terminales y algunos críticos dejan de ser prioritarios para entrar en la UCI

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Las principales sociedades científicas que representan a los profesionales sanitarios implicados en la atención de los enfermos infectados por coronavirus alcanzaron en la tarde de ayer un consenso para adoptar en base a él una de las decisiones más difíciles en esta crisis: la elección de a qué pacientes dar prioridad sobre otros ante la avalancha de enfermos que llegan a los hospitales. Esto es lo que se conoce como triaje.

En el documento, avalado entre otras por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), la Sociedad Española de Cuidados Intensivos (Semicyuc) y la Sociedad Española de Urgencias (Semes) hay un apartado dedicado a la “priorización de las personas según sus características y situación actual”. En él recomienda a los sanitarios que atienden a estos enfermos “utilizar la clasificación de las personas según el modelo de cuatro prioridades clásico en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIS)”.

De esta forma, el texto apunta que “se priorizará los ingresos en UCI de pacientes clasificados como prioridad 1 en aquellos hospitales que dispongan de dispositivos de cuidados intermedios, dejando estos últimos para los pacientes con prioridad 2”. El documento añade que “se tenderá a no ingresar en unidades de cuidados intensivos a los pacientes de prioridad 3 y 4 en tiempos de crisis”.

¿Cuáles son los pacientes tipo 3 y 4? Los inestables y críticos, “con pocas posibilidades de recuperarse a causa de su enfermedad de base o de la aguda” y en los que se produzca “un beneficio mínimo o improbable por enfermedad de bajo riesgo o situación de enfermedad avanzada/terminal”.

Maximizar el bien común

Los pacientes que sí tendrían prioridad son los críticos e inestables que necesitan monitorización, un tratamiento intensivo que no puede ser proporcionado fuera de la UCI. También los pacientes “que precisan monitorización intensiva y pueden necesitar intervenciones inmediatas, no ventilados de forma intensiva pero con altos requerimientos de oxigenoterapia y con fracaso de otro órgano”.

El documento subraya que “ante las situaciones de crisis y la necesidad de estrategias de asignación, desde la ética se aboga por priorizar la maximización de la supervivencia al alta hospitalaria, la maximización del número de años de vida salvados, y la maximización de las posibilidades de vivir de cada una una de las etapas de la vida”.

La edad cronológica, añade, “en ningún caso debería ser el elemento a considerar en las estrategias de asignación”.

El documento remarca que “admitir un ingreso puede implicar denegar otro ingreso a otra persona que puede beneficiarse más”, lo que implica eliminar el criterio de “primero en llegar, primero en ingresar”, y aconseja “aplicar criterios estrictos de ingreso en UCI basados en maximizar el beneficio del bien común.

Ante pacientes críticos con otras patologías críticas diferentes a la infección por COV19 “se debe valorar ingresar prioritariamente al que más se beneficie”. Propone asimismo excluir a personas en las que no se prevé un beneficio mínimo, como situaciones de fracaso multiorgánico establecido, o situaciones funcionales muy limitadas y condiciones de fragilidad avanzada”. Añade que debe valorarse “cuidadosamente el beneficio de ingreso de pacientes con expectativa de vida inferior a 1-2 años”.

Petición de los especialistas

Este texto se consensuado horas después de que algunos especialistas pidieran criterios objetivos y claros para poder decidir en base a ellos. Por ejemplo, Teodoro Grau, jefe del Servicio de Cuidados Intensivos del Hospital La Luz y Hospital Quirón Sur, y médico adjunto de la UCI del Hospital Universitario Doce de Octubre, había difundido una carta a sus compañeros del resto de las UCIS de los hospitales madrileños, a la que ha tenido acceso LA RAZÓN, en la que alerta de la situación: “Nos enfrentamos a una catástrofe nunca vista por la mayoría de nosotros, que nos afecta como profesionales, como personas y, probablemente, pueda poner en riesgo nuestro modo de vida”. En el texto, recuerda que los intensivistas deben “dar lo mejor” de sí mismos por sus pacientes y "usar los recursos que tenemos de una manera justa, honrada y eficiente”.

“Ninguna sociedad puede utilizar recursos infinitos en un solo problema cuando su propia integridad está en riesgo, tiene que dedicarlos a preservar la misma. Y nosotros tenemos que cumplir el mandato de salvar a todos los pacientes que podamos durante el mayor tiempo posible, de acuerdo con nuestras creencias y valores. No se trata de un solo paciente, se trata de todos nosotros”.

Por ello, recuerda que “no nos queda más remedio que disponer de una herramienta de triaje objetiva, reproducible, evaluable y revisable, basándose en los informes de nuestro comité de ética y por expertos ajenos a Semicyuc, y debe de hacerse a la mayor brevedad posible”. “La sociedad y los pacientes no entenderán que no hayamos sido capaces de ser buenos y justo, intentar preservar la vida de los pacientes y dar una respuesta que preserve la integridad de nuestra sociedad. Y, por otro lado, la alternativa es el caos”, concluye.