“¡Se nos acumulan los cadáveres!”

Los hospitales se convierten en grandes morgues Amontonan en sus instalaciones durante horas los cuerpos sin vida de los infectados en espera de que la UME, los bomberos y las funerarias, colapsados, acudan a recogerlos

«¡Hay que activar a la UME ya, se nos acumulan 17 cadáveres!». La frase es de Modoaldo Garrido Martín, director gerente del Hospital Universitario Fundación Alcorcón. El viernes la repetía a su equipo de confianza mientras dictaba directrices para retrasar un colapso que es generalizado en casi todos los centros sanitarios de Madrid y empieza a serlo en otras partes de España como Cataluña. La acumulación de cuerpos de pacientes infectados por coronavirus que han perdido la vida en las atestadas Unidades de Cuidados Paliativos (UCIS) o en las propias plantas no es un suceso aislado de este hospital de la zona sur de la capital.

La apelación a la ayuda de la Unidad Militar de Emergencias, a los bomberos y a las funerarias para que recojan los cadáveres, tampoco. Del hecho de que los hospitales se están convirtiendo estos días en grandes morgues dan fe los gerentes de otros hospitales y los desbordados profesionales que trabajan en ellos, superados por una avalancha de pacientes y una falta de medios para afrontarla tales, que todo aboca a la tragedia si el pico de infectados no desciende en unos días. En el Hospital La Paz, uno de los más golpeados de todos los que se emplazan en el centro de la ciudad, el director gerente Rafael Pérez-Santamarina, gran experto en gestión que tuvo mando en plaza en el Ministerio en la época de Ana Pastor como máxima responsable de la Sanidad española, también lamentaba apesadumbrado el viernes ante sus directivos el problema de los cadáveres. Y eso que no fue el peor de los días. El hospital registró antes una importante actividad quirúrgica y fue incluso capaz de realizar tres trasplantes infantiles durante la semana.

Un hito en estos tiempos, en los que la cirugía y el tratamiento de pacientes libres del virus han quedado reducidos a la mínima expresión en todos los centros sanitarios para volcarse en la lucha contra el coronavirus. Fidel Illana, director gerente del Hospital de La Princesa, da fe también del drama. El volumen de enfermos es tal, y las muertes están tan disparadas, que los restos mortales de los fallecidos permanecen horas y hasta días en los hospitales en espera de que otros servicios castrenses o funerarios igual de saturados vayan a recogerlos. En su centro sanitario aguardaron horas y más horas también el jueves a que alguien se llevase los 20 cuerpos que se acumulaban.

En el Ramón y Cajal que dirige Juan José Equiza, uno de los gerentes más veteranos y con mayor prestigio de Madrid, sucedía otro tanto. El viernes por la mañana eran 31 los cuerpos de los fallecidos que se encontraban a la espera de traslado. «Los cadáveres son un problema», les comentaba a otros gerentes desesperados por la falta de equipos de protección de sus profesionales, algunos al borde de la rebelión, como en el Gregorio Marañón, el hospital con más enfermos en UCI de todo Madrid, en donde las enfermeras amenazaron con protagonizar un motín por la falta de EPIS. EPIS prácticamente agotados en la comunidad y que no llegan del Ministerio de Sanidad, al que muchos sanitarios de la capital culpabilizan del desastre por su lentitud a la hora de adoptar medidas contra la pandemia y por su inoperancia en la compra de materiales de todo tipo, como sucedió con los test defectuosos de diagnóstico rápido que distribuyó en Madrid.

La acumulación de fallecidos también preocupaba, y mucho, en Cruz Roja, y en el Infanta Leonor de Vallecas, uno de los primeros hospitales en colapsar en pleno por la saturación de las urgencias y la imposibilidad de ingresar a más enfermos en planta, como el Severo Ochoa de Leganés. «No se nos están llevando los cadáveres, se están acumulando. Es una situación muy grave», se lamentaba el martes el equipo directivo, confiando en que la puesta en marcha del Palacio de Hielo como gran morgue o el Instituto de Medicina Legal en la Ciudad de la Justicia, y la acción de los efectivos de la UME palíen la situación. Lo mismo que en Móstoles, y otros lugares.

El elevado número de pacientes en UCI y la tasa de mortalidad en las mismas, que superaba ayer el 17%, podrían agravar la situación. Los hospitales, además, se están reconvirtiendo sobre la marcha, transformándose de convencionales a «hospitales Covid». Es el caso, por ejemplo, del Gregorio Marañón, el centro con más enfermos graves en unidades de críticos de la comunidad, o del Ramón y Cajal. Los cálculos de los expertos sobre el aumento de muertes en Madrid son preocupantes. En esta comunidad, y a falta de generalizarse los test, el número de ingresos nuevos se ha estabilizado en torno a 2.500 al día. Alrededor de un 5% empeora gravemente y acaba en la UCI, lo que arroja una cifra aproximada de 125 enfermos nuevos que necesitan cada día acceder a este dispositivo. Con las actuales tasas de mortalidad, el saldo final de fallecidos se dispararía.