Nuevo objetivo contra el Covid-19: evitar la trombosis

Un nuevo marcador pronóstico de la patología. Tener niveles elevados de dímero D por encima de 3.000 se asocia con un riesgo 18 veces superior de mortalidad

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Si en un primer momento se habló de los problemas respiratorios causados por el Covid-19 y, posteriormente, se puso el foco en el proceso inflamatorio que provoca el nuevo coronavirus, ahora es la trombosis la que cobra protagonismo en esta lucha sin cuartel contra el SARS-CoV2. Y es que se ha visto que los pacientes hospitalizados por este motivo tienen un mayor de riesgo de enfermedad tromboembólica venosa, en especial, aquellos ingresados en las unidades de cuidados intensivos (UCI).

«La alteración en la coagulación es inherente a todas las enfermedades por coronavirus, ya lo vimos con el SARS, con el MERS, y ahora con el SARS-CoV2. Las complicaciones trombóticas son un fenómeno frecuente en el Covid-19 y hasta un 25% de los pacientes ingresados presentan tromboembolismo pulmonar», cuenta José Antonio Páramo, presidente de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).

La importancia de este proceso en el transcurso de la enfermedad se explicaría de la siguiente forma: «En los últimos años, se ha acuñado el concepto de inmunotrombosis para describir la interacción entre el sistema inmune y el de coagulación como respuesta a la infección por microorganismos, para evitar su propagación. Cuando se activan indiscriminadamente estos mecanismos, como consecuencia de una infección sistémica, se produce el cuadro denominado coagulación intravascular diseminada, caracterizada por la presencia de depósitos masivos de fibrina en la circulación, lo que conlleva daño orgánico y empeora el pronóstico de los pacientes», explica Páramo.

Es en este punto que entra en juego un nuevo término a tener en cuenta en esta pandemia: dímero D. ¿Y por qué? Pues porque actuaría como un marcador capaz de predecir la evolución de la enfermedad. «El dímero D refleja cómo se forma y se destruye la fibrina. Sabemos, por estudios llevados a cabo en Wuhan, que las personas que presentan un dímero D elevado tienen peor pronóstico. Aquellos pacientes que está por encima de 3.000 ng/mL presentan 18 veces más mortalidad que los que no», señala Páramo. Lo normal es tener 500 ng/mL y a partir de 1.500 se considera ya que está alto.

De forma preventiva

Todo este conocimiento ha llevado a actuar de forma preventiva en estos pacientes para evitar la activación de la coagulación mediante profilaxis antitrombocítica. Por eso, continúa el presidente de la SETH, «a todos los pacientes hospitalizados por Covid-19 se les da de forma sistemática heparina en dosis profilácticas. En caso de que se produzcan trombos, entonces recurrimos a las dosis terapéuticas».

«No podemos andar dudando, tenemos que ser contundentes en esto y dársela a todo paciente hospitalizado por sistema. Aunque prácticamente el principio de la crisis se ha ido implementando progresivamente este tratamiento ahora hemos publicado un protocolo para poner orden sobre su actuación en estos casos», concluye Páramo.