Illa supo del riesgo de la Covid-19 a los 11 días de llegar al cargo

Sanidad elaboró el 24 de enero unas pautas contra la infección que luego ocultó en marzo. Pedía que le notificaran de forma «urgente» los casos y apremiaba a vigilar a todos los contactos

Nada más llegar al cargo, Salvador Illa tuvo conocimiento de la peligrosidad extrema del coronavirus que por aquel entonces golpeaba ya a China. El ministro de Sanidad tomó posesión de su cartera de Sanidad el lunes 13 de enero. Apenas 11 días después, el viernes 24 de ese mismo mes, los técnicos del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) que dirige Fernando Simón hicieron público un documento técnico sobre esta nueva y grave amenaza que se cernía sobre la salud pública, en el que recogían información clínica y epidemiológica acerca de la enfermedad y proponían pautas de actuación estrictas a los centros sanitarios.

El informe tenía por título «Procedimiento de actuación frente a casos de infección por el nuevo coronavirus (2019-nCoV)» y, según ha podido saber LA RAZÓN, fue «borrado» de la web del Ministerio de Sanidad dos meses y 6 días después, el 30 de marzo, cuando ya estaba declarado el estado de alarma y España contabilizaba 7.340 fallecidos.

A lo largo de sus 17 páginas, los expertos del CCAES, dependientes de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio, ya recomendaban investigar la infección de «cualquier persona con síntomas clínicos compatibles con una infección respiratoria aguda grave que precise atención médica o ingreso hospitalario con evidencia clínica o radiológica de neumonía», así como a «toda persona con fiebre o antecedentes recientes de fiebre y clínica de infección respiratoria aguda (uno o más de los siguientes síntomas: disnea, tos o dolor de garganta)». También proponían tener bajo control a «cualquier persona con historia de viaje a la ciudad de Wuhan, China, en los 14 días previos al inicio de síntomas» y a «cualquier persona que esté en contacto estrecho con un caso confirmado por el laboratorio de 2019-nCov en los 14 días previos a la aparición de los síntomas».

Los técnicos de Sanidad consideraban que la amenaza era tal, que establecieron incluso un procedimiento para notificar «de manera urgente» los casos en investigación y los casos confirmados «desde las unidades de salud pública correspondientes en las comunidades autónomas al CCAES del Ministerio y al Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III.

Conocían también la suma facilidad con la que el virus podía propagarse. De hecho, consideraban como «contacto estrecho» susceptible de estar sujeto a vigilancia epidemiológica a cualquier persona «que haya proporcionado cuidados a un caso confirmado mientras el caso presentaba síntomas», incluyendo aquí a sanitarios y familiares, y a cualquier persona que estuviera a menos de dos metros de un caso confirmado mientras este caso presentaba síntomas, aludiendo aquí a familiares y visitas.

Los técnicos del Ministerio afirmaban incluso que «se considera contacto estrecho en un avión a los pasajeros situados en un radio de dos asientos alrededor de casos sintomáticos durante el vuelo y a la tripulación que haya tenido contacto con dichos casos». ¿Qué proponía hacer Sanidad si esos «contactos» sí desarrollaban sintomatología y daban positivo en las pruebas de diagnóstico? Si no requerían hospitalización, recomendaba «el aislamiento, que podrá ser domiciliario o en el lugar donde las autoridades de salud pública establezcan».

Los técnicos del Ministerio aseguraban en el informe que los coronavirus se transmiten principalmente por las gotas respiratorias de mas de cinco micras y por el contacto directo con las secreciones infectadas. Un mes y medio antes de que Sanidad y el propio Simón avalaran las concentraciones feministas del 8-M, en las que se congregaron más de 600.000 personas, recomendaban en el documento a los centros sanitarios extremar las precauciones. Por ejemplo, establecían que «en las salas de urgencia hospitalaria los pacientes que se identifiquen como casos en investigación deberán separarse de otros pacientes, se les pondrá una mascarilla quirúrgica y serán conducidos de forma inmediata a una zona de aislamiento. El personal que les acompañe hasta la zona de aislamiento llevará también mascarilla quirúrgica». Con respecto a los casos que pudieran requerir ingreso hospitalario, recomendaban hacerlo «en aislamiento de contacto y por gotas. En caso de situaciones en las que se prevé que se van a generar aerosoles se recomiendan habitaciones con presión negativa».

El riesgo de contagio que detectaban era tal, que abogaban por extremar las medidas de protección a los sanitarios. Así, el informe decía que «las personas que entren en la habitación de aislamiento deben llevar un equipo de protección individual para la prevención de infección por microorganismos transmitidos por gotas y por contacto que incluya bata impermeable, mascarilla quirúrgica, guantes y protección ocular de montura integral».

En procedimientos que generen aerosoles, proponían llevar ya mascarilla de alta eficacia FFP2 o FFP3, batas impermeables de manga larga más un delantal de plástico, guantes y protección ocular ajustada de montura integral o protector facial completo. Añadían que «es importante identificar a todo el personal sanitario que atiende a casos confirmados de infección por nuevo coronavirus. El riesgo deberá ser valorado de forma individualizada. Si no se han cumplido las medidas de precaución, serán considerados contactos estrechos y se manejarán como tales». Sorprende que, ante este riesgo del que en enero alertaban los técnicos del Ministerio, este departamento se demorara tanto en hacer acopio de materiales. Hoy, España es el país con mayor número de sanitarios contagiados del mundo, con 51.090.

El documento aconsejaba extremar también la limpieza y desinfección de las superficies con las que ha estado en contacto el paciente y utilizar para el transporte de enfermos ambulancias «con la cabina del conductor físicamente separada del área de transporte». Para los enfermos que no requerían ingreso hospitalario, aconsejaba valorar el aislamiento domiciliario teniendo en cuenta las circunstancias del entorno sanitario y social. Lo mejor, aseguraba, era «una habitación individual bien ventilada y el uso de un baño propio».