Depresión y ansiedad acechan a los niños después de estar confinados

El 83% de los padres ha notado cambios psicológicos en sus hijos y el 25% de los menores desarrolla comportamientos depresivos que, según los expertos, podrían empeorar a partir de septiembre

La desescalada ya es un hecho en nuestro país, pero la vuelta a la realidad no es sencilla, menos aún para los pequeños de la casa, uno de los colectivos más olvidados durante la pandemia. Después de casi tres meses de encierro y con todas sus rutinas «patas arriba», las consecuencias psicológicas en los niños por culpa del confinamiento comienzan a dar la cara ahora: «Se ha producido un aumento considerable de las consultas relacionadas con problemas de sueño, mayor irritabilidad, regresiones de comportamiento, resistencia a salir a la calle... Vemos que en los niños hay más apatía y actitudes depresivas», confirma Azucena Díez, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría Infantil (SPI-AEP) de la Asociación Española de Pediatría.

A pesar de que no existen datos certeros, ya se han realizado algunos estudios que confirman esta tendencia: «El aumento de problemas psicológicos entre los niños españoles se ha hecho evidente en los últimos días», ratifica Mª José Miñano, miembro de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes, Anpir, quien reconoce que «empezamos a tener encuestas realizadas en España y en Italia que muestran que el 83% de los padres ha notado cambios a nivel mental y psicológico en los niños después de estos meses de encierro en casa».

Trastornos psicológicos

De hecho, según una investigación realizada por «Save The Children» a nivel internacional y también con menores españoles, uno de cada cuatro niños sufre ansiedad por el aislamiento social y muchos de ellos corren el riesgo de desarrollar trastornos psicológicos permanentes, incluida la depresión. Y esta situación también se ha dejado sentir en China, tal y como confirma un estudio publicado en la revista científica «JAMA Pediatrics», donde los datos revelan que hubo un incremento aproximado de un 5% en el número de síntomas de ansiedad y depresión entre los niños después del confinamiento.

La aparición de estos problemas resulta muy preocupante entre aquellos menores con trastornos de base. «En niños con patología previa de la personalidad o caracteres anteriores de nerviosismo y miedos se ha podido detectar algún caso más, pero la normalidad es lo más frecuente», asegura Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). «Ejemplo de ello son aquellos niños con discapacidad intelectual, trastornos por déficit de atención e hiperactividad, problemas de desarrollo, trastornos del espectro autista o alteraciones conductuales », advierte Miñano, quien hace hincapié en que «estos chicos son los que más han empeorado y probablemente van a necesitar ayuda clínica para poder recuperarse».

La explicación reside en que «los pequeños con problemas previos son más sensibles a las rupturas de las rutinas y para ellos ha resultado más complicado permanecer en un sitio cerrado y sin entender por qué, lo que ha derivado en cuadros más graves de ansiedad y en episodios de mayor agresividad», asegura Díez, quien apunta que «en ellos puede ser necesario adaptar la medicación que ya se tenía a las nuevas circunstancias emocionales. En cambio, en los casos nuevos se intenta no recurrir a los fármacos como primera línea, porque el problema puede ser adaptativo, por lo que se opta por fomentar el apoyo psicológico y psicoeducativo».

Sin patologías previas

Pero los problemas psicológicos también han aumentado en niños sin enfermedades de base, «pues hemos observado el aumento de casos de pesadillas, apatía, ansiedad o pequeños que han vuelto a hacerse pis por la noche sin aparente explicación más allá que las consecuencias de estas semanas de confinamiento y desequilibrio emocional», explica Miñano. Y aunque lo más lógico es que estos problemas remitan con la vuelta a la normalidad, Díez advierte de que «hasta el 50% de los afectados puede tener dificultades y convertirse en un problema crónico a medio y largo plazo. Incluso es posible que la situación empeore a partir de septiembre, cuando haya que volver al colegio y enfrentarse a la realidad».

Por ello, Miñano recomienda actuar ante los primeros indicios, pues recuerda que «uno de cada cinco cuadros mentales se inician antes de los 18 años y sabemos que una intervención en esa etapa puede posponer o evitar el debut de un trastorno mayor». Para ello resulta esencial «transmitir tranquilidad a los niños ante los cambios de este momento», recomienda Díez. Y apoyarse en «su pediatra de atención primaria, pues para el niño es su referente de salud, y en casos más graves será oportuna la atención de un especialista en salud mental», recuerda Cenarro.