La actividad sexual ayuda a la recuperación post-infarto

Reanudar la practica regular de sexo pasados unos meses de un ataque cardíaco, mejora la supervivencia a largo plazo, según un estudio.

Lo hemos visto en muchas películas, (algunos incluso lo han vivido en la vida real): una escena de sexo que termina con un ataque cardíaco. ¿Cuanto de común es? y... ¿por qué sucede? La respuesta es que, precisamente, el riesgo es mayor cuando el sexo se practica de manera “episódica”, pero es poco frecuente si se tiene una vida sexual activa o, en su defecto, se practica deporte de manera regular. Y es que la sexualidad tiene mucho que ver con la calidad de vida. Practicar sexo con frecuencia es una forma de ejercicio físico que aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de ser un marcador de bienestar. En esta línea, un estudio publicado en la revista European Journal of Preventive Cardiology, de la sociedad europea de Cardiología (ESC), demuestra que volver a los niveles habituales de actividad sexual unos meses después de un ataque cardíaco se asocia positivamente con la supervivencia a largo plazo. En concreto, mantener y/o aumentar la frecuencia de la actividad sexual dentro de los primeros seis meses después de un evento cardiovascular se asoció con un 35% menos de riesgo de muerte en comparación con abstenerse o reducir la frecuencia de la actividad sexual.“La sexualidad y la actividad sexual son marcadores de bienestar. La reanudación de la actividad sexual poco después de un ataque cardíaco puede ser parte de la percepción de uno mismo como una persona sana, funcional, joven y enérgica. Esto puede conducir a un estilo de vida más saludable en general”, explica Yariv Gerber, de la Universidad de Tel Aviv, y autor del estudio.

El sexo ayuda a la recuperación

Esta investigación examinó si la reanudación de la actividad sexual poco después de la hospitalización por un primer ataque cardíaco se asoció con la supervivencia durante más de dos décadas. El estudio incluyó a 495 pacientes sexualmente activos de 65 años o menos que fueron hospitalizados por un primer ataque cardíaco entre 1992 y 1993. La edad promedio fue de 53 años y el 90% eran hombres. El beneficio de supervivencia relacionado con el mantenimiento o aumento de la frecuencia de la actividad sexual se atribuyó principalmente a una reducción de la mortalidad no cardiovascular, como el cáncer. En este sentido, el profesor Gerber añade que, volver a ser sexualmente activo poco después de un ataque cardíaco puede ser un marcador de una mejor rehabilitación clínica y psicosocial, es decir, una mejor recuperación. “Una mejor condición física, relaciones más fuertes con el cónyuge y una capacidad mental para recuperarse del impacto inicial del evento en unos pocos meses se encuentran entre las posibles explicaciones del beneficio de supervivencia observado entre el grupo mantenido / aumentado”, añade. “Por otro lado, los pacientes que perciben su salud como mala podrían tener menos probabilidades de volver a tener relaciones sexuales, y también es menos probable que se adhieran a las pruebas de detección del cáncer y otras prácticas de prevención durante el seguimiento. Esto puede explicar la fuerte asociación inversa entre la reanudación de la actividad sexual y la mortalidad por cáncer que se observó en nuestro estudio”, explica.

Al tratarse de una investigación observacional, en la que no se puede asumir la relación causa- efecto “el beneficio neto de la actividad sexual en sí es todavía un tema de debate". “Se requieren numerosos parámetros de salud física y psicosocial para mantener una actividad sexual regular", concluye.