El distanciamiento social por la Covid-19 frena los brotes de escarlatina

El resurgir de esta enfermedad en el siglo XXI se debe a que una variedad de bacterias ha adquirido toxinas “superantígenas”, según una investigación internacional liderada por la Universidad de Queensland

Por el momento, los brotes de escarlatina a nivel internacional se han atenuado en gran parte debido a las medidas de política de salud pública introducidas para controlar la Covid-19. Pero cuando el distanciamiento social se relaje es probable que la escarlatina regrese, tal y como explica el profesor Mark Warker, de la Universidad de Queensland. Warker es uno de los autores de un estudio internacional dirigido por la universidad australiana que ha detectado que el resurgir de la escarlatina antes de la pandemia, se debe a que una variedad de bacterias Streptococcus pyogenes ha adquirido toxinas “superantígenas” formando nuevos clones.

“Al igual que el virus que causa el COVID-19, la bacteria Streptococcus pyogenes generalmente se transmite por personas que tosen o estornudan, con síntomas que incluyen dolor de garganta, fiebre, dolores de cabeza, inflamación de los ganglios linfáticos y una erupción característica de color rojo escarlata”, explica el Dr. Stephan Brouwer, de la citada universidad.

Las autoridades sanitarias de todo el mundo se sorprendieron cuando se detectó una epidemia de la escarlatina, que se creía vencida en la década de 1940, en los países asiáticos en 2011. “Después de 2011, el alcance global de la pandemia se hizo evidente con los informes de un segundo brote en el Reino Unido, a partir de 2014, y ahora hemos descubierto brotes aislados aquí en Australia. Este resurgimiento global de la escarlatina que afecta comúnmente a los niños, por lo general de entre dos y 10 años, ha provocado un aumento de más de cinco veces en la tasa de enfermedad y más de 600.000 casos en todo el mundo”, añade.

“Hemos demostrado que estas toxinas adquiridas permiten que Streptococcus pyogenes colonice mejor a su huésped, lo que probablemente le permita competir con otras cepas. Estos clones bacterianos sobrealimentados han estado causando nuestros brotes modernos de escarlatina”.

Después, el equipo de investigación eliminó los genes de la toxina de los clones que causaban la escarlatina, y se descubrió que estos clones modificados eran menos capaces de colonizar en un modelo animal de infección. “Necesitamos continuar con esta investigación para mejorar el diagnóstico y gestionar mejor estas epidemias. Al igual que el COVID-19, en última instancia, una vacuna será fundamental para erradicar la escarlatina, una de las enfermedades infantiles más omnipresentes y mortales de la historia”.