Ochenta investigadores alertan en “The Lancet” de que la inmunidad de rebaño es “una falacia peligrosa”

Urgen a actuar ya y recuerdan que aunque la segunda oleada está renovando el interés en la inmunidad colectiva, con ella no se pondría fin a la pandemia de Covid-19, sino que daría lugar a ondas repetidas de transmisión durante varios años

El modo en el que se está haciendo frente a la pandemia a nivel mundial ha hecho que 80 investigadores a nivel internacional manden una carta a la revista médica “The Lancet” en la que alertan de que el llamado enfoque de inmunidad colectiva para controlar la Covid-19 al permitir que se desarrolle la inmunidad en poblaciones de bajo riesgo mientras se protege a los más vulnerables es “una peligrosa falacia no respaldada por la evidencia científica”.

Ante una segunda oleada y con más de un millón de muertes registradas en todo el mundo, los autores, entre los que se encuentra José María Martín-Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, presentan su punto de vista sobre el consenso científico respecto a la Covid-19 y las estrategias que deben implementarse para proteger nuestras sociedades y economías.

La carta abierta, a la que sus autores se refieren como el Memorándum de John Snow, está firmada investigadores internacionales con experiencia en salud pública, epidemiología, medicina, pediatría, sociología, virología, enfermedades infecciosas, sistemas de salud, psicología, psiquiatría, políticas de salud y modelos matemáticos, y será también publicada durante el XVI Congreso Mundial de Salud Pública 2020.

En ella, sostienen que "es fundamental actuar con decisión y urgencia. Las medidas efectivas que reprimen y controlan la transmisión deben implementarse ampliamente, y deben estar respaldadas por programas financieros y sociales que fomenten las respuestas de la comunidad y aborden las desigualdades que se han visto amplificadas por la pandemia ".

"Probablemente -continúa la misiva- se requieran restricciones continuas en el corto plazo, para reducir la transmisión y arreglar los sistemas ineficaces de respuesta a una pandemia, a fin de evitar futuros bloqueos. El propósito de estas restricciones es suprimir eficazmente las infecciones por SARS-CoV-2 a niveles bajos que permitan la detección rápida de brotes localizados y una respuesta rápida a través de sistemas eficientes y completos de búsqueda, prueba, rastreo, aislamiento y apoyo para que la vida pueda volver a ser casi normal sin necesidad de restricciones generalizadas. La protección de nuestras economías está indisolublemente ligada al control de la Covid-19. Debemos proteger a nuestra fuerza laboral y evitar la incertidumbre a largo plazo ".

Los autores reconocen que las restricciones en curso han llevado comprensiblemente a una desmoralización generalizada de la población y a una disminución de la confianza entre el público, y que frente a una segunda oleada de infección empieza a haber un interés renovado en la inmunidad colectiva natural (inmunidad de rebaño), entre la población de bajo riesgo mientras se protege a los vulnerables. Un extremo que los científicos descartan absolutamente ya que consideran que cualquier estrategia de manejo de una pandemia que se base en la inmunidad a las infecciones naturales para COVID-19 es defectuosa.

Así, explican que la transmisión incontrolada entre las personas más jóvenes corre el riesgo de que se produzcan graves problemas de salud y la muerte en toda la población, con evidencia sobrada en muchos países y que demuestra que no es posible restringir los brotes no controlados a ciertos sectores de la sociedad, y que es prácticamente imposible y muy poco ético aislar a grandes sectores de la población.

En cambio, los expertos sostienen que los esfuerzos especiales para proteger a los más vulnerables son esenciales, pero deben ir de la mano con estrategias múltiples. También afirman que no hay evidencia de una inmunidad protectora duradera al SARS-CoV-2 después de una infección colectiva, y advierten que esta inmunidad menguante como resultado de una infección “natural” no pondría fin a la pandemia de Covid-19, sino que daría lugar a ondas repetidas de transmisión durante varios años. Y que esto podría poner en riesgo a las poblaciones vulnerables en un futuro indefinido, ya que las estrategias de inmunidad colectiva basadas en infecciones naturales darían lugar a epidemias recurrentes, como se ve con muchas enfermedades infecciosas antes de la vacunación masiva. En cambio, los autores piden luchar contra la expansión del virus hasta que la población pueda ser vacunada.

Los autores también advierten que los enfoques de inmunidad colectiva basados en infecciones naturales corren el riesgo de afectar a la fuerza laboral en su conjunto y abrumar la capacidad de los sistemas de atención médica para brindar atención aguda y rutinaria. Señalan que todavía no entendemos quién podría sufrir de ‘Covid prolongado’, y que los enfoques de inmunidad colectiva suponen una carga inaceptable para los trabajadores de la salud, muchos de los cuales han muerto a causa del virus o han experimentado traumas como resultado de tener que hacer frente a esta pandemia.

La carta concluye afirmando que “la evidencia es muy clara: controlar la propagación comunitaria de Covid-19 es la mejor manera de proteger nuestras sociedades y economías hasta que lleguen vacunas y tratamientos seguros y efectivos en los próximos meses. No podemos permitirnos distracciones que socaven una respuesta eficaz; es fundamental que actuemos con urgencia basándonos en la evidencia” científica.