Padecerá este tipo de tumor una de cada ocho mujeres españolas

Los avances en los tratamientos ha elevado el índice de supervivencia en un 20%

El cáncer de mama es el que sufren con más frecuencia las mujeres en España, por encima del colorrectal, de pulmón, útero y ovarios. Aproximadamente el 30% de los tumores femeninos en nuestro país son de este tipo. Se estima que 1 de cada 8 mujeres lo padecerá a lo largo de su vida. De hecho, este año podría haber 33.551 nuevos casos en nuestro país, según estimaciones del Observatorio de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Esta cifra supone que podrían detectarse 140 casos de la enfermedad por cada 100.000 personas, la llamada tasa de incidencia. La mayoría de ellos se producen entre los 35 y los 80 años, aunque es en la franja de 45 a 65 donde son más abundantes, por eso se implementan en estas edades los programas de cribado. Sin embargo, a partir de los 75 años aumenta el número de mujeres diagnosticadas, con un 15-20% de casos con antecedentes familiares. Es un cáncer que también afecta a los varones: un 1% de todos los nuevos diagnósticos.

Según el informe de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) «Las cifras del cáncer 2019», el tumor de mama continúa siendo la primera causa de muerte por cáncer entre las mujeres en España con casi 6.500 fallecimientos anuales. Aunque el cáncer es una de las principales causas de mortalidad (26,7% de todos los fallecimientos en 2017) por detrás de las enfermedades del sistema circulatorio (28,8%), la supervivencia de las pacientes con cáncer de mama ha experimentado un fuerte ascenso durante los últimos años. Una tendencia que refleja los progresos en la investigación de nuevos tratamientos.

Nuevos fármacos

Cada avance que se consiga en el tratamiento del cáncer de mama que logre una mejora de la tasa de supervivencia del 1% hace que 335 mujeres menos recaigan de su enfermedad y disfruten de una mejor calidad de vida. Los avances en los tratamientos han logrado aumentar la supervivencia en un 20% desde los años 70 hasta este momento. «Se han desarrollado nuevos fármacos que aumentan la supervivencia de los pacientes. Se les ha estratificado mejor y se han desarrollado paneles genómicos que permiten diferenciar qué pacientes se benefician de quimioterapia y cuales no», indica el presidente de la Sociedad Española de Oncología (SEOM), el doctor Álvaro Rodríguez-Lescure.

Las posibilidades de recaída ha disminuido en los últimos años por el progreso en el tratamiento de la enfermedad, que comenzaron en los años setenta con los estudios que probaban los buenos resultados de administrar quimioterapia tras la cirugía. En ese momento también se probó con éxito el tamoxifeno como tratamiento hormonal para el estado avanzado, que más tarde se usó en estadios precoces de la enfermedad.

Sin embargo, uno de los descubrimientos más importantes fue el de los tres tipos de tumores que engloba el cáncer de mama: los «hormonosensibles», los tumores con sobreexposición de HER2 y los triple negativos, que carecen de expresión de receptores hormonales y HER2.

Respecto a los tumores HER2 supuso un buena noticia el desarrollo del anticuerpo monoclonal trastuzumab ya que hasta entonces eran muy agresivos y de mal pronóstico. Y con la llegada del fármaco pertuzumab se produjo un aumento significativo de la supervivencia en pacientes de edad avanzada (aumento de 15 meses en la esperanza de vida), y disminuyeron las recaídas.

Otro fármaco que se ha sumado al anterior es el moderno T-DM1, que combina quimioterapia y trastuzumab, que también se ha aprobado en edades avanzadas, así como para las pacientes que tienen tumores localizados y que no logran una respuesta total después de ser sometidas a quimioterapia prequirúrgica, y que ha reducido el riesgo de recaída. Los avances en el cáncer de mama de tipo HER-2 positivo son continuos, con fármacos con resultados prometedores como el tucatinib o trastuzumab-deruxtecan.

En las pacientes con un tumor «hormonosensible», el tipo más frecuente de cáncer de mama, también se han mejorado los tratamientos. En este caso, se han desarrollado biológicos, como everolimus y, más recientemente, otros que han podido permitir potenciar el efecto de la hormonoterapia: los inhibidores de CDK4/6 (palbociclib, ribociclib y abemaciclib).

En el caso de la enfermedad localizada, uno de los mayores avances ha sido una mejor selección de pacientes a las que es necesario suministrar quimioterapia después de ser operadas de aquellas que no se benefician de ello. Con el desarrollo de los test genómicos se consigue precisar de forma más fiable el perfil del tumor y el riesgo de recaída, lo que permite seleccionar el tratamiento más adecuado, evitando la quimioterapia si no es necesaria porque no aportará beneficio. En 2020 se ha presentado un importante estudio que ha demostrado que el uso de abemaciclib a la hormonoterapia en pacientes con tumores localmente avanzados de alto riesgo reduce el riesgo de recaída.

La inmunoterapia

Este tipo de tratamiento ha mostrado beneficios en un subgrupo de pacientes con cáncer de mama triple negativo avanzado con expresión de la proteína PDL1>1%, en las que se ha visto una mejora con la combinación de inmunoterapia y quimioterapia. Asimismo, algunos ensayos clínicos recientes muestran que al emplearla junto con quimioterapia prequirúrgica en tumores localizados aumenta la respuesta de las pacientes.

En las últimas décadas ha sido muy destacado también el aumento de las cirugías conservadoras, evitando masectomías innecesarias, así como una menor intervención en la axila, reduciendo el riesgo de linfedema (hinchazón por la acumulación de líquidos) y mejorando la calidad de vida de las mujeres.