Los rostros de las olvidadas de la Covid-19

Arantxa, Diana y Dorota denuncian que la pandemia ha silenciado otras enfermedades como la suya. Estas tres mujeres padecen cáncer de mama, un doble calvario en tiempo de pandemia. Se retrasaron sus diagnósticos e intervenciones, lo que ha provocado el empeoramiento de su situación clínica. «Tienen que entender que la gente también se muere de otras cosas», denuncian

«No hay derecho. Quizá alguien piense que la reconstrucción de mi pecho tras someterme a tantas operaciones por el cáncer de mama es un tema estético y que puede esperar por la Covid-19. Pero tengo todo el cuerpo lleno de cicatrices, un seno perfecto y el otro no, pese a los esfuerzos del cirujano», explica Arantxa Romera. La tenían que haber operado este año, sin embargo por la pandemia todo se frenó.

A ella le diagnosticaron cáncer de mama en 2015. «Noté un bulto en la zona de las costillas». Pidió cita y al día siguiente ya tenía diagnóstico. Era cáncer de mama. «Me hicieron una ecografía y una mamografía ese mismo día. Me operaron a los nueve días, fueron los peores de mi vida y eso que todo fue muy rápido». Le quitaron un trocito del seno izquierdo por la parte de abajo. Medía 1,5 cm. En la siguiente operación vieron que tenía metástasis y «me quitaron el ganglio centinela y toda la cadena ganglionar. Recuerdo que en ese momento pedí que me quitaran el pecho pero como tenía menos de 45 años no lo pude decidir. Me tuvieron que dar 16 sesiones de quimioterapia y 33 de radioterapia. Terminé todo en enero de 2016, en sólo seis meses. Hasta ahí todo fenomenal».

A partir de ese momento comenzó el calvario de Arantxa que se agudizó con la Covid-19. Arantxa, miembro de AMAC, volvió a notarse un bulto y «tras otras cinco operaciones me quitaron el pecho, la dorsal, el pectoral y el serrato». Le hicieron una reconstrucción con expansores fallida. «Al romperse la piel tuvieron que volver a hacerme una reconstrucción y me quitaron piel de la espalda». Arantxa se quedó con el pecho «a dos colores, un bulto a la altura de la axila y más de 300 puntos en todo el cuerpo», describe.

Pese a ello, nunca perdió los ánimos. Se fue recuperando y le dieron cita para marzo de 2020 para terminar con la reconstrucción de su pecho. Una fecha que marcó en el calendario porque pensaba que «este verano iba a poder ponerme una camiseta de tirantes. Llevo sin hacerlo tres años. Pero, llegó el coronavirus...» y a partir de ese momento todo se torció. «Hasta entonces todo ha ido muy rápido, si el cirujano decía tres meses o un año, me operaba en esa fecha. Pero con la Covid me dijo que ni de risa me operaban, y me aplazó a junio». «Mis tetas podían esperar... En junio hablé con él y me dijo que eso de que la Covid se había ido no era verdad. En septiembre volvió a preguntar. Y me dijo que para que estemos todos tranquilos echa cuentas que no será hasta 2023». Arantxa no podía ni creérselo.

Está defraudada y no con el cirujano que es ya casi de mi familia, sino con el sistema. Entiendo que la Covid-19 es un asunto prioritario, pero no puede ser que el resto de pacientes estemos olvidados». El daño psicológico es brutal y eso que tiene la suerte de ser una mujer fuerte y de contar con unmarido que le apoya, «el mejor del mundo». Pero la gente «tiene que entender cómo me siento. De tantas operaciones he perdido movilidad, tengo un pecho derecho muy bonito, 95C, de modelo, y el otro lado con tantas cicatrices y puntos me recuerda al Pequeño Frankenstein».

A Dorota la Covid le pilló justo cuando la iban a operar para quitarla el tumor. «A finales de enero me detecté un bulto en el pecho mientras me duchaba. Pensé que era solo un bulto de grasa. Fui al médico con esa idea porque justo un mes antes habían operado a una amiga de eso precisamente. A principios de febrero me hicieron las pruebas,en marzo me hicieron la biopsia y me llamaron para que fuera el día 20. Entrando en consulta me dijeron que tenía cáncer de mama y que me iban a operar lo antes posible. Por el coronavirus no pudieron operarme en el hospital Infanta Leonor y me derivaron al MD Anderson Cancer Center asegurándome mi médico del hospital público que me iban a poder operar allí en una semana. Sin embargo, y pese a ir ya con todas las pruebas hechas me tardaron un mes. Estoy convencida de que si lo hubieran hecho cuando se me dijo no me habrían tenido que quitar todos los ganglios». Al día siguiente de operarme le dieron el alta. «Cuando salí del hospital me dejaron un drenaje en el costado. Tuve que volver a las dos horas porque eso no era normal. El médico me dijo que no se podía hacer nada y me curó la herida abierta. Tuve la sensación de que me atendieron muy rápido. Al paso de los días me dolía tanto que estuve apunto de ir al Infanta Leonor, pero me daba miedo por la Covid-19. Finalmente pedí cita con mi ginecóloga porque tenía unos dolores brutales. Recuerdo que ella se quedó en shock al verme y cuando le dije que me tardaron un mes en operarme. Estaba tan mal que me pospusieron a junio las sesiones de radioterapia porque tenía mucho líquido». Dorota también denuncia que aunque ella pidió que la viera un psicólogo no le dieron cita. «Me enfadé, hay otras enfermedades, no solo la Covid-19. Claro que la pandemia es lo más importante ahora mismo, pero hay gente que muere de otras enfermedades. Somos pacientes, personas con los mismos derechos».

En el caso de Diana lleva «dos años esperando» una cirugía reconstructiva. «Me diagnosticaron cáncer de mama en verano de 2018. En ese momento vivía en Francia y como mi ex pareja tenía cáncer de páncreas y no podía cuidarme me vine a España porque mi familia estaba aquí». Cuando le dieron el diagnóstico reconoce que fue «devastador. Recuerdo que pensé que iba a morirme. Me quitaron la mama izquierda en agosto de 2018. Y me dijeron que como máximo que reconstruían el pecho en verano de 2019. Llamé y me dijeron que había lista de espera de 3.000″ y que tuviera paciencia. Este año, con la Covid-19 esperé a que terminara el estado de alarma para volver a consultar y reclamar. A raíz de la reclamación me llamaron y me mandaron una carta en la que me aseguraron que me iban a operar antes de terminar el verano. Tal es así que mi hija vino de Colombia porque yo estaba sola". Pasaron semanas y meses y Diana fue físicamente a ver qué pasaba con su operación pero nada. “Psicológicamente no estoy bien, estoy muy nerviosa, gracias a que me ayuda una psicóloga de AMAC y mi médico de cabecera que es una excelente persona, pero estoy rota”. A eso se le añade que su hija se tiene que volver a Colombia para continuar con sus estudios por lo que teme que cuando la operen esté completamente sola. “Mi hija se tiene que ir y yo sigo esperando a que me operen. Llevo ya dos años y dos meses esperando, estoy hundida psicológicamente. De hecho te diré que tengo más ansiedad ahora que cuando me lo diagnosticaron. No estoy nada bien. Si hasta he bajado siete kilos. No entiendo por qué me mienten. Hay mujeres que a los seis meses de operarlas las han reconstruido su pecho, ¿por qué a mí no? ¿Piensan que esto es estético? Estoy destrozada psicológicamente. No todo es Covid, los demás también tenemos derecho”.

La pandemia ha hecho estragos en múltiples patologías. En el caso del cáncer, los retrasos en los diagnósticos, tratamientos y cirugías son algunas de las consecuencias. El 60,9% de los centros de oncología de 18 países en la UE redujo su actividad en el pico de la epidemia, siendo los tratamientos oncológicos con mayor probabilidad de ser cancelados o retrasados la cirugía (en el 44,1% de los centros), la quimioterapia (25,7%) y la radioterapia (13,7%), mientras que se observó una duración más reducida de los cuidados paliativos en el 32,1% de centros encuestados, según los

resultados de un estudio presentado recientemente en el Congreso Virtual ESMO 2020. En España, “estimamos que hay entre un 15% y un 20% menos de nuevos diagnósticos de cáncer”, explican desde la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

En el caso del cáncer de mama, según un estudio publicado en “Breast Cancer Research and Treatment”, casi la mitad de los pacientes de EE UU experimentó retrasos en la atención durante las primeras semanas de la pandemia COVID-19. En el caso concreto de España todavía no hay datos. Desde la Asociación Española Contra el Cáncer nos explican que están ultimando un estudio para analizar el retraso tanto de este tumor como de otros. Nos obstante, desde diferentes federaciones y asociaciones reconocen cierto retraso y temen las consecuencias. “Estamos percibiendo retrasos en los diagnósticos que empiezan por primaria. Esto traerá como consecuencia casos más avanzados que todavía no estamos viendo. También son los propios pacientes los que están retrasando sus visitas rutinarias por miedo a la Covid-19. Va a haber un problema serio”, explica Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (Gepac), que recuerda que en general cuanto antes se diagnostique el cáncer de mama mejor, más pequeño será el tumor y mejor resultado se obtendrá tras la cirugía. De hecho, un estudio llevado a cabo por expertos del Centro Médico de la Universidad de Rótterdam (Países Bajos) ya alertó que el retraso en los cribados de cáncer de mama por la Covid-19 puede disparar el número de tumores mamarios.

Desde la Asociación de Cáncer de Mama Metastásico, su presidenta Pilar Fernández Pascual, explica que el colapso sanitario “ha afectado a todos los colectivos de pacientes ya que se han suspendido o ha habido retrasos en pruebas y operaciones. En el caso del cáncer de mama los tratamientos han continuado aunque con retrasos. Eso sí, hemos echado de menos el contacto directo con nuestros oncólogos. Fernández teme que la pandemia pare la investigación, que resulta crucial especialmente en este grado de cáncer de mama”-