Cada vez es más urgente «medicalizar» las residencias geriátricas

(FOTOGALERIA) Vida diaria en la residencia geriátrica Roma de Pallejà (Barcelona), un centro sin casos de Covid-19
Una asistente atiene a una residente de la residencia geriátrica Roma de Pallejà (Barcelona)Enric FontcubertaEFE

Desgraciadamente las residencias geriátricas siguen siendo motivo de portadas y noticias en los medios de comunicación, por los nuevos brotes de la Covid-19, o por los malos tratos que reciben nuestros mayores de quienes, sin ningún tipo de escrúpulos y sin vocación alguna, ocupan un puesto de trabajo al que no tienen ningún derecho, y a quienes todos tenemos la obligación de denunciar de inmediato.

Hoy no es entendible, ni aceptable, que haya ni un solo brote por coronavirus en ninguna residencia geriátrica, porque disponemos de los recursos necesarios para evitar a toda costa que se repita la situación de la primera parte de esta cruel pandemia, aquéllos meses en los que murieron muchas personas mayores, a las «que no les tocaba morir», sin la atención sanitaria necesaria, sin la compañía de sus seres queridos y muy alejados del más mínimo concepto de dignidad y humanización. Si realmente queremos evitar estas crueles situaciones, cada vez es más urgente «medicalizar» estos centros, lo que desde luego no significa convertirlos en «minihospitales».

Se trata en primer lugar de aceptar que no son solo «lugares de alojamiento y que su función es cuidar y no curar» como siguen defendiendo algunos de nuestros políticos, porque sencillamente no es cierto: todos los residentes, o una gran mayoría, están afectados por diversas patologías, que necesitan de un tratamiento médico y unos cuidados especializados y continuos. Deberían reconocer que son centros que deben depender de la Consejería de Sanidad, para que se les pueda ofrecer los tratamientos y cuidados necesarios, al tiempo que hacer respetar la legislación vigente en materia de «Sanidad».

Lo ideal, al menos en mi sincera opinión, es crear en todos los Gobiernos, y especialmente en el de la Comunidad de Madrid, una «Consejería de Sanidad y Bienestar Social», algo que ya existió en nuestro reciente pasado, y que sería la responsable de la «medicalización» de estos centros: un médico responsable del centro durante 24 horas, profesionales de enfermería y técnicos auxiliares de cuidados de enfermería, especializados en Geriatría, celadores, informadores, personal de limpieza y de cocina adecuadamente entrenados y formados para cuidar a las personas mayores y en el proceso de «humanización», tomas de oxígeno y de aspiración en todas las habitaciones, monitores de la saturación de oxígeno y constantes vitales, electrocardiógrafos, desfibriladores y un «carro de paradas».

Y la posibilidad de trasladar a un paciente al hospital de referencia para realizarles las pruebas indicadas por el médico, pero pasando directamente al Servicio de Urgencias, sin la espera del primer triaje, que ya habría hecho el médico del Centro, lo que aceleraría el diagnóstico, el ingreso si es necesario, y el tratamiento más oportuno en cada caso, como ya se hace en la Unidad de Atención al Paciente Institucionalizado (UAPI) del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, que pusimos en marcha en octubre de 2016, y que desde entonces ha reducido de forma eficaz a la mitad la necesidad de ingresos hospitalarios.

Por otra parte, hoy contamos con los «test rápidos antigénicos», mucho más baratos (cinco o seis euros) que las PCR (20-30 euros), y que son seguras, sencillas, fiables, además de que nos permiten conocer sus resultados en tan solo 15 minutos. Debería ser de obligado cumplimiento realizar estos «test» a todos los residentes y a todos los trabajadores de forma periódica, para evitar los cada vez más frecuentes brotes de Covid-19 en nuestras residencias geriátricas.