Día Mundial del Ictus: Volver a dar los primeros pasos de joven tras un derrame

A los 17 años Ignacio sufrió un derrame el día de Reyes. Tras salir del coma, ha vuelto a clase, a usar su brazo derecho y logra, con ayuda, estar unos instantes de pie

«Al principio no comía ni bebía solo. No podía hacer nada. Por las noches soñaba que me levantaba de la cama de la UCI y cogía una botella de agua y me la bebía entera», recuerda Ignacio Zarazaga. Tan sólo tiene 19 años y sabe bien lo que es que la vida te ponga a prueba. Pese a que el ictus es más frecuente a partir de los 55 años, a Ignacio le dio a los 17. Precisamente el día de Reyes. «Abrí mi primer regalo, que era una cartera, y me empecé a encontrar mal. Me asusté cuando se me durmió el brazo derecho. Empecé a hablar raro, tenía la lengua como dormida». A continuación, según le han contado sus padres, se desmayó: «Perdí el conocimiento y me oriné encima». Una ambulancia le llevó al Ramón y Cajal. Los doctores dijeron a sus padres que iba a morir, luego que se iba a quedar vegetal. Sin embargo, al cabo de unas semanas de estar en coma inducido, Ignacio empezó a recuperarse. «Estaba despierto, pero no me enteraba de las cosas. Fue poco a poco. No vi de repente a mis padres, sino que tengo la impresión de que siempre habían estado ahí. Cuando vi a mi abuelo lloré de la emoción», relata este joven con motivo del Día Mundial del Ictus, que se celebra el 29 de octubre.

Al inicio, uno de sus mayores miedos era «no poder expresarme, aunque rápidamente lo hice. Me valía de dos dedos de la mano para poder comunicarme».Volver a caminar, aunque sea sólo un poco, y ser independiente son los objetivos que se ha marcado. «Ahora tengo silla de ruedas eléctrica con la que puedo pasear, pero no puedo salir de casa solo, necesito ayuda para abrir la puerta del ascensor y la del portal», explica.

Su rehabilitación comenzó estando en la propia UCI. Recuerdo que el personal de la Fundación Dácer venía y me movilizaban estando yo en la cama. A continuación, estuvo un mes haciendo rehabilitación en el gimnasio del hospital. Tras lo cual «estuve tres meses en la Fundación San José, donde me ayudaron sobre todo en el tema cognitivo. De hecho, he podido volver a estudiar. Curso Segundo de Bachillerato».

Aún así Ignacio quería cumplir su objetivo: volver algún día a dar unos pasos. Algo que logró en el Centro de Neurorehabilitación CEN, en Aravaca (Madrid). «Hasta que no comencé aquí no tenía ningún control sobre mi tronco. En mayo pude dar mis primeros pasos. No sé cómo describirte la alegría que sentí, vale que era con una máquina de soporte de peso y fuerza en las piernas, pero por fin lo hice». «Antes mi terapia era de camilla porque tenía rigidez muscular y no creía que fuera posible hacer esto, pero ahora voy a por todas». Un objetivo que requiere un gran esfuerzo. Porque en el CEN acude no una hora ni dos. «Los primeros días estaba muy cansado. Pasé de una hora de rehabilitación a seis de terapia, llegaba a casa medio muerto», dice feliz. «Merece mucho la pena», añade este joven, que reconoce que para llegar a tiempo hay veces que come «como un troglodita».

«Las unidades de ictus salvan vidas. Pero a día de hoy la rehabilitación es muy deficitaria. Y cuanto antes se empiece mejor. Es algo que llevamos mucho tiempo reclamando. Los tratamientos son caros porque la rehabilitación son muchas horas. Ojalá en un futuro los tratamientos que hacemos, que son los más efectivos, no los tengan que asumir al 100% las familias de su propio bolsillo», explica José López, director técnico de CEN. Cuando Ignacio fue a estas instalaciones, «se ponía de pie con mucha dificultad porque tenía un tono muscular muy bajo, las piernas rígidas como palos. Además, le daban 250 mg al día de un relajante muscular, el doble de la dosis máxima, esto explica que tuviera las piernas anestesiadas. Hemos bajado la dosis y la intención es seguir haciéndolo». La rehabilitación y esto ha permitido que «empiece a caminar distancias cortas con ayuda de alguien, antes no podía pasar el solo de la silla de ruedas a la cama y ha cambiado su actitud con estos logros».

Su ilusión no es para menos. Unos meses antes tenía todo el brazo derecho afectado. «Lo sentía pero no lo usaba. Me han enseñado a sujetar cosas. Al principio iba al colegio y para abrir el estuche era un número. Lo sujetaba con la mano izquierda y lo abría con la boca. Ahora puedo recoger la mesa, cojo un vaso con la derecha y los cubiertos con la izquierda. También puedo ponerme una camiseta, para los pantalones eso sí me tienen que ayudar, al igual que para ducharme porque no tengo la movilidad necesaria para enjabonarme la espalda o de rodillas para abajo». Dada su edad, le preguntamos si le da algo de apuro, y no: «Estoy muy agradecido a mis padres. Esto me ha hecho madurar en meses, no en años». También ha conseguido «estirar las piernas cuando quiero, pasar de la silla al coche y de la silla al baño con ayuda de mis padres». Pequeños pasos de gigante de este joven que de mayor le gustaría ser periodista deportivo. «Siempre me han gustado los deportes, natación, fútbol, esquí». Y de hecho ya esta pensando en apuntarse al esquí adaptado. «A ver si en invierno se puede ir o no por la Covid-19. Yo estoy dispuesto a probarlo. Estoy dispuesto a todo».