Sociedad

La falta de stock obliga a racionar la inmunoglobulina

Por la pandemia cayó la donación de sangre y plasma. Ahora, los hospitales se ven obligados a reducir las dosis de los fármacos elaborados con ellos a pacientes con déficit de anticuerpos. Urge donar

Por la pandemia cayó la donación de sangre y plasma. Ahora, los hospitales se ven obligados a reducir las dosis de los fármacos elaborados con ellos a pacientes con déficit de anticuerpos. Urge donar
Por la pandemia cayó la donación de sangre y plasma. Ahora, los hospitales se ven obligados a reducir las dosis de los fármacos elaborados con ellos a pacientes con déficit de anticuerpos. Urge donarJ.J.GuillenEFE

Nuestro sistema inmunitario fabrica anticuerpos para proteger al cuerpo de bacterias, virus y otros patógenos. Pero si no produce los suficientes puede tener una mayor probabilidad de tener infecciones reiteradas. Frente a ello, uno de los tratamientos es la inyección de inmunoglobulinas que se obtienen a partir del plasma de los donantes. Pero la Covid ha dejado los stocks de plasma bajo mínimos, básicamente porque si uno no podía ni ver a su familiar ingresado, no ya con Covid, sino por una operación, ni se le pasaba por la cabeza que pudiera donar, aunque así fuera. Y de las donaciones dependen la mayoría de pacientes con inmunodeficiencias que desde hace una semana han empezado a ver cómo les cambiaban las dosis y les espaciaban la periodicidad.

Es el caso de Belén Luján, que desde hace 26 años tiene una neuropatía inflamatoria desmielinizante crónica. «Empecé a no poder caminar con normalidad, como si me pesaran las piernas. Tropezaba y tropiezo mucho. Me diagnosticaron el Síndrome de Guillain-Barré y después la neuropatía crónica. Tras la última recidiva, hace tres años, he pasado de ir un día al hospital de día para recibir el tratamiento a tres días cada cuatro semanas, y ahora me han recortado las pautas».

El medicamento con inmunoglobulinas, como explica Luján, «va por peso. El pasado viernes ya me lo bajaron a 25 gramos el gotero diario, cuando hasta ese momento me ponían uno con 30. Y ahora, en vez de volver a ponerme el tratamiento a las cuatro semanas, me lo aplazan a seis por la escasez de inmunoglobulinas». «Y lo mío no es tanto. En otros pacientes el recorte de la terapia resulta más sangrante, en algunos casos con una reducción a la mitad», denuncia Belén. «Necesitamos que la gente done, no es una crítica, es que urge fomentar las donaciones de plasma», añade.

A Belén Luján le han recortado el tratamiento. «Y mi caso no es el más sangrante» FOTO: Cipriano Pastrano Delgado La Raz—n

«Estamos bajo mínimos»

«Es un problema en todo el país y a nivel mundial», explica Marta Ortiz, enfermera del Hospital Clínico San Carlos, en Madrid. «Se sabía que iba a haber una reducción de las inmunoglobulinas porque las donaciones durante el primer año de pandemia fueron casi nulas. Ahora estamos bajo mínimos», denuncia.

Desde la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) inciden en que es un problema mundial: «Por causa de la Covid se produjo un descenso muy significativo de las donaciones de sangre y plasma a nivel global, que ha tenido un impacto sobre la disponibilidad de los medicamentos obtenidos de sangre y plasma en todos los países».

«Las medidas adoptadas de confinamientos, distancia social, etc., motivadas por la pandemia, han impactado en las donaciones de plasma a nivel mundial y también en España. El plasma es la única materia prima para producir medicamentos plasmáticos (entre los que se encuentran las inmunoglobulinas), por lo que esta situación puntual de menor disponibilidad de este medicamento plasmático se debe principalmente a este motivo», confirma Eduardo Herrero, presidente del área industrial de la División Bioscience de la farmacéutica Grifols.

«Es importante entender –prosigue– que España no genera suficiente plasma para producir todos los medicamentos plasmáticos que necesita y que la recogida de plasma destinado a fraccionamiento para la fabricación de hemoderivados no se ha incrementado en los últimos 10 años. De hecho, casi el 60% del plasma necesario para fabricar esas terapias esenciales en nuestro país procede de la UE (Alemania, Austria, Hungría y República Checa) y de EE UU, con los estadounidenses responsables de aproximadamente un 68% de todo el plasma recogido en el mundo. Esta dependencia se ha agravado en 2020 cuando, según la PPTA (Plasma Protein Therapeutics Association), las donaciones de plasma en EE UU cayeron casi un 20%. Realmente es un problema global, no sólo de España».

¿Quiénes necesitan inmunoglobulinas?

En este caso es importante diferenciar los dos grupos de pacientes que hay. Aquellos «con inmunodeficiencias primarias, que necesitan este tratamiento para vivir», ya que tienen déficit de producción por lo que su sistema inmune es deficiente, «y luego están los pacientes con neuropatías crónicas, que tienen los valores normales de IgG (un anticuerpo) en sangre, pero hace que repercuta en otra función», explica Ortiz.

«En mi hospital se ha llegado a un acuerdo para casi no tocar la medicación a los pacientes con inmunodeficiencias primarias. A los que sí se les han bajado la dosis y la periodicidad es a los que tienen neuropatías crónicas, ya que en algunos casos hay tratamientos alternativos», afirma Ortiz.

Otra cosa es si les funciona igual de bien, y es que «estos pacientes son los más perjudicados», reconoce Ortiz, que justo el día que hablamos con ella ha recibido una orden de farmacia para hacer un recorte mayor.

«Para que te hagas una idea, tengo a una paciente a la que antes le poníamos 50 gramos de inmunoglobulinas por tratamiento, 150 gramos en tres días. Y ahora se lo han reducido a 60 en total. Es decir, ahora lo que le ponía casi en un día se lo pondré en tres. Sé que en cuanto se lo diga se va a poner a llorar». Y no será la única. «Los pacientes se van a sentir mal, porque tienen una debilidad tremenda y si se les baja el tratamiento se sentirán más débiles. Urgencias se va a llenar», advierte Ortiz, que incide en que «hay que fomentar la donación de plasma. Necesitamos que la gente done más. Todos nos hemos centrado en la Covid, pero teníamos que haber previsto que esto podría pasar. Hay que aprender de los errores para que no vuelvan a suceder».

Y aunque en la actualidad las donaciones están remontando (en verano habrá el «parón» habitual), la producción de estos tratamientos no es de un día para otro. Fabricar estos medicamentos lleva su tiempo, lo que «hace que sea meses después cuando se esté viendo esta reducción de las cantidades disponibles. La afectación puede variar ligeramente de uno a otro fabricante en función de las características de su cadena de suministro», explican desde Aemps. En concreto, «entre siete y 12 meses», precisa Herrero. De hecho, según fuentes del sector, «en tres o cuatro medicamentos de inmunoglobulinas el problema de suministro es «de larga duración, para 2022. No es habitual que la Aemps informe de ese plazo».

Más demanda

Pero no sólo es porque con la Covid disminuyeron las donaciones. «El problema es porque el grifo no se ha abierto y porque el desagüe se ha abierto más», explica el Dr. Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). «Las inmunoglobulinas se han usado como profilaxis en pacientes con Covid, también en afectados que han sufrido retraso en el trasplante de órganos, etc.», precisa. «No se trata de generar alarma entre los pacientes, pero hay que fomentar las donaciones. De hecho, lo ideal sería tender a ser autosuficientes, ya que cada vez son más los pacientes con déficit de anticuerpos a los que estamos tratando. Además, cada vez usamos más tratamientos con inmunoglobulinas», concluye.