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Nuevas evidencias vinculan que las infecciones comunes están detrás del alzhéimer o el párkinson

Pasar una infección urinaria o gastrointestinal severa podría aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, según un nuevo estudio internacional

Nuevos indicios apuntan a que los virus y las bacterias están detrás de algunas enfermedades neurológicas
Nuevos indicios apuntan a que los virus y las bacterias están detrás de algunas enfermedades neurológicas DREAMSTIME DREAMSTIME

Después de estos dos años y medio de pandemia de la Covid-19 ya hemos aprendido, con creces, que los virus y las bacterias pueden tener consecuencias muy diversas en el organismo de una persona. De hecho, una hipótesis que cada vez gana más fuerza es que una infección vírica, bacteriana o incluso fúngica, podría estar detrás de algunos casos de enfermedades neurodegenerativas. Y esta teoría ha vuelto a quedar negro sobre blanco hoy tras la publicación hoy de un nuevo estudio en «PLOS Medicine» impulsado por investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia.

En concreto, el nuevo trabajo apunta a que «las infecciones graves que necesitan un tratamiento especializado con atención hospitalaria durante las etapas tempranas y medianas de la vida se asocian con un mayor riesgo posterior de desarrollar patologías neurodegenerativas, en concreto las enfermedades de alzhéimer y de párkinson, una vinculación que, sin embargo, no se ha visto en otras patologías como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)», tal y como refleja la prepublicación.

De esta manera, según advierten los investigadores, los estudios experimentales en animales han sugerido que la infección juega un papel en el desarrollo de algunas enfermedades neurodegenerativas, pero lo cierto es que la evidencia de respaldo en humanos todavía resulta muy limitada. Así, en el nuevo estudio, los investigadores utilizaron datos de personas diagnosticadas con alzhéimer, párkinson y ELA entre 1970 y 2016 en Suecia, así como cinco controles emparejados por caso, todos identificados del Registro Nacional de Pacientes de Suecia.

El análisis incluyó 291.941 casos de alzhéimer, 103.919 casos de párkinson y 10.161 casos de ELA. Pues bien, según las conclusiones obtenidas, «una infección grave, ya sea urinaria o gastrointestinal –por ser las más comunes–, que requirió tratamiento en el hospital cinco o más años antes del diagnóstico de la enfermedad neurodegenerativa, se asoció con un incremento del riesgo del 16% en alzhéimer y un 4% mayor de párkinson, con riesgos similares observados para infecciones bacterianas, virales y de otro tipo y para diferentes tipos de infección según el órgano afectado. Así, el mayor riesgo de enfermedad se observó en personas con infecciones múltiples tratadas en hospitales antes de los 40 años, hasta el punto de que el riesgo se duplicó, y más de 40% de aumento del riesgo de párkinson. Sin embargo, no se observó asociación para la ELA, independientemente de la edad al momento del diagnóstico.

Un factor precipitante

Con estos datos sobre la mesa, cabe preguntarse la trascendencia que puede tener un trabajo de este tipo. «Este estudio destaca porque tiene un gran número de pacientes y cuenta con un largo periodo de seguimiento, lo que le otorga una gran trascendencia en cuanto a que los resultados pueden ser bastante fiables. Sin embargo, también analiza épocas diferentes, lo que puede hacer que surjan dudas», asegura José Miguel Láinez, presidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Lo que sí corrobora es que «las infecciones comunes podrían ser un factor de riesgo, sobre todo para casos de alzhéimer y párkinson, en personas en las que estas patologías debutan antes de los 60 años, algo que puede resultar novedoso. Los datos son claros y demostrarían que hay un vínculo, aunque nos faltaría por saber la causa», afirma Láinez, quien añade que «probablemente podría estar relacionado con la posibilidad de que haya personas con predisposición a padecer estas enfermedades y que haya una infección que pueda desencadenar o inducir mecanismos inflamatorios o incluso algunos cambios inmunológicos. En este caso hablaríamos de que es un factor precipitante y no causal, pero faltaría mucho por demostrar».

Y es que, tal y como apunta Gurutz Linazasoro, neurólogo de la Policlínica Guipúzcoa, «los virus y las bacterias es algo que está en el foco de las investigaciones en este campo. Es algo que no descartamos, pero por ahora es difícil de demostrar, ya que las enfermedades neurodegenerativas son muy diferentes entre sí».

¿Influye el contagio por Covid-19?

Desde el inicio de la pandemia, «cuando se describieron los primeros síntomas de anosmia (pérdida de gusto y olfato), la Ciencia puso en la diana la posibilidad de que pasar la infección por Covid-19 aumentara el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas a largo plazo», recuerda Linazasoro. Sin embargo, «somos optimistas, ya que todo apunta a que, aunque pueda tener alguna vinculación, no sería determinante y no incrementaría el riesgo de demencias más allá de los dos dígitos», avanza Láinez.