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Un investigador español tiene la clave para acabar con la experimentación animal

Fidel Ortega Ortiz de Apodaca alienta a sustituir investigación en animales por microchips con órganos obtenidos de tejidos humanos

Imagen de archivo de un ratón de laboratorio
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Según datos de "Cruelty free international" (organización que busca acabar con los experimentos en animales), se estima que se utilizan al menos 192 millones de animales al año con fines científicos, cifra posiblemente más fiable en estos momentos. Los países que mayor número de animales utilizan para estos fines con China (con 20,5 millones), Estados Unidos (15,6 millones) y Japón (con 15 millones).

Pues bien, el académico de la Real Academia Nacional de Farmacia, investigador y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Fidel Ortega Ortiz de Apodaca tiene la solución para evitar esta práctica así como incentivar la iniciativa de la FDA (la agencia del medicamento de Estados Unidos) tendente a dejar de usar animales para la investigación de nuevos fármacos necesarios para mejorar la salud de las personas. En su lugar, trasladar a un microchip ese 'laboratorio' con órganos obtenidos a partir de células humanas.

Lo hizo durante su intervención en el ciclo "Ciencia y Tecnología: Perspectiva desde las Reales Academias", organizado por el Instituto de España, donde destacó que las ventajas de usar estos sistemas experimentales representa la posibilidad de realizar esas investigaciones en un entorno fisiológico y fisiopatológico replicable a las características del ser humano tanto en modelos sano y como de enfermedad, posibilitando la interacción intercelular que se produce en los sistemas “in vivo” y una elevada capacidad de muestreo, con la posibilidad adicional de integración de sistemas inteligentes de análisis automático.

Actualmente, aseguró al respecto, en los dispositivos microfluídicos se pueden incorporar, por ejemplo, organoides obtenidos a partir de células humanas, es decir, un hígado, un riñón, un pulmón, un páncreas o células cerebrales -es decir, un pequeño cerebro-, que se comportarían como lo hacen en los seres vivos, mimetizando su comportamiento.

“Se trataría de sustituir a los animales por esos dispositivos, que sería como trasladar las características de un laboratorio de investigación a un microchip, fabricado con tecnología de fotolitografía, de manera que en un espacio de unos centímetros tenemos todo el recorrido y los procesos que se hacen en el laboratorio”, destacó al respecto el académico de la Real Academia Nacional de Farmacia.

¿Cómo funcionan?

Entre otros, por ejemplo, señaló la posibilidad de incorporar en compartimentos específicos del chip esos organoides con tejidos humanos: ”Esos tejidos humanos, cuando le adicionas un medicamento responderán de igual forma que lo haría un hígado, un riñón o un pulmón cuando se administra ese medicamento en humanos”.

Esto serviría, aseguró al respecto, para poder probar en ese chip si ese órgano en concreto se ve afectado, detectando biomarcadores de daños, por ejemplo, o sencillamente, si se trata de un corazón que deja de latir.

Todo esto conllevaría a que en un futuro se podrían sustituir los animales por órganos en un chip -se podrían introducir órganos humanos fabricados a partir de células humanas-, “con lo que la aproximación sería incluso mucho más exacta, dado que los órganos animales no se comportan exactamente igual que los órganos humanos”. De hecho, se han comprobado faltas de seguridad en medicamentos que no se detectaron y que luego se manifestaron en los humanos durante las fases clínicas o incluso después de ser autorizados y comercializados.

Sin embargo, para dar este paso todavía faltarán años de investigación, porque estamos en un estadio bastante inicial, pero se espera que a partir de 2026/2030 haya ya dispositivos suficientemente representativos y validados como para poder utilizarlos. Será, aproximadamente, en 2045 cuando se puede prever que ya no habrá que contar con animales para esas investigaciones. Por eso, es imprescindible avanzar en esa línea de investigación.

Las últimas investigaciones apuntan a que el 96% de los fármacos candidatos que pasaron los ensayos preclínicos con animales no llegaron al mercado; y el El 50% del fracaso en los ensayos en las fases clínicas se debe a problemas de seguridad que no son detectados en la fase preclínica.