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15 años sin Sandra Palo: La indefensión de no tener #hashtag

El crimen de Sandra Palo hoy hubiera dinamitado todos los medidores de indignación pública. Brutalmente violada, quemada y asesinada por cuatro jóvenes, tres de ellos menores cuyas penas no superaron los ocho años, su caso apenas logró una mínima modificación de la controvertida Ley del Menor.

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15 de mayo de 2018. 11:18h

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Laura L. Álvarez Madrid. 13/5/2018

Su crimen habría roto todos los medidores de indignación pública y no habría «hashtag» solidario posible que estuviera a la altura del caso. Pero entonces nadie podía lamentarse a través de las redes sociales. No se recuerda en Madrid suceso más brutal ni sentencia más indignante que la de Sandra Palo. El jueves se cumplen 15 años del macabro crimen pero la semana pasada bajo el famoso hashtag #Cuéntalo –desde el que personajes famosos y anónimos (la mayoría) denunciaron casos de abusos sexuales–, se quiso recordar a la joven madrileña brutalmente asesinada.

«Tengo 22 años y una leve discapacidad psíquica. Cuatro hombres me raptan y me violan repetidamente. No contentos, me atropellan siete veces. Aún con vida me rocían con gasolina y me prenden fuego. Tres de mis asesinos están en la calle. Lo cuento yo porque Sandra Palo no puede», firmó en Twitter @martolius el pasado 28 de abril.

Sandra bien podría haber abanderado los #HermanaYoSíTeCreo pero su testimonio ni siquiera pudo ponerse en entredicho porque ya no estaba en este mundo cuando sus cuatro agresores –tres de ellos menores en el momento de cometer el crimen– fueron juzgados y condenados. Ella fue víctima de otra manada, peor si cabe que la de los sevillanos, porque no sólo la violaron en un descampado cercano a la A-42 sino que, cuando ella intentaba escapar a la carrera tras la agresión sexual, la atropellaron con un Citroen ZX robado pocas horas antes en Alcorcón y, después de ir a comprar gasolina a propósito, la quemaron cuando aún se movía un poco.

La sentencia del Juzgado de Menores número 5 de Madrid del 13 de octubre de 2005, (proc. 258/2003) fue, de nuevo, desoladora «con la ley en la mano». Y eso que en su caso no solo hubo «agresión» sexual, luego la asesinaron. ¿La condena? Para el mayor de edad 64 años de cárcel pero, para los dos que tenían 16 años ocho años de privación de libertad y cinco de libertad vigilada. Y para el que tenía solo 14 años en aquel momento, cuatro años de «prisión» y cinco de libertad «vigilada», en los que estuvo delinquiendo desde el minuto uno. Una sentencia a todas luces indignante y que sacó a la luz las vergüenzas de la Ley del Menor.

Luchando por su modificación sigue, 15 años después, Marimar Bermúdez, madre de la víctima. Ella fue pionera en reclamar una reforma urgente de la Ley del Menor y, a pesar de todas las cosas que le han pasado por el camino, no ha sucumbido al cansancio en todos estos años. «¿Por qué no lo he dejado? Por mi hija, por supuesto, y también por todas las víctimas. Pero no es algo que yo haya decidido, esta lucha me vino impuesta el día que mataron a Sandra».

No tira la toalla a pesar de que no ha conseguido prácticamente nada de lo que pedía y, a estas alturas, no es que tengan muchas esperanzas. «En mi caso no han legislado en caliente, ni en frío, ni en templado», zanja. Lo «bueno» de que su crimen fuera hace ya tanto tiempo es que Marimar ya ha visto desfilar a muchos políticos y alguno ha tenido que sostenerle la mirada sin argumento posible porque han tenido muchos años para cambiar las cosas, si es que hubieran querido. «Logramos que se cambiara un punto de la ley y ahora nos podríamos personar en un juicio como acusación particular. También que los menores condenados pasen a una cárcel de adultos al cumplir los 21 y no los 25 años, como ocurría cuando mataron a Sandra». Pero las penas de privación de libertad en centros de menores siguen sin cambiar. Y eso que, a día de hoy, continúan reuniéndose con políticos (la última, hace unos días, con Carlos Rojas, vocal del PP en la Comisión de Justicia del Congreso) y acudiendo a apoyar a todas las víctimas. «Llega un momento en que te cansas de repetir lo mismo, pero no vamos a parar», dice.

El aniversario más duro

Es cierto que cada aniversario es duro para Marimar pero este año se le ha juntado con la reciente pérdida de su padre y el caso de «la Manada», que también le ha removido. «Eso sí que fue una manada cruel», apunta Francisco Palo, padre de la asesinada y apoyo vital para Marimar.

Cuando pasó todo, ella se quedó hasta sin habla. Ahora sus dos nietos, de 12 y cuatro años y sus perritas (la última, Asia, de sólo cuatro meses) le consiguen arrancar alguna sonrisa. Pero «las piedras que llevo en mi mochila», como ella dice, «cada vez pesan más» y «mi psiquiatra me dice que ya no hay más medicación para darme. Tomo 14 pastillas al día y mi marido lleva cuatro infartos».

Por si no fuera bastante pesadilla el crimen de Sandra, han tenido que lidiar con otros añadidos. Pocos años después del crimen de su hija, su teléfono apareció en una web de contactos y durante una temporada le llegaban mensajes al móvil proponiéndola encuentros sexuales y llamadas de madrugada. Algún «gracioso» le había metido en ese brete. También sintieron el rechazo de los políticos: en 2012 dejaron de ingresar la escasa subvención que percibían para su asociación, destinada a ayudar a otras víctimas, porque solo mantuvieron las subvenciones a las víctimas del terrorismo.

«Hubiera preferido dos tiros»

«Yo he dicho muchas veces que hubiera preferido que a mi hija la pegaran dos tiros o hubiera muerto en los trenes de Atocha. Hubiera sufrido menos y ahora tendría otro tratamiento», dice. «Al final son los políticos los que nos dividen porque parece que hay clases de víctimas. Es indignante. ¿Qué interés hay en quitarnos de en medio?».

Pero el gran mazazo fue la estafa que habrían sufrido por parte de su primer abogado, José María Garzón, conocido como el «abogado de los famosos», que se hizo conocido precisamente por llevar el caso de Sandra Palo y de Rocío Wanninkhof. Le acusan de estafa, falsedad documental y apropiación indebida. No solo a ellos, al parecer hay muchas víctimas y hubo hasta denuncia conjunta hace un par de años. El asunto aún está en los tribunales pero lamentan haberse dado cuenta «tan tarde», en 2008. Esperan que algo de ese caso llegue a buen puerto porque dicen que de la única indemnización de la que vieron «un duro» de todas las que dictaba el fallo de la sentencia solo fue la parte correspondiente a «El Rafita», porque estaba tutelado por la Comunidad de Madrid y sí podía hacer frente al pago. «De ese 80% que nos indemnizaron, prácticamente todo se lo quedó el abogado», denuncian.

A pesar de todo, esta familia de Getafe (Madrid), que sigue esperando que el Ayuntamiento ponga una calle a Sandra, como prometieron, el próximo sábado 19 ha convoncado una concentración a las 12:00 horas en la Puerta del Sol. «No es sólo para recordar a Sandra, desgraciadamente hay muchas víctimas», dice esta madre que siempre recalca su agradecimiento con la sociedad aunque ella sólo quiere «ser una abuela normal».

¿Hubo reinserción? Los asesinos suman 47 detenciones en menos de 10 años

17 de mayo de 2003. Un camionero pasa por la carretera de Toledo y, a la altura del punto kilométrico 8,200, en el descampado cercano a la empresa “Rótulos Fraile S.L.”, ve el cuerpo semicarbnonizado de una persona. Pocas horas antes, sobre las 2:30 horas de la madrugada, en ese mismo escenario ocurrieron escenas propias de la peor película de terror. Francisco Javier Astorga Luque, “El Malaguita”, de 18 años; Juan Ramón Manzano Manzano, “Ramoncín”, de 16 años, al igual que Ramón Santiago Jiménez “Ramón” y Rafael García Fernández (ahora Fernández García), de 14 años y conocido como “El Rafita”, viajaban en un Citroen ZX rojo que acababan de robar el Alcorcón. Eran las fiestas de San Isidro y pensaban ir a dar algún palo por ahí pero en la zona de Marqués de Vadillo les surgió un plan nuevo. Al otro lado del quitamiedos de la M-30 vieron que caminaba una pareja. Eran Sandra y su novio. De “común acuerdo”, según recogió la sentencia, decidieron abordarles para obligarles a montar. A él trataron de robarle la cartera y el móvil pero le el siguiente desvío pararon el coche para echarle a patadas. Sandra, sin embargo, fue retenida en el interior. Conducía “El Malaguita”, “Ramón” iba de copiloto y, en el asiento de atrás, iba Sandra en el medio de “El Rafita” y “Ramoncín”. Le fueron diciendo expresiones tipo “chúpamela” y en ese descampado cercano a la A-42 metieron el coche. La sacaron a empujones para “no dejar huellas de violación en el vehículo”. La desnudaron y la tiraron al suelo para “sucesivamente penetrarla vaginalmente el mayor de edad y, en relación a los menores, al menos “Ramoncín” y “El Rafita”, que eyaculó limpiándose el pene en un trapo de polvo que había en los alrededores, mientras los demás colaboraban sujetando fuertemente a la víctima al tiempo que (...) escuchaban los gritos de Sandra pidiendo ayuda”, según la sentencia. Tras ser violada, trató de huir y les pidió que la dejaran ya en paz, que tenía que ir a la comunión (ese mismo sábado) de su hemano pequeño, Ismael. Pero prefirieron matarla, por si acaso. La sentencia recoge como hechos probados que “cuando terminaron, mientras Sandra trataba de vestirse y huir del lugar resolvieron que tenáin que matarla para que no los delatase. Así embistieron el coche contra ella, empotrándola contra un muro trasero, arrastrándola por éste, cayendo finalmente al suelo para pasar de nuevo el vehículo marcha adelante y marcha atrás en reiteradas ocasiones por encima del cuerpo unas ocho o diez veces”. “Al ver que la joven no se movía decidieron, de común acuerdo, quemarla para que no quedara huella alguna de su acción y para ello se dirigieron todos juntos de nuevo en coche hasta una gasolinera ubicada en plaza Santa Mnaría de la Cabeza esquina plaza Fernández Ladreda, donde “Ramoncín” se bajó para comprar un euro de gasolina”. “Después regresaron al lugar de los hechos y rociaron el cuerpo de la joven con gasolina mientras Sandra, según pudo ver “Rafita” aún movía los brazo muy despacio como intentando incorporarse. Prediéndole fuego para fallecer instantes después quedando tumbada en el suelo”.

El relato es estremecedor. El único mayor de edad en aquel entonces, “El Malaguita”, fue condenado a 64 años de prisión y sigue preso en la cárcel de Herrera de la Mancha. Comparte patio con individuos como Tony King (asesino de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes), Santiago del Valle (la niña Mari Luz Cortés), José Bretón (niños de Córdoba) y Antonio Ortiz, pederasta de Ciudad Lineal. El resto están en libertad.

Los dos “Ramones” tenían 16 años cuando cometieron el crimen y fueron condenados a 8 años de privación de libertad en un centro de menores. Desde que salieron, “Ramón” ya ha sido detenido en 13 ocasiones -la mayoría por receptación, robo con violencia, contra la seguridad vial, desobeciencia a la autoridad y pertenencia a organización criminal y “Ramoncín” otras tres por robo con fuerza. Hoy tienen 31 años y parece que están lejos de la reinserción.

Pero “El Rafita”, el más famoso porque sólo tenía 14 años cuando cometió el crimen y sólo fue condenado a 4 años en un centro de menores, ya acumula 24 reseñas policiales a fecha de hoy. Robo con fuerza en su inmensa mayoría pero también tiene varias requisitorias judiciales y pertenencia a organización criminal. Siempre se le ha puesto de ejemplo de “no reinserción” y es que se dedica al negocio familiar, ilícito de cabo a rabo. El abuelo del criminal, gitano, Eduardo García, se instaló con su familia hace 16 años en la Cañada después de dejar el poblado de Cerro la Mica. Sus 10 hijos están casados con “payas”, por lo que el “Rafita” es “entreverao” o “merchero”.

Esta familia se ha dedicado toda la vida a robar coches, desguazarlos en las parcelas que tienen en la Cañada y revenden sus piezas para colocarlas en el mercado negro. Suelen venderlas a mafias que las revenden en el norte de África o bandas del Este. “El Rafita” ha seguido la tradición familiar y por eso le han detenido tantas veces por rovos de vehículo, aunque no tiene ni carné de conducir. Hace sólo tres meses la Policía Nacional hizo una macrooperación por este tema y detuvieron en la Cañada Real a 42 personas, la mayoría familiares del delincuente. A él también le buscaban y se presentó “voluntariamente” en la comisaría de Villa de Vallecas pero quedó en libertad tras declara alrededor de una hora.

Solo uno de los cuatro asesinos de Sandra Palo era mayor de edad cuando les condenaron. Su pena alcanzó los 64 años; las de los menores no superaron los ocho años en un centro de internamiento. En la actualidad tres están en libertad, pero lejos de haberse reinsertado, todos han iniciado una nueva carrera delictiva que comenzó durante su etapa en libertad vigilada. «El Rafita», «Ramón» y «Ramoncín» suman a día de hoy 47 detenciones policiales. Solo «El Rafita» tiene 24 reseñas en su historial policial.

15 años sin Sandra Palo: La indefensión de no tener #hashtag

«El Malaguita»

Edad al condenarlo: 18

Condena:

64 años de prisión

Situación actual:

Francisco Javier Astorga Luque es el único de los cuatro que continúa en prisión. Está en Herrera de la Mancha y comparte patio con Tony King (asesino de Rocío Wanninkhof y Sonia Carabantes), José Bretón (niños de Córdoba) y Antonio Ortiz, pederasta de Ciudad Lineal.

15 años sin Sandra Palo: La indefensión de no tener #hashtag

«Ramón»

Edad al condenarlo: 16

Condena:

8 años de privación de libertad en un centro de menores y 5 de libertad vigilada.

Situación actual:

Entra y sale de la cárcel con cierta asiduidad por robo con violencia, contra la seguridad vial y desobediencia.

15 años sin Sandra Palo: La indefensión de no tener #hashtag

«El Rafita»

Edad al condenarlo: 14

Condena:

Cuatro años de privación de libertad en un centro de menores y tres años de libertad vigilada

Situación actual:

Es el mejor ejemplo de condenado que no se ha reinsertado. Desde que salió del centro de menores, en 2007, no ha dejado de delinquir. Se dedica al negocio familiar: robar coches, desguazarlos y revenderlos por piezas.

15 años sin Sandra Palo: La indefensión de no tener #hashtag

«Ramoncín»

Edad al condenarlo: 16

Condena:

8 años de privación de libertad en un centro de menores y 5 de libertad vigilada.

Situación actual:

Lejos de haberse reinsertado ha sido detenido por robo con fuerza en varias ocasiones.

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