África

Orango: La isla en la que reinan las mujeres

En el documental “Matriarcados” de la antropóloga catalana Anna Boyé se explica el funcionamiento de la etnia “bijagó” en la que el hombre toma un papel secundario en la sociedad.

ORANGO ISLAND, GUINEA BISSAU - MAY 3, 2017: Unidentified local people stand in the Etigoca village.  People in G.
ORANGO ISLAND, GUINEA BISSAU - MAY 3, 2017: Unidentified local people stand in the Etigoca village. People in G. FOTO: ANTON IVANOV

Guinea Bissau es un país ubicado en África Occidental, a no muchos kilómetros de sus costas se encuentra el Archipiélago Bijagós, formado por más de 80 islas, de las cuales solo 23 están habitadas. Entre todas ellas se encuentra la Isla de Orango, que destaca sobre el resto. Esta antigua colonia que perteneció al Imperio Portugués se muestra a simple vista como una sociedad similar a las demás de la zona: nadie tiene acceso a luz ni agua corriente y viven en chozas armadas de barro y paja.

El gran rasgo que les caracteriza es que la mujer desempeña un papel protagonista en todas las facetas del día a día. Es ella la que organiza el trabajo y gestiona la economía. También dirigen y constituyen la ley, convirtiéndose en una autoridad maternal reconocida por todos que estructura y aconseja a su pueblo. Según sus creencias, el primer humano fue una mujer que tuvo cuatro hijas, de las cuales nacen los cuatro clanes que forman la sociedad bijagó.

Una madre y su hijo en la Isla de Orango
Una madre y su hijo en la Isla de Orango FOTO: Tiago Lopes Fernandez

En la obra “En el reino de los Bijagos” del antropólogo alemán Hugo Adolf Bernatzik se explica en primera persona la manera tan sorprendente en la que se relacionan. Por ejemplo, cuenta que es la mujer la encargada de escoger a su marido mediante un curioso ritual: ella deposita un plato de arroz delante de la casa del hombre elegido, si él acepta a comerse lo ofrecido se marchan a vivir a la choza que ella construirá consumándose así el enlace entre ambos.

Por otro lado, en el documental se muestra la concepción del adulterio, una completamente contraria a la que entendemos en occidente. Algunas de ellas tienen amantes a sabiendas de sus maridos, los cuales no se atreven a tener encuentros con otras mujeres por miedo a que ella ponga fin a su matrimonio y le obligue a marcharse.

Este comportamiento puede verse justificado por alguna de las conclusiones a las que llegó la antropóloga catalana: ”Los hombres son considerados como niños a los que hay que proteger". Y añade: “Allí a todas les gusta ser mujeres y jamás se someterían a sus maridos pues ellas no temen a ningún animal salvaje y tampoco venenoso”.

Respecto al mundo de la caza y pesca son los varones los encargados de llevarla a cabo, pero bajo la presión de sus mujeres. Tanto es así que “Neto” un joven de la tribu afirma que hay que conseguir buena pesca porque si no ellas se enfadan y agarran sus testículos hasta perder la energía.

A día de hoy, esta peculiar tribu contrasta con el rumbo que tomaron desde sus inicios varias civilizaciones en diferentes puntos del globo, en la que la mujer tomó un papel secundario, renegada de la vida política y manteniendo una relación de dependencia hacia su esposo. A ojos de Luigi Scantamburlo, el autor del diccionario de la lengua que se habla en el país africano, fueron las sociedades matriarcales africanas las que han ido evolucionando hasta el patriarcado debido a la civilización. En consecuencia, es la ubicación hermética en la que se sitúa esta tribu la que le ha permitido mantener estos ideales que se mantienen en pie, justo en las antípodas del resto