“El cielo se tiñó de rojo y se llenó de ovnis”

Los vecinos de Tarragona viven con consternación el accidente y salen a la calle para pedir más seguridad

José, Paola y Francis miran con incredulidad el agujero de la placa que voló del reactor, a 3 km. Impactó contra el edificio y  derrumbó el suelo del 3º que cayó y mató a  Sergio Millán, vecino del 2º
José, Paola y Francis miran con incredulidad el agujero de la placa que voló del reactor, a 3 km. Impactó contra el edificio y derrumbó el suelo del 3º que cayó y mató a Sergio Millán, vecino del 2ºMiquel GonzalezMiquel González / Shooting

Montse Espanyol- tarragona

Como cada tarde al salir de clase, el martes, Aitor, Joel y sus amigos estaban jugando un partido de fútbol en el patio del instituto Joan XXIII, en el barrio de Buenavista, cuando el fuerte zumbido de una turbina les empujo a mirar el cielo. Lo que vieron después parecía el apocalipsis. «Apareció una enorme bola de fuego sobre la petroquímica de Tarragona y el cielo se tiñó de rojo», cuenta Aitor. «Luego escuchamos una gran explosión», sigue Joel. Su descripción de los hechos es desordenada porque como cuenta Joel, la velocidad de la luz es más rápida que la del sonido e igual que sucede con los truenos, calculando que la petroquímica está a 1 Km, el estruendo llegó 3 segundos tras la explosión.

Antes de oír el «petardazo», Joel ya había cogido la bicicleta y volado hacia casa, en el número 3 de la calle 1. Buenavista es un barrio obrero, construido sobre un montículo que como avanza su nombre tiene «buenas vistas»… sobre la petroquímica, el mar y más al sur, la silueta del Dragon Khan. Emoción al cuadrado.

Joel temía por sus hermanas, Aitana y Judith, de 11 y 7 años, que estaban en casa con su madre, Paqui. Pero en la puerta, una placa de aluminio del reactor que voló literalmente por los aires, cayó entre su bicicleta y un coche. «Caía lentamente, como mecida por el viento, la cogí y la aparté para que ningún coche chocara», cuenta. Al lado de su casa, en «Cuines i Fusteria Tarragona», impactaron objetos más contundentes y rompieron toda la cristalera. «No hemos podido abrir», lamentaba su propietaria.

Ayer, Joel enseñaba a Aitor el trozo de aluminio. Y Aitor le contaba la increíble historia que vivió al llegar a casa. «Si no lo ves, no lo crees, nano», dijo. Tras la explosión, Aitor se resguardó con los profesores en un pabellón. Pero al poco tiempo buscó algún vecino que lo llevar a casa. «Yo soy de Torreforta», dice. El barrio está a 3 Km de la fábrica donde hubo la explosión, Iqoxe. Hasta allí voló la tapa del tanque reactor. «Pasó girando como las hélices de un helicóptero, a 20 metros sobre nosotros», cuenta José. Estaba con su nieto Derek, de 10 años. La placa perdió altura voló entre edificios hasta impactar contra el tercer piso del número 7 de la plaza García Lorca. Aterrizó sobre el suelo del comedor, que cedió y cayó sobre Sergio Millán, el vecino del segundo- Falleció en el acto. Su mujer acababa de bajar a buscar a una de sus hijas. Ayer los vecinos miraban el agujero incrédulos. Y en el centro de Tarragona, se manifestaron para pedir seguridad y transparencia.