La OMS eleva el riesgo de infección

Fallece la primera persona en Pekín por el coronavirus

Trabajador médico con mascarilla y gafas protectoras para evitar el contagio del coronavirus
Trabajador médico con mascarilla y gafas protectoras para evitar el contagio del coronavirusAP

A toda prisa. Así es como avanza el nuevo coronavirus que ya ha acabado con la vida de más de 80 personas en China, a las que se suma la primera victima mortal en Pekín, e infectado a casi 3.000 en todo el mundo. Si el domingo por la noche los muertos ascendían a poco más del medio centenar, el lunes por la mañana aumentaban en una treintena, unos datos que dan argumentos a aquellos que aventuran que lo peor está todavía por llegar. Ayer mismo, un estudio de la universidad de Hong Kong avanzó que en un plazo de una semana el número de casos de infectados en Wuhan podría llegar a los 44.000.

Gabriel Leung, investigador principal y decano de la facultad de medicina de la Universidad de Hong Kong, explicó que su equipo había estimado que ahora mismo habría en Wuhan 25.630 pacientes con síntomas. La cifra, según indicó, podría doblarse para el sábado. Sobre todo, después de que las autoridades chinas confirmaran que el patógeno se puede transmitir en el periodo de incubación –de uno a quince días– en el que el afectado no presenta síntomas.

En Wuhan, ciudad donde se originó el brote, más de 30.000 personas permanecen bajo observación y se estima que 5.794 de ellas podrían estar infectadas. Además, las autoridades comunistas han reconocido que la información del virus es «limitada» y todavía queda por ver qué sucede en el resto del país, adonde han regresado millones de emigrantes durante las vacaciones del Año Nuevo Lunar. No obstante, el grueso de los casos se concentra en la provincia de Hubei, hasta donde ayer se desplazó el primer ministro, Li Keqiang, después de que el fin de semana el Partido Comunista tomara las riendas de una situación que ha puesto en cuarentena a casi 50 millones de personas en diferentes localidades de China. El mandatario, ahora al frente del equipo que gestiona la crisis, visitó varios hospitales en Wuhan y supervisó las tareas de control y prevención. Además, avanzó que en los próximos días llegaría un refuerzo de 2.000 enfermeras, que se unirán a los otros 1.800 sanitarios ya desplazados, y nuevas remesas de material médico, como las mascarillas o los trajes de protección que tanto habían escaseado.

Desde que se cerraran los accesos a la ciudad, los médicos no han dado abasto y los hospitales se han visto sobrepasados. La respuesta de las autoridades ha sido muy criticada por los ciudadanos, que escribieron en las redes sociales chinas su descontento con la situación. Al bloqueo de la ciudad le siguió una situación de pánico y desabastecimiento en muchos comercios y, mientras las calles se vaciaban, en los pasillos de los hospitales no cabía un alfiler. Por ello, aprovechando la visita de Li, el alcalde de esta ciudad de 11 millones de personas, Zhou Xianwang, admitió que la respuesta de su equipo ante los primeros signos del brote llegó tarde y mal. «Nuestros nombres vivirán en la infamia», dijo tras asumir su responsabilidad y ofrecer su dimisión.

Mientras, los países de alrededor extreman las precauciones para frenar el contagio de un microorganismo que, aunque posee una tasa de mortalidad relativamente baja, se puede llegar a transmitir por contacto físico y aéreo. Mongolia anunció ayer que cerraría los puestos fronterizos con China y cancelaría las clases, y Kazajistán decidió suspender la concesión de visados de tránsito a los ciudadanos del gigante asiático. Y no es de extrañar después de que el coronavirus se haya extendido hasta a una docena de países de los cuatro continentes, y que la OMS, en un reciente comunicado, haya declarado que por un «defecto de formulación», se eleva el riesgo de «moderado» a «alto» a escala mundial del coronavirus. Pese a ello, la organización se ratifica en la decisión de no declarar la emergencia mundial.

Países como Estados Unidos, Japón o Francia, han decidido sacar a sus ciudadanos que permanecen bloqueados en Wuhan y han entablado conversaciones con Pekín. A ellos, se sumó ayer España.