“He atendido a 30 personas de Wuhan”

El empleado de un “outlet” de lujo de madrid relata la psicopis que se vive entre los empleados, que trabajan con una clientela fundamentalmente asiática

En las Rozas Village, el «outlet» de lujo de Madrid, se respira un ambiente raro. En estas fechas, aquello sería un hervidero de compradores chinos dispuestos a desembolsar grandes cantidades de dinero en las firmas de moda, aprovechando las vacaciones por su Año Nuevo. Los asiáticos suponen el 50% de la clientela de este centro comercial, pero el coronavirus ha provocado un descenso, que algunos encargados de tienda sitúan en torno al 40%. No solo llegan menos chinos debido a las restricciones de movimiento impuestas por el Gobierno de Xi Jinping para contener el virus; también los propios españoles muestran más reticencias a la hora de comprar en Las Rozas Village. Quizá porque entre los empleados se vive una calma tensa por el temor a un improbable contagio.

En Gucci, todos los dependientes llevan mascarilla, que la propia empresa ha distribuido. Aunque el gerente asegura que su uso es opcional, todos han optado por llevarla. Lo mismo ocurre en Prada y Burberry. Entre los dependientes de las firmas de lujo corría el rumor de que Loewe las había prohibido para no generar rechazo a los posibles compradores, pero en su «outlet» de Las Rozas, aseguran que tienen una caja de mascarillas en el almacén. «Las hemos comprado nosotros y la empresa nos las ha pagado, pero de momento nadie se la ha querido poner», aclara un trabajador.

En todo caso, las grandes casas de la moda han querido protegerse las espaldas ante la psicosis generada por el coronavirus. Han enviado «guidelines» a los «manager» de tienda pidiéndoles que extremen las medidas higiénicas, que se laven las manos frecuentemente con antiséptico y que mantengan un espacio de seguridad con el cliente. En el Jimmy Choo de Las Rozas Village, sus empleados incluso llevarán a partir de ahora guantes de algodón.

Aunque en España todavía no se ha confirmado ningún caso de coronavirus, en este centro comercial existe cierto temor, sobre todo entre los que trabajan en caja: «Cada día pasan por mis manos decenas de pasaportes y puedo ver la procedencia de mis clientes. He atendido a más de 30 personas procedentes de Wuhan que salieron de la ciudad antes de la cuarentena. Cuando supe del primero empecé a ponerme la mascarilla», admite una de ellas. Aunque el nivel de alarma varía mucho, los jefes admiten que no les preocupa tanto un posible contagio sino «la caída de las ventas». «Está siendo un desastre», admite uno de ellos.