China admite deficiencias en su primera respuesta al brote del coronavirus

Se ha acusado al gobierno de minimizar la gravedad del coronavirus y de haberlo mantenido en secreto en sus inicios

Pekín sigue dando pasos de gigante para contener el nuevo coronavirus que tiene a medio país todavía paralizado. En el plano político, China admitió ayer que había habido «deficiencias» en su primera respuesta al brote y urgió a una mejora en el sistema de emergencias del país. Mientras, continuaba la batalla a pie de campo.

En la ciudad de Yichang, situada en la provincia de Hubei donde se originó este virus mortal, los camiones circulaban por las calles en fila india fumigando con desinfectante toda la ciudad para contener la propagación de un patógeno que ya se ha cobrado la vida de 426 personas, «En respuesta a las deficiencias y dificultades... debemos mejorar nuestro sistema nacional de gestión de emergencias y mejorar nuestras habilidades para manejar tareas urgentes y peligrosas», reconocía un informe del Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista chino (PCCh), uno de los órganos de mayor relevancia en el país.

Su declaración venía precedida por las múltiples críticas y acusaciones a las autoridades de minimizar la gravedad del virus al comienzo de la infección e, incluso, de mantener en secreto las noticias sobre él. Entre ellas, la de tratar de silenciar a un médico de Wuhan que trató de advertir del brote a sus compañeros a finales del año pasado y a quien la policía acusó de mentir. El informe también hacía referencia a las lonjas de vida silvestre donde, debido a las condiciones higiénicas y sanitarias, se originó esta infección. «Es necesario endurecer las inspecciones de los mercados y tomar severas medidas contra ellos y el comercio ilegal de vida silvestre», apuntaba.

Desde que en enero las autoridades tomaron las riendas de la situación y pusieron en cuarentena a casi 50 millones de personas, no han cesado las medidas para frenar la propagación de un virus que avanza imparable. Los últimos datos mostraban que, además de incrementarse las muertes en 65 de un día para otro, el número de casos confirmados llegaba a los 20.530, con 3.294 más que el día anterior.

No obstante, ya se han recuperado 718 personas, 243 más que el lunes, lo que indica que la tasa de mortalidad del 2019-nCoV es de un 2%, un ratio que se espera se reduzca a medida que se implementan tratamientos más adecuados. Al menos eso es lo que anunció la Comisión Nacional de Salud (CNS), cuya subdirectora Jiao Yahui, explicó que más del 80% de los fallecidos tenían más de 60 años y alrededor de un 75% contaba con otro problema de salud añadido.Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aclaró que, pese a la rápida propagación de la transmisión en Hubei, no estamos ante una pandemia global sino «en una fase de epidemia con múltiples focos».

Aún así, el miedo a infectarse ha hecho que además de en las provincias más afectadas, las calles de Shanghái y su metro luzcan vacíos. Eso, sin dejar de lado la persecución que muchos de los originarios de Wuhan están viviendo al regreso a sus lugares de trabajo por parte de sus compatriotas, con vídeos en los que se puede ver cómo arremeten físicamente contra ellos por no reportar a la Policía su llegada o les cortan el agua de sus casas para que tengan mayores dificultades.

Mientras, en Wuhan los centros médicos continúan saturados y escasea el material sanitario pese a que las factorías del país se encuentran ya al 60% de su capacidad. Allí, además de la puesta en marcha el lunes del primer hospital construido a contrarreloj para dar cobijo a nuevos pacientes y a la espera de que mañana se finalice el segundo, el gobierno planea convertir un gimnasio, un centro de exposiciones y un complejo cultural en otras tres clínicas temporales