Un día del padre en el encierro

Ni corbatas ni perfumes ni relojes. El Covid-19 se lo llevó por delante. Habrá que esperar al próximo año. Hacer de la necesidad virtud y saber que el cariño de los suyos es el mejor regalo para un padre

Este 19 de marzo en España es muy diferente a todos los demás. El Día del Padre en un confinamiento indefinido provocado por el coronavirus. En cualquier caso, de puertas para dentro de los hogares, es una ocasión para poner en valor el papel de los progenitores. La celebración surgió en nuestro país en 1948 a partir de una propuesta realizada por una maestra de Vallecas, Manuela Vicente Ferrero, quien, como con el Día de la Madre, también decidió que los hombres con familia merecían una fecha señalada. Habitualmente, era el instante de tener un pequeño detalle con ellos, pero la pandemia lo ha puesto auténticamente complicado. Los regalos materiales tendrán que esperar, porque el cierre de los comercios y la clausura en los domicilios no dejan otra salida. En otro tiempo, que seguro volverá, pero que cada día nos parece más lejano, los españoles gastábamos de 20 a 50 euros en el regalo. Solo un 4% de la población dedicaba más de 100 euros en el presente. Pese a todo, y según varias encuestas, el 24% de los padres españoles ha confesado que el regalo que recibieron en su fecha señalada el año pasado no fue el mejor de sus vidas. Igual, las circunstancias de este año ayudarán a ponerlo todo en perspectiva. Hace unos meses, las corbatas, los relojes y los perfumes se habían pasado de moda. Hoy, a muchos de nosotros nos alegraría el encierro. Y si fuéramos un poco más allá, sin las ataduras de ese materialismo tan de estos tiempos, podríamos aprovechar para sencillamente regalar cariño y consideración a aquellos que nos han protegido y amparado frente a cualquier adversidad. Ese abrazo en la cercanía del hogar o en la distancia a quienes, como también las madres, han sido y son capaces de entregarlo todo para poner a salvo a su familia. Hoy, en estos infaustas horas en las que la muerte pretende campar a sus anchas en nuestras ciudades, los padres se erigen aún como parapetos que reconfortan y proporcionan seguridad. No lo olvidemos jamás. La memoria y el amor son, sin duda, el gran presente que merecen.