«Solve et coagula»

Imagen del virus SARS-COV-2
Imagen del virus SARS-COV-2Instituto Nacional de Alergia y EFE

Este lema alquimista –«disolver y coagular»– es tan antiguo como la misma técnica, consistente en fundir –disolver– metales, para obtener una nueva aleación. De esa transformación que elimina la materia preexistente para crear una nueva, se dio el salto a la interpretación de la transmutación personal: una persona mejor exigía la destrucción de la anterior.

En lo espiritual, a este proceso se le conoce como «conversión»: el cambio del «hombre viejo» en «hombre nuevo». Para los satanistas, el principio solve et coagula también expresa la idea de que todo proceso de cambio profundo, personal o social, requiere de la complementaria dicotomía «deconstrucción-construcción», pues es preciso destruir el previo orden natural para constituir el suyo nuevo.

El coronavirus parece representar una ocasión magnífica para impulsar un cambio de rasante en la historia de una humanidad en tránsito hacia una ignota «nueva normalidad» e inmersa en un «nuevo orden». Ya existen «alquimistas sociales y políticos» que –emulando a sus antecesores medievales– encuentran en la ideología de género, la herramienta idónea para la destrucción del hombre, de la familia y de la sociedad, a fin de construir un hombre nuevo en un mundo nuevo, con nuevo orden y nueva normalidad.

También buscan el elixir de la inmortalidad y la piedra filosofal para ese nuevo hombre, con enormes recursos de grandes corporaciones científicas y tecnológicas de Silicon Valley. Ese hombre nuevo ya lo buscó Mao Tse Tung, pero ahora va más en serio.