Animales en centros de acogida, un confinamiento interminable

Las adopciones de mascotas disminuyeron un 40% durante el Estado de Alarma, según una encuesta realizada a 103 protectoras por la Fundación Affinity

¿Cómo ha afectado el confinamiento a nuestras mascotas? ¿Y a aquellas que viven en centros de acogida? ¿Qué consecuencias ha tenido el estado de alarma para las protectoras de animales? El número de adopciones o abandonos, ¿cómo ha variado? Estas cuestiones las pretende resolver una investigación realizada desde la Fundación Affinity y la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En el estudio «queríamos tener un retrato de cómo las entidades de protección de animales estaban viviendo el confinamiento», explica a LA RAZÓN Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity. Para ello, han participado 103 entidades, a las que «les hemos hecho una encuesta para evaluar los parámetros más relevantes para el funcionamiento de una protectora». Por ejemplo, «cuántos animales entran por la puerta, tanto abandonados como perdidos, cuál es el número de salidas o adopciones y qué ayudas han recibido», expresa Fatjó, destacando que la investigación se ha centrado en la época de confinamiento.

Una de las conclusiones principales del estudio es que la crisis del Covid-19 ha disminuido las solicitudes de adopción de animales de compañía: el 40% de las protectoras lo confirman, tanto para perros como para gatos. En contraposición, solo el 22% –en el caso de perros– y el 13% –de gatos– han visto aumentar las peticiones de adopción. «La gente en estos momentos tan duros lo último que piensa es en adoptar», opina Fatjó, aunque sí añade que hay ciertos centros «que han visto aumentar peticiones de acogida temporal». 

Semáforos en rojo

¿Cómo afecta este cambio tanto a animales como a trabajadores? Por una parte, teniendo en cuenta que el tiempo medio que perros y gatos pasan en una protectora son 8 meses, este periodo podría aumentar. Por ello, «hemos lanzado la campaña “8 meses más confinados”, para que la gente, ahora que ha estado confinada, piense en que ellos lo siguen estando, buscamos una reacción para traducirla en acción», apunta el licenciado y doctor en Veterinaria. Esta iniciativa, en función del perfil del solicitante, ofrece diferentes opciones para ayudar a las protectoras. La Fundación busca que «estos semáforos en rojo que hemos detectado, se puedan, no poner en verde, pero sí compensar». Explica Fatjó que las ayudas que principalmente favorecen a los centros de acogida de animales «son las donaciones, ya sean de tipo económico o materiales, como puede ser comida, collares o correas». Asimismo, apunta un eslabón importante: el voluntariado. «Trabajar en un refugio es una tarea, como muchas humanitarias, importantísima, supone una gran satisfacción para quien lo hace, pero también es una carga importante», asegura, «porque hay gente que sufre, o animales que sufren». Por ello, cualquier gesto es válido si el objetivo es el de reducir lo máximo posible la cuarentena aparentemente interminable de perros y gatos.

Sin embargo, insiste en que «las protectoras son muy heterogéneas, no todas necesitan la misma ayuda», por lo que Affinity pone la realidad encima de la mesa, «facilitando que se produzca una conexión entre personas y empleados». La presión en las entidades protectoras ha aumentado. Según el estudio, la falta de voluntarios, el descenso de sus ingresos –debido, entre otros motivos, a la bajada de las donaciones y la imposibilidad de organizar eventos y actividades recaudatorias durante el confinamiento–, y de donaciones de alimentos las ha dejado en una situación muy vulnerable. Por ello, Affinity no duda en recordar que «el 74% de las personas que conviven con un animal de compañía aseguran que éstos les han ayudado a pasar mejor el confinamiento». En esta línea, ahora es el momento de que sean las personas quienes hagan del confinamiento de los animales, algo pasajero.

Un verano atípico

En esta crisis sin precedentes y con el verano pisándonos los talones, explica Jaume Fatjó que «no sabemos qué situación nos vamos a encontrar». Apunta que «el abandono es menos estacional de lo que se piensa, sí es verdad que las adopciones se disminuyen en julio y agosto porque la gente está de vacaciones, pero es un año tan atípico que no me atrevería a decir qué va a ocurrir».