Adicciones clausuradas

El confinamiento ha propiciado pocas, muy pocas alegrías e incluso variables positivas. De hecho, son meses que vinculamos a un regresión del bienestar. De lo poco que hay que celebrar es que el consumo de drogas bajó sustancialmente

José Luis Montoro

La drogadicción es otro tipo de cáncer, en este caso, no sólo físico e individual, sino familiar y social. Su impacto sobre los directos afectados es desgarrador, pero sobre su entorno, sobre la convivencia en ámbitos familiares o laborales, provoca estragos fatales. Desde hace décadas, las sociedades más avanzadas han tomado el combate de estas y otras adicciones como una prioridad pues su afectación emocional, sanitaria, económica, delictiva, psicológica lo había convertido en una amenaza seria para el bienestar de la ciudadanía y la salud pública. Se han invertido estos años y se dedican hoy ingentes cantidades de dinero en campañas y programas de prevención, educación y rehabilitación y se han conseguido avances, tal vez menos de los necesarios, pero más de los que cabría esperar, por ejemplo, a finales del pasado siglo.

Es, por tanto, una lucha mundial que no caduca ni decae, pues las poderosas redes del narcotráfico se mantienen desafiantes al servicio de su negocio multimillonario. Por eso, cada progreso en este campo por menor que resulte, más allá de la coyuntura y las circunstancias que lo rodeen, debe ser celebrado. El coronavirus ha sido y es una plaga devastadora para el mundo, pero el enclaustramiento que le sobrevino se convirtió en una traba para el consumo de sustancias ilegales. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Adicciones promovió un estudio sobre el impacto de la pandemia en la conducta de los adictos habituales.

En el caso de España, siete de cada diez participantes (71,9%) en el sondeo cesaron o redujeron la frecuencia o la cantidad en las tomas de productos psicoactivos, mientras que el 16,3% de ellos continuaron con su pauta y tan solo el 11,9% aumentó su dependencia. Es significativo por su relevancia que el 48,6% dejaron por completo las drogas durante estos meses. Las razones esgrimidas de ese novedoso comportamiento fueron la menor disponibilidad para adquirir drogas, tener menos oportunidades para consumir, la preocupación por los efectos en la salud y, a mucha distancia, las razones económicas. Otra cosa es que la clausura haya sido solo un punto y seguido que no final.