El síndrome de la rana hervida (II)

La RazónLa Razón

Muy conocido es este síndrome, que toma su nombre de la rana que saltaría inmediatamente si la introdujeran en un cazo lleno de agua en ebullición; pero que moriría adormecida, aletargada y sin capacidad de reacción si, por el contrario, se incrementara gradualmente la temperatura del agua con el batracio en su interior.

Esta analogía se utiliza también para comparar nuestra respuesta —individual y colectiva— ante determinadas acciones que, planteadas bruscamente, generan oposición y rechazo, pero que programadas y adoptadas a dosis graduales, son aceptadas por el individuo o la sociedad sin apenas reacción. Los expertos en «ingeniería social» conocen muy bien esta técnica para conseguir cambios profundos en hábitos de conducta a escala comunitaria, facilitados hoy en día con las avanzadas tecnologías de la información y comunicación.

No parece anormal realizar —cuando menos—una reflexión crítica acerca de si no estaremos siendo sometidos a un gigantesco y global ensayo o proyecto psicosociológico, tendente a habituarnos a una «ignota nueva normalidad» decidida por «alguien» desconocido, como ya Orwell describiera muy bien en 1984. Realidad inédita esta, en la que si te adentras con criterio propio, te arriesgas a ser excluido socialmente por los inquisidores de esa «novedosa» existencia.

Los Torquemadas modernos de este desconocido mundo ya han hecho suyo nada menos que el «negacionismo» para asimilar a filonazis a todo el que ose ejercer el derecho a pensar y tener dudas respecto al dogma oficial. Nada nuevo bajo el sol.