La hija de Ángel, el paciente que estuvo 158 días en la UCI por Covid: «Lo peor, la angustia al recibir las llamadas del hospital»

Su nueva vida tras la Covid. Pasa a planta tras ser el paciente que más tiempo ha estado ingresado en la UCI del Gregorio Marañón

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Ángel podrá contar a sus nietos que España vivió una de las peores crisis sanitarias desde la gripe española. Lo podrá contar en presente y con un testimonio propio. Quien mejor que un abuelo para proteger a sus seres queridos de la segunda oleada del virus, para alertarles de los peligros de que acudan a grandes concentraciones de gente o simplemente para insistirles que al salir de casa hay que proveerse de mascarilla y gel. Qué mejor ejemplo que el de Ángel, que ha pasado 158 días en la UCI tras ser diagnosticado por coronavirus para que en nuestra vida impere la prudencia cuando salgamos a la calle. Han sido sus nietos, de hecho, su mayor apoyo, por quienes se ha agarrado a la vida y ha vuelto a ella, según relata a LA RAZÓN su hija Cristina. «Tiene cuatro nietos, nos pedía continuamente que le enseñáramos fotos o que le hiciéramos videollamadas para verlos», recuerda aún emocionada.

Ángel Rodríguez de Guzmán llegó al Hospital Gregorio Marañón el 17 de marzo, apenas dos días después de que el Gobierno decretara el estado de alarma ante el avance imparable del virus. En 48 horas tuvo que ser trasladado a una UCI satélite. Su positivo en coronavirus se le complicó con una neumonía bilateral que le provocó un estado crítico, lo que le hizo depender para salir adelante de ventilación mecánica y traqueostomía y sedación profunda.

En esos cinco meses ha tenido en máxima alerta a los médicos y a sus familiares, que no se han despegado del teléfono, el vehículo por el que día tras día –hasta hace un mes– oían de boca de los médicos que la situación de Ángel seguía siendo grave. Entonces, sus hijos y su madre se repetían internamente: «mientras haya vida, hay que luchar», relata Cristina Rodríguez, que recuerda que lo peor de todo era estar enganchada 24 horas al móvil y «la angustia al recibir las llamadas».

Durante este tiempo, el miedo de los médicos no solo era la posibilidad del deceso, sino la de que el paciente se pasara toda la vida dependiendo de una máquina para vivir, explica su hija. Todavía está conmovida al recordar la llamada del hospital cuando le dijeron que Ángel pasaba a planta. Cuatro meses desde que el 24 de abril pensaran que le perdían. «Él no era consciente de nada y cuando yo le decía que estaba mejor, me miraba como diciendo «si tú lo crees....». En estos 158 días de incertidumbre su familia mantenía viva la llama de la esperanza, pues, recuerda «es un luchador, «hace cinco años ya estuvo en el mismo hospital en una operación a corazón abierto». Pero también había momentos para el derrumbe: «llegamos a pensar incluso que para que viviera así era mejor que se acabara. En esos momentos se te pasa de todo por la cabeza», dice.

Sus enfermeras también avalan su afán de superación. Cuentan que están muy contentas con su pronóstico y que a partir de ahora –al pasar a planta– «le echarán mucho de menos». «Ver cómo evoluciona, la forma tan buena, nos ayuda a seguir trabajando. Es fuerte como una roca», recalca.

De su caso también habla el doctor Alexis Jaspe, médico de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Gregorio Marañón. Reconoce que el pronóstico no era bueno, debido a las complicaciones que se fueron encontrando, unido al deterioro clínico. «Su caso era particular, muchos de los pacientes no terminan en la situación tan buena que ahora tiene Ángel, incluso es complicado para gente joven», asegura.

El camino que se le abre ahora a Ángel en planta, no será fácil, precisa. «Le queda mucho camino. Le toca poner de su parte. Ha ganado una batalla, pero todavía no ha vencido a la guerra». Para lograrlo tiene detrás a un gran equipo médico de internistas, neurólogos, rehabilitadores, cardiólogos, psicólogos, neurólogos, enfermeras, celadores, limpiadoras...