Los fondos covid para las universidades, bloqueados

Los rectores piden a Castells una norma que les deje gastar los 400 millones del fondo sin tener que esperar un año. Sanidad recomienda que los alumnos lleven mascarilla

Los rectores de las universidades están preocupados porque van a recibir 400 millones de euros este mes de septiembre, a través de sus comunidades autónomas, para paliar el impacto del Covid-19 en la educación superior y puede que ese dinero no lleguen a gastarlo este año, por mucho que quieran.Y es que la Ley de Contratos del Estado, a la que deben someterse, supone tal burocracia para cualquier gasto superior al millón de euros que, al menos, se necesitarían nueve meses, como mínimo, para concluir el proceso de cualquier gasto que quisieran realizar.

Así, las universidades se sienten maniatadas para abordar las mejoras que necesitan emprender y que tienen que ver, sobre todo, con la digitalización de la educación. «Los pasos para licitar un contrato público hacen inviable que podamos gastar el dinero que nos den. Es poco y, si encima no lo podemos gastar...», se lamenta un rector. Este es precisamente uno de los asuntos que más preocupa a los rectores y que expondrán en la reunión que mantendrán el próximo día 3 de septiembre con el ministro de Universidades, Manuel Castells. Por eso, pedirán al ministro «un paraguas legal» que permita a las universidades tener capacidad de gasto y no estar ahogadas, ya que muchas de ellas han tenido que adelantar de sus propios fondos el dinero para hacer frente a los cambios que se van a introducir.

Asimismo, el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), José Carlos Gómez Villamandos, espera plantear al titular de Universidades que el reparto de los 400 millones de los fondos Covid se haga en función del número de alumnos que tenga cada universidad.

De momento, hoy se celebra una reunión de la Comisión Delegada de la Conferencia General de Política Universitaria, en la que también participan las autonomías y el objetivo de «asegurar una buena coordinación del inicio de curso», dicen desde el Ministerio.

Las universidades se han ido organizando por su cuenta, en muchas autonomías de manera coordinada, como Madrid y Andalucía, siguiendo las recomendaciones sanitarias y las pautas básicas acordadas porque, lo cierto es que el ministro Castells no se ha reunido con las Comunidades autónomas desde el 7 de mayo.

Sanidad ha remitido hace escasos días las últimas recomendaciones, que vienen a ser similares a las de junio, solo que con algunas actualizaciones, como es el hecho de que ahora se recomienda que los estudiantes lleven mascarilla en todas las instalaciones. En la reunión de hoy también se podrían acordar otras medidas coordinadas, como el límite de alumnos que podría tener un aula. Las universidad ya están preparadas para un curso «híbrido» que combine la educación a distancia con la presencial, pero los rectores ya se plantean dar más peso a la docencia virtual en aquellas comunidades autónomas en las que la situación epidemiológica sea peor. Y más si se observa lo ocurrido en otras universidades, como la de Alabama (EE UU), donde en dos semanas de clases presenciales se han infectado más de 1.000 alumnos. En julio ya dejaron hechos sus planes para retomar la actividad académica en septiembre y ahora el curso empezará en la mayoría de ellas en la segunda mitad o finales de septiembre, más tarde de lo habitual dado que el estado de alarma provocó que la actividad académica concluyera después de lo previsto.

En cualquier caso, y a falta de los últimos ajustes, la educación universitaria este año será bimodal. Primará la educación presencial, pero también a distancia, si la situación lo requiere.

«Horarios deslizantes»

Se harán rotaciones de grupos y habrá aulas de doble presencialidad que permitan que mientras unos alumnos están en clase otros puedan seguir en ese instante las explicaciones desde su casa. Para organizar las prácticas, los rectores cuentan con algo más de margen ya que, en la medida de lo posible, se desarrollarán en la segunda mitad del curso. Madrid, por ejemplo, se plantea «horarios deslizantes» que permitan la incorporación progresiva de los estudiantes a las aulas, se extenderán las zonas Wifi en sus campus y las aulas tendrán un número máximo de estudiantes. Exámenes y evaluaciones finales se tratarán de hacer de manera presencial.

Otra de las ideas en las que se ha pensado es que haya equipos de docencia y asignaturas compartidas que permitan asegurar la enseñanza si un docente cae enfermo. No obstante, las universidades madrileñas están preparadas para pasar en un plazo de 72 horas de la enseñanza presencial a otra cien por cien online.

En concreto, la Universidad de Alcalá de Henares ya contaba con su plan de actuación en mayo pasado. Su idea es que «toda la actividad investigadora va a ser presencial, lo mismo que los másteres ya que, al tratarse de pocos alumnos, es posible mantener la distancia. Los alumnos irán con mascarilla y habrá 50 alumnos como máximo por aula. En definitiva, el 70% de la actividad será presencial», asegura el rector José Vicente Saz.