El mes en que todo cambió en Canarias

Aumento preocupante de casos. En dos semanas las hospitalizaciones se han quintuplicado, y ya hay 4.021 contagiados

Las Islas han sentido el golpe de la pandemia en pleno agosto. En los meses previos, Canarias solo notaba las consecuencias económicas de la bajada del turismo, la cancelación de vuelos y el cierre paulatino de los negocios. Pero como si toda esa desgracia fuera sobrevenida de otras regiones.

Pero llegó agosto. Las vacaciones, la movilidad y el relajamiento social. En tan solo un mes las islas han visto de cerca la verdadera cara de la crisis: la sanitaria. El aumento de personas contagiadas por COVID-19 en estos momentos ronda los 370 casos diarios, cuando durante el confinamiento hubo meses que no se contabilizaban más de 15.

El jefe de Epidemiología y Salud Pública de Canarias, Amós García Rojas, apunta a que «se pecó de optimismo en trasladar el mensaje y, en realidad, se transmitió una sensación de que ya habían pasado los momentos más duros de la pandemia».

La mayoría de los brotes se ubicaron en el ocio nocturno. Tres discotecas de Las Palmas de Gran Canaria sumaron más de un centenar de casos a principios de mes. Pero esos locales se cerraron hace dos semanas. Desde entonces el aumento ha seguido imparable. «En Canarias prácticamente no hay casos vinculados al turismo ni a la llegada de inmigrantes, el problema lo teníamos aquí y lo teníamos nosotros», subraya el especialista en Epidemiología. Ahora la transmisión se centra en las reuniones familiares y las convocadas de forma ilegal por jóvenes de entre 20 y 29 años. Y de la mano, un endurecimiento de las medidas decretadas este fin de semana por el Ejecutivo regional, que aún no se plantea el confinamiento por distritos.

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que actualmente registra 2.289 casos, no es el municipio turístico por excelencia de la isla, «pero sí el que geográficamente está más próximo a las zonas de ocio», añade. Además, los datos muestran otro aspecto que recuerdan a los contagios del sur de Madrid. Se están registrando en barrios populares, con alta densidad de población, de viviendas pequeñas y donde conviven muchas personas.

La evolución de la pandemia en Canarias es desigual. Al inicio de la crisis, Tenerife despuntaba con el mayor número de casos. Ahora la alarma se centra en Gran Canaria y Lanzarote, donde suman más de 500 casos por 100.000 habitantes los últimos 14 días.

Rastreadores desbordados

Miguel Ángel Ponce es neumólogo en el Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín. Él lo tiene claro. «En Canarias llegamos tarde, se tenía que haber minimizado el riesgo de contagios». Nos cuenta que el número de ingresos se ha quintuplicado en dos semanas y los contagios han crecido todavía más rápido en ésta que en la anterior. «Ya hay brotes que no están siendo controlados porque los rastreadores no dan abasto». Muchos médicos de atención primaria dividen sus consultas entre atender a sus pacientes normales y ejercer de rastreadores.

El también diputado y portavoz de Sanidad del Grupo Popular en el Parlamento de Canarias señala a LA RAZÓN que el error cometido por las islas fue dar el mensaje de que a la comunidad le había ido bien. «Entramos en la autocomplacencia», sostiene. «Nos estábamos comparando con el resto de regiones dentro de uno de los países que peor manejo estaba haciendo de la gestión de la covid. Así claro que salíamos bien parados en cuanto a número de fallecidos y de casos, pero respecto a países que son islas como Grecia, Japón o Islandia, Canarias estaba peor».

Ponce recuerda que el archipiélago fue la última región de España en aplicar con carácter obligatorio el uso de mascarilla en el espacio público, y es ahora cuando lo decreta también obligatorio dentro del entorno laboral. Además, los accesos y el aforo a las playas nunca han sido controlados. “Es evidente que el virus estaba entre los canarios, pero en niveles muy bajos, lo que lo agudizó fue la falta de control en los aeropuertos”, añade.