Confinamiento del delito

Estamos más seguros frente al delito en la pandemia. Es una paradoja que cuando más preocupación y miedo al contagio, la enfermedad y la muerte sentimos, la criminalidad no sea un referente central de la inquietud social

Se asegura con razón que nada es igual a como era antes de la llegada del coronavirus. Veremos si tras su retirada, gracias a un tratamientos o a una vacuna, el guion de la singladura social regresa al cauce desbordado y perdido durante el contagio. Y que la vida se ha volteado con la facilidad del que lo hace con una tortilla lo prueba la evolución de los delitos. Las actividades fuera o contrarias a la convivencia pacífica son tan vetustas como el propio ser humano. Las ovejas negras son parte del rebaño desde que el mundo es mundo, y, por mucho trauma y desconsuelo que provoquen, su evolución suele ser ascendente o al menos tendente a la estabilidad. Esa delgada línea roja, o no tan delgada, que delimita la Ley, se ha beneficiado de un cierto letargo de los delincuentes y con ella la seguridad de los españoles. El miedo a la enfermedad ha sido un disolvente y un repelente realmente eficaz para los criminales, que han padecido en sus actividades reprobables el influjo de un enemigo letal e indetectable. Según el portal estadístico de criminalidad elaborado por el Ministerio del Interior, en la primera mitad del año –los últimos datos disponibles– el total de infracciones penales descendió un 24,8 por ciento. O lo que es igual, nuestras calles se beneficiaron de una cuarta parte menos de delitos que en el mismo periodo del ejercicio anterior, lo que supone una mejoría excepcional, inducida por un tiempo y una amenaza igualmente extraordinarias. Prácticamente todos los tipos de delito experimentaron una bajada y los que crecieron, como los asesinatos en grado de tentativa o el tráfico de drogas, lo fueron en porcentajes insignificantes por debajo del dos por ciento. Los hurtos (-44,7 por ciento), las sustracciones de vehículos (-33,7), los robos con fuerza en domicilios (-31,9) y los robos con violencia e intimidación (-31,4) fueron las categorías que más se redujeron en este periodo. En cualquier caso, conviene no engañarse y bajar la guardia. El mal siempre llega disfrazado de bien. Ni los malhechores ni sus desmanes se han evaporado. Volverán.