Suicidio colectivo

El 10 de septiembre de cada año se conmemora el Día Internacional para la Prevención del Suicidio y, en España, el Gobierno lo hizo en el Congreso, donde se dio un paso decisivo para aprobar la eutanasia. No sé si esa coincidencia ha sido una «casualidad» o lo hicieron conscientemente, lo que hubiese sido recochineo.

En todo caso, deja en evidencia al Gobierno en un momento plagado de incertidumbres, y tras una epidemia que ha ocasionado la muerte –oculta y ocultada– de decenas de miles de personas mayores en las residencias y centros sociosanitarios donde vivían. Que no parece desearan la eutanasia.

Los expertos afirman que, para prevenir el suicidio, debemos hablar de él, y hacerlo con rigor y seriedad. Dadas las cifras que se conocen y que lo convierten en el mayor problema de salud pública en Europa, no debemos ocultarlo. Y en España sucede lo mismo, con 10 suicidios al día, triplicando la cifra de víctimas por accidentes de circulación al año.

Es inaplazable la aprobación de un Plan Nacional para su prevención, que fije una estrategia multidisciplinar dirigida a concienciar a la sociedad de esta dramática realidad, y la evite. Qué elocuente resulta que la aportación a ese plan del tándem Sánchez-Iglesias y sus aliados parlamentarios, sea la eutanasia. Un país que promueve políticas que limitan la natalidad y fomentan el «suicidio voluntario» de sus compatriotas, está perdido. Ha perdido el norte y va al suicidio colectivo.