Desbandada de funcionarios en el Ministerio de Sanidad

Cerca de 90 se han jubilado ya este año y otros 39 piden hacerlo ante el mal clima reinante y la tensión generada por la Covid-19. Decenas solicitan también el traslado a otro ministerio

El Ministerio de Sanidad se ha convertido en un auténtico polvorín. La división en tres operada operada por el Gobierno de Pedro Sánchez en este departamento el pasado mes de enero para dar cabida a otros dos ministerios de nuevo cuño –el de Consumo de Alberto Garzón y el de Derechos Sociales de Pablo Iglesias– y, sobre todo, la tensión generada en su interior por el avance incontenible de la pandemia de coronavirus en España están llevando al límite a numerosos funcionarios con amplia experiencia en la madrileña sede del Paseo del Prado.

En total, Sanidad, Consumo y Derechos Sociales contaban con una plantilla de 1.078 trabajadores. Se trata de una dotación muy envejecida en la que apenas 16 empleados tienen menos de 30 años. 284 tienen una edad que oscila entre los 30 y los 49 años, y 488 entre 50 y 59 años. Los tres ministerios que antes eran uno contabilizan también 255 trabajadores de entre 60 y 64 años y 36 que superan ya esa edad. Según ha podido saber LA RAZÓN, en lo que ha transcurrido del año se han jubilado ya 56 funcionarios y 33 trabajadores que mantenían una vinculación laboral originaria con Sanidad. La «sangría» de personal no se detiene, sin embargo, ahí. En estos momentos hay numerosas solicitudes cursadas para jubilarse entre el pasado martes, día 15 de septiembre, y el 31 de diciembre de este año.

En concreto, otros 16 funcionarios y 13 laborales podrían abandonar también los tres ministerios en los que se convirtió Sanidad a lo largo de este último trimestre de 2020. Se jubilarían, pues, 39 personas más, que sumados a los 89 del periodo transcurrido entre el 1 de enero y el 15 de septiembre arrojan un saldo de 128 bajas voluntarias. A estas cifras se suman también las peticiones de traslado a otros ministerios en comisión de servicio que han cursado numerosos funcionarios. El traslado sólo se materializa si hay plazas libres o se habilita alguna especial para ellos en los posibles destinos.

¿A qué se debe esta súbita oleada de «fugas» en el Ministerio que hasta el cambio de Gobierno capitaneaba María Luisa Carcedo y que luego se subdividió en tres para ser gestionado por Salvador Illa y los socios del PSOE en el Gobierno, Garzón e Iglesias? Fuentes no oficiales del Ministerio de Sanidad o atribuyen a la avanzada edad de muchos de los empleados y al mal ambiente reinante por la presión generada por la pandemia, lo que se acentuó a partir del mes de marzo, cuando el Covid-19 terminó de eclosionar.

Según las mismas fuentes, muchos de los funcionarios que han decidido jubilarse tenían menos de 65 años y se han acogido a la potestad abierta para los trabajadores de la Administración que les permite retirarse con la totalidad de su pensión a partir de los 60 años si llevan más de 40 años cotizados.

Muchos están consultado si existe posibilidad de retorno en el futuro, lo que da idea de que confían en que cambios en la cúpula que afecten a los altos cargos actuales puedan rebajar la «tensión», según las mismas fuentes, que comentan que las broncas y los malos modos son frecuentes, sobre todo tras estallar la crisis de la Covid-19.

En el mal ambiente imperante en el Paseo del Prado ha influido mucho también el acuerdo de intercambio de funcionarios establecido con la división, que permite, por ejemplo, que el Ministerio de Iglesias o el de Garzón puedan echar mano de empleados que habían permanecido siempre en Sanidad. La «voracidad» del vicepresidente del Gobierno a la hora de reclutarlos ha desatado irritación no sólo en muchos de los funcionarios trasladados, sino también en los que han permanecido a las órdenes de Illa y su equipo: la presión de la Covid-19 y la reducción de la plantilla les ha sobrecargado de trabajo.

Los ministerios que antes eran solo de Sanidad son, además, unos en los que los complementos específicos resultan más bajos de toda la administración del Estado. Paradójicamente, mientras merman las plantillas en Sanidad en medio de la mayor crisis sanitaria de los últimos cien años en España, la estructura del departamento que dirige Illa ha visto cómo se multiplican los asesores en diferentes unidades. Tal y como informó este periódico, sólo este Ministerio cuenta con 18, el doble, por ejemplo, que los funcionarios adscritos al centro que dirige Fernando Simón.

Seis de los asesores trabajan además en el gabinete del propio ministro. Diez de los 18 asesores son vocales asesores, todos ellos empleados públicos, y ocho son asesores a secas. La Secretaría General también disponía hasta junio de tres vocales asesores de nivel 30. Su ocupante, Faustino Blanco, salió del Ministerio en verano y fue sustituido por Silvia Calzón, con rango de secretaria de Estado. Las mismas fuentes aseguran que hay también numerosos funcionarios aparcados por los altos cargos que apenas hacen trabajo, lo que perjudica a los que no han caído en desgracia, que tienen que hacer por ello más trabajo.